"Me cuesta muchísimo reconocerme como músico”
Con Un mundo sin Gloria, su primer disco como solista, Garo Arakelian se consolidó en un nuevo rol de cantautor con una búsqueda personal: contar una historia oculta y lograr la incomodidad en la audiencia
Para Garo Arakelian, la lucha y la búsqueda de la incomodidad son sus objetivos principales. Y es a través de la música que lo logra. Con su primer disco como solista, Un mundo sin Gloria, el exmiembro de La Trampa se reveló como un narrador implacable de las historias más oscuras que marcaron la cultura uruguaya. Partiendo de crónicas periodísticas, Arakelian comenzó a desglosar sus canciones y hoy, luego de un año de cosechar éxitos –ganó dos Premios Graffiti y su álbum ya es Disco de Oro–, se presenta nuevamente en La Trastienda con un show titulado Segundo round. Sobre su disco, Arakelian conversó con El Observador y ofreció un vistazo a su proceso creativo.
Este nuevo show se llama Segundo round y continúa la iconografía del disco. ¿Cómo nació la idea del boxeador?
La idea original era representar la razón de empezar un proyecto que tenía incluido el dejar algo. Era una pelea. El concepto más que de boxeador es de un luchador. Me gustó mucho porque era cómo me sentía: peleando. No permanecer en un lugar de comodidad o estar ahí y ser presa fácil de un rótulo, por ejemplo. Es una pelea en ese sentido. Me pareció un buen lugar para representar el espíritu. No con un título explícito sino por alegoría.
¿Como cantautor se siente en continua pelea consigo mismo o con la imagen que tienen de usted como exmiembro de La Trampa?
Sí. No solamente con eso, sino también con el entorno. Incluso con mis amigos colegas. Creo que tengo que hacer un esfuerzo constante para no estar en un lugar. Eso a mí me hace sentir muy cómodo, es el lugar donde me gusta plantearme y verme. El conflicto principal es conmigo mismo, pero a su vez tiene el argumento de una mirada hacia la cultura predominante de música popular en cualquiera de sus géneros o estilos. Tomar distancia y pelear un poco con cosas que no me gustan que están sucediendo. Con la cultura popular o la cultura subvencionada. También hay una pelea en ese sentido. Tiene una intención política en el sentido político, de posicionamiento.
¿Cual sería entonces su lugar ideal para posicionarse?
Que nadie piense que tengo un lugar.
El no-lugar.
Sí, claro. Es un lugar en donde yo como artista me siento digno. Y me pone muy nervioso cuando soy aprehensible. Cuando otros suponen que está claro a dónde pertenezco.
¿En el rol de cantautor se siente cómodo?
Sí, comencé con eso de bastante mayor y está bien porque es justamente lo que tengo que hacer. No me permitiría tener miedo.
Justamente, define la labor más que explicar un género.
Exacto. Pero no me siento totalmente cómodo. Si fuera así ya tendría que estar buscando una forma de sentirme incómodo. No me gusta mucho imaginarme haciendo mis canciones para un público amable y apacible, que está disfrutando y nada más. Me muero. No me quiero volver a casa con eso. Quiero volver con la sensación de haber podido remover algo e incomodar de alguna manera.
Eso va también en la elección de las canciones, de las historias que decide contar.
Y también la forma de cantar. La otra vez hablábamos en el ensayo sobre este tema. Soy un defensor de que no hay que estar demasiado bien ensayado. Siempre tiene que haber algo que ocurra en el momento. Que no reproduzcas mecánicamente y en automático algo que está aprendido por la repetición. Tiene que suceder algo, que es la interpretación única. Creo pila en eso. Esa suma de errores que hace que sea más perfecta la comunicación. Defiendo esa inexactitud. En grandes intérpretes e instrumentistas a veces puedo apreciar la mecanicidad, lo automático. Y ahí me siento recontra incómodo.
Se volvió cantor con este disco, ¿cómo encontró su voz? ¿O todavía sigue en su búsqueda?
Seguramente a medida de que vaya cumpliendo más años la voz va a ir cambiando y uno se va a ir reencontrando con su voz que está en movimiento. Pero creo que hallar la voz, a pesar de ser una novedad para mí, tiene que ver con las canciones que compuse. Las hice para cantarlas yo. Ya no era para que las interpretara un buen cantante con buenos recursos vocales. Creo que me encontré con la voz, pero antes trabajé para que eso pudiera suceder. Fue desde cero.
¿Y cómo le cambió la pluma desde La Trampa para adaptarse a su propia voz?
