“Lo que hoy invirtamos en educación, no lo tendremos que gastar en cárceles mañana”
El director de Ceres considera que la administración de José Mujica tuvo una “muy buena” gestión económica, pero una “pésima” gestión del desarrollo
Educación e inserción internacional son los principales debes de esta administración. Según el director académico de Ceres, de esos puntos depende la capacidad del país para encaminarse hacia el desarrollo, y la mejora de la distribución del ingreso y las oportunidades.
La mayor equidad que algunos economistas vinculados a los sectores más a la izquierda del Frente Amplio buscan en una intensificación de las políticas redistributivas, Ernesto Talvi solo la ve posible a través de una mejora en la educación de los sectores de menores ingresos.
De cara a un año electoral, ¿cuáles se perfilan como los principales desafíos económicos para la administración que asuma en 2015?
Por el lado económico, adaptarse de una manera lo más suave posible a condiciones externas que ya no van a ser ni por asomo tan favorables como las de la década pasada. China ya no va a crecer a las tasas espaciales a las que venía creciendo, y, por ende, con precios de los commodities empezando su descenso; y sobre todo con un acceso al capital mucho más caro y menos abundante, en la medida en que la política monetaria y la situación de los países desarrollados se normalice. Por el lado del desarrollo, Uruguay tiene un desafío enorme de mejorar la calidad y la equidad de la educación, porque si no nuestra perspectiva de transformarnos en una sociedad desarrollada y socialmente armónica es nula. Además, debemos ser más ambiciosos en nuestra política de inserción en los principales mercados del mundo.
¿Qué balance realiza usted sobre la gestión de esta administración?
En materia de gestión macroeconómica –lo que tiene que ver con la política monetaria, fiscal y financiera–, le pondría una muy buena nota al gobierno, más allá de algunos matices. En materia de haber asentado las bases para generar un desarrollo autosostenido y socialmente armónico, diría que la gestión fue pésima. Tuvimos progresos nulos en materia de equidad educativa y de inserción en los principales mercados del mundo, cuando son fundamentales para el desarrollo.
¿Cómo afectan los bajos resultados educativos la capacidad de desarrollo del país?
La mejora educativa es una cuestión de equidad y de desarrollo económico porque los países con alto nivel educativo son los que pueden aspirar a desarrollar y utilizar tecnología de punta, y la combinación de alto nivel educativo con tecnología de punta nos permite abrir el abanico de posibilidades productivas, productos sofisticados que requieren como insumo un alto nivel educativo. En Uruguay, 65% del paquete productivo es de baja sofisticación.
¿Es un problema de por sí ser productores de materias primas?
Eso no implica que Uruguay tenga que dejar de ser agroexportador. Hay países ricos como Nueva Zelanda e Irlanda que producen productos primarios como vino, lana, carne, madera. Siguen siendo pequeños y agroexportadores como nosotros, pero tienen 45% de su paquete productivo con una altísima sofisticación en términos del nivel educativo de los recursos humanos. No hay que dejar de hacer lo que estamos haciendo, sino hacerlo mejor y además hacer nuevas cosas de alta sofisticación y complejidad,que tengan alto valor de mercado. Abrir el abanico, diversificarnos, esa es la película del desarrollo.
En los últimos tiempos, las exportaciones uruguayas de bienes tendieron a primarizarse aun más, ¿ese es un proceso saludable?
La primarización era inevitable. Ocurrió en todos los países exportadores de productos primarios. Si los precios suben mucho, es lógico que se reasignen recursos hacia ese sector y que crezca en relación con otros. No tiene nada de malo en sí mismo. Lo importante es cómo se utiliza la bonanza generada por esos precios altos, si se ha aprovechado para asentar las bases de un desarrollo sostenido y socialmente armónico cuando las circunstancias cambien. Y lamentablemente, Uruguay no ha hecho los deberes en materia de educación e inserción internacional.
En las actuales circunstancias, ¿cómo va a impactar ese cambio en el escenario mundial?
Desde un punto de vista macroeconómico va a haber un impacto. Los consumidores estamos gastando por encima de nuestros ingresos, las empresas están invirtiendo por encima de sus utilidades y el gobierno está gastando más de lo que recauda. Todos alegremente estamos financiándonos con inyecciones de capital o deuda a muy bajo costo. Si ese costo aumenta, el consumo privado, el gasto público y la inversión van a tener que adaptarse a las nuevas circunstancias y va a haber una desaceleración significativa. Desde el punto de vista financiero, Uruguay está fuerte para enfrentar una circunstancia como esa, lo que nos hace más tolerantes a una depreciación del peso de lo que fuimos en crisis anteriores.
¿Estamos a tiempo de atenuar el impacto de ese cambio de escenario? Y más importante aun, ¿se está avanzando en esa dirección?
Creo que se está de a poco caminando en la dirección de alinear el crecimiento del gasto público y el aumento de los salarios con la nueva realidad. Eso no va a ser fácil, porque ahora que la economía empezó a desacelerarse, y ya no se va a poder responder tan fácilmente a las demandas de los sindicatos, va a verse el impacto de las leyes laborales que dieron un enorme poder a las corporaciones sindicales de coaccionar a las empresas para que les den algo que ya no van a estar en condiciones de dar. Va a haber que manejar esto con mucha delicadeza y mucho arte, pero ahí tenemos un problema de difícil desarticulación.
