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La elección de la citricultura como sector estratégico del país no ha sido en vano y la noticia de la apertura del mercado de Estados Unidos para la fruta cítrica uruguaya se transformó días atrás en un hito. Según el asesor citrícola del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Federico Montes, el sector viene de un largo proceso de estancamiento y, más recientemente, de pérdidas importantes por adversidades climáticas. Sin embargo, está a la puerta de un despegue que puede ser definitivo. Montes accedió a repasar con El Observador Agropecuario el proceso que se inició en 2010 con el Plan Estratégico y los nuevos desafíos.

¿Qué valor tiene la citricultura para el país?

La pregunta sería: ¿por qué priorizar un rubro que exporta US$ 100 millones al año? Primero, cuando se mueve la citricultura se mueven los boliches, se mueve la cuentita de la almacenera, se mueve la economía. Además, la citricultura tiene un valor porque supo ir a conquistar mercados, no se los regaló nadie. Eso es propiedad genuina del sector citrícola, no hubo ningún regalo. La citricultura desarrolló el comercio.

Pero viene de un período de estancamiento, al menos de una década.

Sí, una década por lo menos de estancamiento muy fuerte. La citricultura no supera una producción de 300.000 toneladas y un máximo de 120.000 toneladas exportadas al año. Venimos estancados, sin crecimiento, más bien con envejecimiento de sus plantaciones. Y el mundo ha sido muy dinámico, es muy cruel el dinamismo del mundo. A partir de ese diagnóstico, se delinearon los cuatro ejes temáticos del Plan Estratégico que estamos impulsando en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP): sustentabilidad social, sanidad, investigación e inserción internacional.

¿Qué importancia tiene la reciente apertura del mercado de EEUU?

La apertura del mercado de Estados Unidos es un hito para la citricultura, como lo fue el aporte de Menashe Davidson, un técnico extensionista Israelí, que llegó al país y delineó un camino mirando 10 años para adelante, cuando empezamos a trabajar en el rubro en la década de 1980. Los cítricos uruguayos nunca habían accedido al mercado estadounidense. Además, repercute en todo el Plan Estratégico que estamos impulsando porque el desarrollo de mercados debe ir acompañado de una investigación sólida y en perspectiva, por ejemplo. En ello, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) es el principal protagonista. Uruguay tiene un libreto viejo de variedades de frutas cítricas. Es otro de los ejes temáticos del Plan Estratégico: saneamiento, genética y sanidad de plantas, que incluye también al Instituto Nacional de Semillas (Inase). Se trata de construir un bien público que tiene como objetivo que la citricultura disponga de material de genética conocida y que otorgue garantías sanitarias. Ese proceso culminará con la certificación obligatoria para la producción de plantas cítricas en Uruguay a partir de 2014. Porque si partimos de un concepto de genética o de sanidad equivocado ningún proyecto citrícola se cumple. La meta es que al cuarto o quinto año la producción tiene que estar a tope en la planta. Y para tener la producción a tope se precisa genética y sanidad para que el proyecto no se caiga. Nuestro principal aporte es concretar eso en un acuerdo.

¿Qué superficie tiene la producción citrícola en el país?

Son 17.000 hectáreas, según la Encuesta Citrícola de otoño de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), con 7.246.000 plantas en esa área. Llevamos el equivalente a 1.000 hectáreas nuevas, de yemas entregadas, que parten de esta apuesta que comenzó en diciembre de 2010 con la firma de un acuerdo entre el sector público y el privado. La citricultura dispone de 50 a 60 variedades para plantar.

¿Cómo sería el acuerdo a concretar con los privados para desarrollar el rubro?