En el momento en que La Trampa deja de existir, también deja de existir un compositor que trabajaba para ese proyecto. Yo componía para un cantante que es mi amigo. No componía lo que me sale, eso es una turrada. Yo componía para él. Y me esforzaba mucho para que todo su potencial se pudiera manifestar. Acá fue todo junto. Me cambió la pluma porque lo que tenía para decir ya era otra cosa. Entonces en lugar de contar las cosas con lo épico como motor energético, la exaltación, la primera persona en singular y plural, que te comunica con el público de una manera efusiva, ahora era contar historias y uno ser interlocutor. No ser el personaje de la historia, ser el narrador. El resultado de las canciones es totalmente diferente.
¿Por qué decidió ponerse afuera de la acción narrativa?
En realidad fue parte del proceso original. Termina La Trampa y pienso: “¿De qué voy a hablar? ¿De mí?”. La gurisa que me cobra en el almacén, el cuidacoche o mis compañeros de trabajo, todos tienen historias más interesantes que yo. Si yo pensara que por agarrar la guitarrita y hablar de mí ya merezco la atención del otro, ya empecé mal. Lo que hice fue una especie de método cartesiano: eliminar todos los supuestos válidos o legitimados, de que con tu guitarrita y tu canción triste ya estás. No. Si voy a contar historias tienen que estar buenas. No importa que la cuente yo. Yo debería además contarla bien. Me pareció que era un camino para transitar en el primer disco: recopilar historias y narrarlas.
¿Qué tiene que tener una historia para que valga la pena?
Creo que hay diferentes tipos de historias que uno podría contar, pero lo que hice fue recopilar historias que juntas te dieran una mirada a un Uruguay que no está atendido por la música popular de hoy. Esta está obsesionada por la celebración de lo bueno que somos, de la identidad, de las variantes múltiples que hay del carnaval, con la cual no tengo nada en contra pero hay demasiado. No hay miradas sobre la nuestra parte oscura. Lo que está debajo de la alfombra. Parece que solamente los reclamos políticos y de ONGs forman parte de la cultura popular o de un informativo. Y es muy extraño que acá hace años se desatienda esto. Cuando la música en todos lados del mundo fue, como el humor, un lugar donde sabes que va a haber una respuesta legítima a todo lo que el poder puede ocultar. Es el equivalente a Decalegrón. Tener una mirada sobre cosas que no se pueden decir o están ocultas. Pero no en el formato panfletario.
No, de hecho las canciones tienen un formato de crónica.
Claro. Pero a mí a veces me molesta mucho la universalización de eso: historias que no tienen nombre o un lugar físico. Para mí es lo opuesto. Eso es peor a no nombrarlo. Porque lo despersonifica y tiene una cuota moral. Y creo que lo que no tiene el disco es una posición moral con respecto a las historias. Nunca hay un bueno o un malo.
La música no sería entonces un mecanismo catártico. ¿Canalizaría lo que le pasa a través de la canción?
No creo. Y si sucede es por una urgencia de lo que hay que decir. No porque yo necesite la música para canalizar. Yo canalizo peleando. Es la cura, o la terapia. Confirmando siempre de que no te diste por vencido. La música para mí cumple otro rol.
¿Cuál es?
Permitirme pelear. Es más, hasta el día de hoy me cuesta muchísimo reconocerme como músico. Me gusta mucho más el argumento por el cual yo hago música. La razón por la cual empecé y sigo acá no es porque soy músico. No puedo decirlo. Hay personas que son músicos de naturaleza, lo tienen en el alma. Pero yo no soy eso.
¿Cómo siente que añejó el disco?
Re dignamente. Siento a las canciones recientes. No volvería a escribir como una continuación de este. Lo que estoy intentando hacer es otro tipo de disco, que tengan un montón de cosas que lo hagan único. El disco lo sigo sintiendo recontra cercano. Sé lo que es alejarte de un disco demasiado pronto. Eso lo conozco, y es una sensación jodida para manejar. Eso no es lo que está pasando.
¿Cómo ve al próximo disco?
No va a ser un disco enteramente de narraciones. Estoy acumulando cosas. Yo no escribo mucho, pienso más que nada. Y cuando escribo es porque ya había resuelto algo en la cabeza. Tengo muchas melodías que las grabo en el celular y ahí voy desarrollando ideas. Estoy obsesionado ahora con el concepto del temple. El llegar cansado, harto del mundo que te rodea, de la gente que te cruzás, de las expectativas y la mentira en la construcción de una sociedad, que hace que la gente se decepcione y tenga una falta de visión de un futuro cercano. La gente que llega a la casa al rojo vivo, con cuotas de odio que no trabajó para tenerlas, con decepciones que tiene que irlas guardando en algún lugar. Y llegar a su casa y encontrar un lugar donde mete ese hierro candente y se templa. Y le da una nueva oportunidad para encarar el otro día. No es una canción, pero me interesa ese concepto.