Los salarios uruguayos alcanzaron en los últimos años su mayor poder de compra desde 1976, pero todavía 55% de los trabajadores gana menos de $ 14.000 mensuales y uno de cada tres no llega a $ 10.000. ¿Tendremos que resignarnos a estos salarios sumergidos?
Uruguay no es un país rico a nivel internacional, sino de ingresos medios. Y es a la vez un país tremendamente desigual. Aunque el ingreso promedio sea razonablemente digno, hay un número importante de ciudadanos que reciben salarios muy bajos. ¿Es porque no hacemos suficiente redistribución? No. Es porque tenemos una desigualdad gigante a nivel educativo. En los niveles altos de ingresos, 70% de los uruguayos tiene secundaria completa y en las pruebas internacionales estandarizadas, 90% tiene niveles satisfactorios de desempeño. Pero en los quintiles inferiores de ingreso, solo 8% tiene secundaria completa y 75% no reúne las destrezas mínimas para insertarse productivamente en la vida laboral de la sociedad del conocimiento. Por ende, quedan relegados al sector informal con bajos salarios y poca protección, o a empleos que no están bien pagos porque directamente no tienen la destreza ni la formación para aspirar a tener un salario digno. En la medida en que no resolvamos los problemas de desigualdad educativa, el país puede tener un ingreso digno, pero va a haber un montón de gente ganando salarios muy bajos.
¿Una reforma del sistema educativo debe implicar también una mayor asignación de recursos?
Para mejorar la educación vamos a necesitar más recursos, porque la gente rezagada precisa atención especial que cuesta cara. En los últimos nueve años se duplicó el presupuesto de la educación y los resultados educativos empeoraron. No se puede tirar más dinero en un sistema disfuncional. Habrá que gastar más, pero acompañado de transformaciones en la organización y en la gestión que permitan mejorar resultados. Esa inversión se paga sola, porque lo que invirtamos hoy en mejorar la calidad y la equidad en educación, no lo tenemos que gastar en las cárceles de mañana.
¿Es optimista respecto a que exista voluntad política en un próximo gobierno para realizar las reformas necesarias?
Costó muchos años que se llegara a este nivel de conciencia de la situación de calamidad de nuestro sistema educativo, perdimos muchos años en aceptar una realidad que rompía los ojos. Quienes lo decíamos en 1998 éramos acusados de antipatriotas. Voluntad política, todavía no hay. Hay que dar una batalla muy dura y se van a tener que tocar intereses corporativos muy poderosos. Se necesita un liderazgo y una convicción muy firme de que aquí no estamos ante una política de izquierda o de derecha, sino frente a una batalla ética para garantizar que a todo chico se le asegure una educación de alta calidad que le permita acceder a una vida digna y que pueda aspirar a un futuro sobre la base de su propio esfuerzo.
La economía se desacelera, los precios de las materias primas tuvieron una leve caída, el crecimiento de los salarios se modera y aun así la inflación sigue sin ceder terreno. ¿Cómo debería reaccionar la política económica ante esta inercia inflacionaria?
La política fiscal y salarial son elementos fundamentales en ayudar a la política monetaria a cumplir con ese objetivo. Hacia finales de 2011, por primera vez el crecimiento de los salarios se sale de cauce. Y en un momento en que empieza a desacelerarse la recaudación, empieza a acelerarse el gasto público. Eso generó una presión a la apreciación del tipo de cambio mayor de la que se generaría si la política salarial y fiscal estuvieran alineadas, y obligan al BCU a intervenir para evitar una baja del dólar, y de esa forma estimula una inercia inflacionaria que no está directamente generada por la aceleración del gasto público ni por la inflación de costos vía salarios, sino por la validación monetaria que tiene que hacer el BCU para proteger la competitividad.
¿Cómo evalúa el retorno a los agregados monetarios como instrumentos de señalización de la política monetaria?
A juzgar por los resultados, ha tenido un montón de problemas. Ha generado una enorme volatilidad en el tipo de cambio y en la tasa de interés interbancaria. Se encareció tremendamente el crédito en pesos, lo que pagamos por las letras en pesos y en UI, y se redujo el plazo promedio de colocación, a tal punto que varias licitaciones tuvieron que ser canceladas, declaradas desiertas o adjudicadas por debajo de lo propuesto. Y todo esto en un contexto en el que no se han controlado las expectativas inflacionarias, que siguieron subiendo. Si juzgo por los resultados, diría que el cambio no parece haber sido muy afortunado.
Usted considera que el manejo de los agregados monetarios no es un instrumento adecuado para Uruguay.
Mi impresión es que no, porque induce a una excesiva volatilidad de la tasa interbancaria y del dólar. Eso tiene una propensión a destruir el mercado en pesos y en UI, que tanto costó construir. Porque la gente, cuando se coloca en la moneda uruguaya, quiere tener una mínima certeza de cuál va a ser su rendimiento traducido a una moneda de circulación internacional. Permitir una volatilidad tan tremenda día por día genera una incertidumbre muy grande respecto al rendimiento en dólares de una colocación en pesos, y eso crea un gran desincentivo a invertir en pesos y en UI.