Primero quisiera decir que si uno tiene que convocar a la citricultura, hay rostros conocidos, es gente que está en los predios o en sus empresas. Ahí se agregan valores que realmente la citricultura tiene que son muy tangibles y de alta calidad. Tal vez ese sería el otro elemento importante por el cual también se ha priorizado este sector de la citricultura como cadena productiva. Siempre sobre la base del contrato, es decir, si nosotros vamos, el sector privado va. Hemos dados pasos importantes en el Plan Estratégico, como el convenio sobre saneamiento de plantas, y ahora le proponemos otro: queremos que el sector privado participe en la toma de decisiones y como demandante. La idea es crear un consorcio público-privado. En Uruguay existen experiencias de consorcios: lo tiene INIA, lo tiene Inase; consorcios en lechería, en trigo, en lana fina. Donde la institucionalidad y el sector privado se juntan para definir pautas y orientaciones. En este caso, se sumaría el MGAP. Creo que el sector privado tiene muchísimo para aportar en ese sentido. Y enfatizo la idea porque el mercado de EEUU requiere nuevas variedades de cítricos.

¿Hay variedades de cítricos para colocar en Estados Unidos?

Algunas sí, otras las tendremos que incorporar. Para incorporar necesitamos que esta propuesta funcione y que asegure al sector productivo que lo que están llevando los citricultores al campo es realmente una planta con genética, con sanidad. Y como yo le digo a los productores: de esa manera no están comprando un problema, sino que están obteniendo un proyecto citrícola viable. Esto es un poco como nosotros vemos esta apuesta.

De manera que el ingreso a EEUU significa mucho más que vender la fruta.

La citricultura se puede cimentar en base a inserción internacional con el mojón de la apertura de EEUU, porque tiene exigencias diferentes a las de otros mercados, porque necesita de un Programa de Saneamiento. Necesita certificación, genética y sanidad, necesita una investigación muy calificada, que podemos profundizar en algunas cosas, y necesita sustentabilidad social, que no es un tema menor. Ahora se abren algunos desafíos muy interesantes con el tema de sustentabilidad social, con dos ejes que son los trabajadores y los pequeños y medianos productores. Con los trabajadores son el eslabón más débil que tiene la citricultura, aunque también es entendible que el sector está en un momento que tampoco puede rendir mucho más, porque la mano de obra es casi la mitad de los costos. Pero podemos dar señales de que se puede. Por ejemplo, estamos trabajando en el tema de la vivienda. Hay un compromiso de la Intendencia de Salto, que hizo un esfuerzo muy importante por ceder un terreno y de Mevir en hacer la construcción de las viviendas en el tiempo lo más rápido posible.

¿La idea es afincar al trabajador zafral en Salto?

Las viviendas tiene el concepto de polo de desarrollo: que las empresas sepan que los trabajadores están ahí. Y el segundo aspecto en el que queremos trabajar es en la capacitación. Si hablamos de nuevas líneas de investigación, de nuevos mercados, obviamente tenemos que capacitar a los trabajadores para todo esto nuevo. Si estarán disponibles nuevas tecnologías hay que aprender a manejarlas. Y esto no se maneja por robot, hay personas trabajando en eso que hay que capacitar. Cuando se aprobó el seguro de paro especial para los trabajadores, luego de las heladas de junio de 2012, se puso como requisito la capacitación, que fue algo muy grande porque había que capacitar a 1.200 trabajadores. Es importante que nosotros desarrollemos líneas que mejoren la eficiencia del trabajo. Las empresas tienen que hacer algunos deberes también para que el sector no quede rezagado.

¿Cómo está constituido el sector citrícola?

Hay siete empresas que dominan la exportación, tres de ellas tienen el 70% de la exportación. Se exporta entre el 50% y el 60% de la fruta producida. A ellas hay que sumar 441 pequeños y medianos productores, que producen para el mercado local, pero que podría asociarse para exportar. Acá viene el concepto del por qué la inserción internacional. Los modelos productivos basados en la exportación son realmente muy interesantes y competitivos. Exportar obliga a cumplir con exigencias y tener la máxima eficiencia productiva posible. Cuando digo productivo no solo me refiero a toneladas por hectárea, sino también a calidad, a capacitación. Las empresas citrícolas grandes tienen un desafío y tienen que asumir un compromiso muy importante. Nosotros hemos señalado como una política pública clara del MGAP la inclusión en la cadena exportadora de los pequeños y medianos productores. Hoy existen empresas que exportan, estas son las que salen al mundo, acá en estas empresas tienen que integrarse todos los medianos y pequeños productores. Pero para esto hay que diseñar un modelo de asociación.

¿No está pronto todavía?

