"La sensación de lo imposible es un desafío interesante"
El artista plástico, diseñador y periodista Fidel Sclavo habló con El Observador de la muestra que inaugura en el Centro Cultural de España
El universo plástico de Fidel Sclavo es sutil, poético y misterioso. Su trabajo más reciente, poblado de un lenguaje dibujado que, en aparente desorden, habita en papeles calados y telas esgrafiadas, no solo insinúa una especie de escritura primaria sino también un bosque repleto de árboles vacíos donde confiesa haberse encontrado.
¿Cómo define los trabajos de esta muestra? Se lo pregunto porque, a primera vista, lo que se percibe es como un cruce de ideas… Es más, parecería haber un lenguaje más cercano a la escritura primaria, como la que realiza un niño, que un lenguaje plástico, ¿no?
Totalmente, coincido plenamente con tu visión. En esta muestra, en la totalidad de la obra, hay como dos juegos de escritura. Por un lado, hay un trabajo como más de grafía directa, con muchos rayados que son como esa especie de garabatos que hacemos en un cuaderno de anotaciones, que no son más que una mezcla entre dibujo y escritura. Eso está muy visible en las telas esgrafiadas. Sin duda la referencia más inmediata es ese cuaderno de anotaciones o bien ese juego escolar de pintar con crayolas y luego pasar un lápiz de punta seca haciendo rayones. Por otro lado, hay unos calados sobre papel que, en el fondo, también son una especie de escritura, algo que ahora vemos menos pero que antes funcionaba mucho en tarjetas de impuestos, en las que cada agujerito era un código que significaba algo. Allí, la información de la escritura está por ausencia.
El vacío como información… ¿en esto hay una lectura política o una crítica acerca de la saturación de mensajes?
Lo que sucede con esta idea es que a mí siempre me interesó la ausencia como generador de contenidos. Es decir, me parece más fácil o más obvio hablar de la saturación de mensajes en la calle; por eso siempre me interesó lo opuesto. Una pared vacía que tenés enfrente cuando estás en una sala de espera en apariencia no tiene nada, pero si la mirás desde otra perspectiva, en esa aparente nada empiezan a aparecer cosas. Un ejemplo más claro lo encontrás en una casa de electrodomésticos, donde ponen muchas pantallas de televisores con la misma imagen. A simple vista parecen todas iguales, no ves diferencias, salvo que te interese un televisor más que otro. Ahí te das cuenta que uno satura el rojo más que en otro. Cuando algo te interesa se amplía el rango, te das cuenta de que estás capacitado para ver más de lo que ves. En esta muestra, en la que hay una multiplicidad de rayados, podés ver solo una repetición de líneas o ver un árbol, una escalera y así más cosas. Si ecualizás tu visión podés fabricar tu propio paisaje eliminando un montón de líneas.
La conclusión entonces es que no existen dos imágenes iguales…
Exacto, es imposible repetir lo mismo en dos oportunidades. La misma comida, preparada con la misma receta, nunca te sale igual…
Pero esto trasladado a su obra, ¿no hay una intención o una búsqueda de lograr dos imágenes iguales?
Es un ejercicio que hago siempre, porque en esa imposibilidad de repetir algo, un tema que me apasiona, descubro un montón de cosas que desconocía. El aprendizaje pasa por allí. Es decir, en ese juego de tratar de hacer lo mismo surgen diferencias mínimas, matices mínimos, que disfruto mucho en descubrir. La sensación de lo imposible es un desafío interesante, porque allí surge la sorpresa, el azar, el error, disparadores para cosas nuevas que no pensaba que estaban y están.
Tanto la muestra como cada una de las obras no tienen título. ¿Se anima a definirla de algún modo?
Un posible título es El bosque perdido, porque veo muchos árboles en esta obra. Además, la idea de bosque me gusta porque juega un poco con lo que se perdió, lo que no está, lo que pasa con las cosas cuando las erosiona y carcome el tiempo. En el bosque uno pierde cosas, y el bosque en este caso puede ser el Tacuarembó lejano…
Se pierden cosas pero se encuentran otras…
Bueno, uno se termina encontrando en lo que perdió, ¿no es verdad?
En este sentido, en la realización de esta obra, metiéndose en este bosque, ¿siente que se encontró o todo lo contrario?
Me he encontrado más de lo que me he perdido. En esta obra, que muchas personas la sentirán hermética y antipática, el gesto plástico que hago es mucho más mínimo pero mucho más rico. Siento que en este trabajo estoy mucho más maduro, intenso, verdadero. Es como la diferencia de intentar seducir a alguien y estar con ese alguien. En el proceso de seducir intentás ser amable, después no, perdés amabilidad, no tratás de gustar. Esto último es lo que ahora puedo hacer, no otra cosa.