No, hay que crearlo. No hay receta acá. Esto es otro hermoso desafío.

¿Producirían la fruta para que las grandes empresas las coloquen en el exterior?

A groso modo sería eso. Y eso es lo que estamos colocando en la agenda de trabajo. Proponemos un modelo de asociación. Por ser empresas exportadoras y tener los canales comerciales, tienen la responsabilidad de darles salidas a estos pequeños y medianos productores. Pero no de forma aislada, se tienen que asociar los pequeños y medianos productores para ofrecer un buen producto a una empresa y ahí hacer un contrato nuevamente. El Ministerio en eso no interviene. Luego a la mesa citrícola vendrán las grandes empresas y los representantes de los productores chicos que tengan determinados modelos de asociación.

¿Y el consorcio puede ser un ensayo de esa asociación o está pensado de otra manera?

El consorcio está pensado exclusivamente para la parte del convenio de genética y sanidad. Yo creo que acá hay otras pistas interesantes. A mí me encanta este desafío. Siguiendo el paralelismo del trabajador y la empresa, de esa necesidad que tiene el trabajador de calificarse y de la empresa de calificar al trabajador. Acá pasa exactamente lo mismo, los pequeños y medianos productores pueden aportar algunos elementos o algún tipo de modelo que la empresa grande no lo puede hacer. Estas empresas exportadoras deben asumir el compromiso de nutrir de la información adecuada a los pequeños y medianos productores acerca de hacia dónde va la citricultura, las variedades, los nuevos modelos citrícolas. Y además asegurarles que van de la mano, que si la empresa gana, ellos ganan. Y cuando la cosa viene mal perderán juntos. Pero eso es un acuerdo que hay que hacer, y en ese acuerdo el Ministerio no puede entrar.

Primeros contenedores a EEUU

¿Cuándo estará Uruguay en condiciones de colocar fruta cítrica en el mercado estadounidense que se acaba de habilitar?

El objetivo es colocar en EEUU algunos contenedores en el año 2013 para ganar en experiencia y para que el sector citrícola devuelva el gesto. Será mi primera experiencia para probar la trazabilidad, el cumplimiento a la norma que pide EEUU. A su vez, ver todo lo que es el tratamiento de frío para mosca de la fruta, que es una de las exigencias que tiene el mercado. Ver el tema logístico, pues se necesitan contenedores especiales que no abundan. Además, el tema de las navieras, la recepción en el puerto de Filadelfia, la comercialización y la llegada final al consumidor. Son una serie de cosas y este es un buen año para ganar experiencia y ver cómo funcionan. La fruta no importa de quién es, coloquemos la mejor fruta que tenemos y veamos cómo es esta experiencia. A partir de 2014 desarrollaremos nuestro programa de exportación. La citricultura tiene algunas variedades que obviamente ya pueden ir a EEUU.

¿La apertura se da en un buen momento?

Sí, porque habíamos perdido 33% de la producción por las heladas del año pasado y en diciembre próximo caerá el sistema general de preferencia de Europa y subirán los aranceles en ese destino que es el principal de los cítricos uruguayos. EEUU nos coloca en una actitud desafiante.

Una compensación a las heladas

Las heladas ocurridas en junio de 2012 dejaron pérdidas importantes. ¿Qué evaluación hace un año después?

En 2012, teníamos 330.000 toneladas de producción, con un potencial de exportar 130.000 toneladas. Se terminaron exportando 75.700 toneladas. A consecuencia de aquellas heladas, señalamos que en 2013 íbamos a tener una baja de productividad por daño en las estructuras de los árboles, que eso implica que el árbol no florece porque se quemaron las yemas. Según la última encuesta de DIEA, publicada el 10 de julio pasado, la estimación es que tenemos una producción de 242.558 toneladas, una baja de productividad de un 27% respecto al año anterior. Pese a ello, la exportación hasta junio de este año viene igual que los últimos tres años.¿Qué pasó? Hay menos fruta, cuando la planta tiene menos fruta mejora el calibre, cuando mejora el calibre hay mejor colocación. Nos encontramos con una Europa más demandante crisis, con mejores precios. Y tal vez pasemos de exportar 50% de la producción a 60%.

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