Se dice que El Campo es un thriller psicológico, pero es mucho más psicológico que thriller.
Se dice que El Campo es un thriller psicológico, pero es mucho más psicológico que thriller.
Una pareja se va con su hija pequeña a pasar unos días a una casa de campo que compraron recientemente, y en medio de ese ambiente ajeno y frío, los problemas maritales se agudizan. El fuerte de la obra está en la agudeza con la que su director y co-guionista, Hernán Belón, capta las tensiones, angustias y miedos de Elisa (Dolores Fonzi) y la incomprensión inocente de Santiago (Leonardo Sbaraglia).
Se dice que a las madres con hijos chicos se les agudiza el oído. De noche, la leña dentro de la salamandra hace ruidos amplificados, Fonzi no duerme, vigila que la niña esté bien, le pone un dedo cerca de la nariz. Todos los pequeños gestos maternos están ahí; incluso las ganas de no hacerse cargo.
Para Santiago, todo lo que le falta por mejorar a la casa significa oportunidad. Hay vecinos viejos e invasivos que los invitan a ir de caza. Hay chanchos que se comen las hortalizas. Hace frío todo el tiempo, y hay sexo desencontrado.
Esta es la primera película del argentino Hernán Belón, que antes dedicó su vida profesional a los documentales y conversó sobre ella con El Observador. A la película se la puede ver hasta el 30 a las 17.30 y 19.30 en Cinemateca 18. Luego estará del 2 al 8 de mayo, en el horario de las 21.20.
¿Cómo fue la elección de los actores?
Cuando escribí el guión lo hice pensando en Leo, porque él había entrenado conmigo actuación. Yo no actúo, pero estudié para aprender a dirigir a los actores. La actriz en principio iba a ser Mía Maestro, pero cuando la agenda de Leo se aclaró, Mía no podía. Y en realidad la película en el fondo tiene como personaje principal a la actriz pero yo quería trabajar con Leo. Siempre me había gustado Dolores, especialmente en El fondo del mar. Y quería que la actriz fuera madre, en lo posible.
¿Y la niñita?
Es lo más complicado. Matilda tenía un año y medio. Era muy jodido porque una nena de un año y medio no actúa. Entonces teníamos una coach que nos decía lo que se podía y lo que no se podía hacer, cómo piensa una nena de esa edad. Leo y yo somos padres también; entonces todos sabíamos un poco de niños pero no de esa niña ni de qué se hace con una niña en un rodaje. Se puede trabajar muy poquito tiempo de corrido. Vas, hacés una toma, después ella se va a jugar con la mamá, después la volvés a llamar, y así. Por eso un nene en un rodaje es caro y todo está en función de sus escenas.
Venía haciendo documentales. ¿Por qué eligió este tema para su primera ficción?
El primer año de mi hija fue muy intenso y me pareció increíble el tema de que estés todo el día pendiente de la nena. Entonces se me había ocurrido un proyecto que se llamaba El principio del mundo, que todavía no lo hice, pero alguna vez haré. Es sobre el primer año de un bebé. Desde que nace hasta que cumple un año, que es cuando decís “ya está”. Hasta ahí pasa todo: gatea, empieza a caminar, dice las primeras cosas, es impresionante. Y vos también: pasás de ser una persona que hace lo que quiere con su vida, a hacer gimnasia con un nene, con una pesa de tres kilos y medio que después pesa diez y de repente estás en bolas en el medio de la noche cantando noni noni, totalmente loco. Y nadie habla de eso, pero es una locura. Todo el mundo dice “ah, qué lindo”, pero te parte al medio de una manera grossa. Y además empezás a darte cuenta de cosas como que sos un boludo que nunca pensó en si existe Dios o no, qué le vas a explicar. Ya el mismo parto es una locura. Sale el bicho de ahí adentro y decís “¿qué?”, no puede ser. Y algo que usabas normalmente para una cosa de pronto se convierte en otra y sale un pibe de ahí. Es una algo muy impresionante. Por eso el audio también es muy importante. Como que la nena siempre está en la banda de sonido. Si vos tenés un hijo no tenés más una noche en la que dormís. Entonces pensé en que me gustaría hacer algo con ese tema y ahí empezamos a escribir el guión.
¿Con su ex esposa?
Sí. Mi ex esposa es actriz y yo estudié actuación; entonces improvisábamos algunas situaciones, todavía estábamos casados. Era muy divertido.
¿La película fue premonitoria?
Para mí, sí. Al principio pensé que la película podía terminar bien. Pero después, viéndola a la distancia, y habiéndome separado, me di cuenta de que la película termina bastante mal, o que por lo menos se separan. Ahora ni yo sé si quiero tener otro hijo, si me quiero ir a vivir al campo. Pero en muchos aspectos de mi pareja yo era más parecido a ella, a Elisa. Soy más rompepelotas, mi esposa era más relajada y yo más “tenemos que hablar”. Entonces para escribirlo probamos que yo fuera Eli y ella el tipo. Pero una vez que estuvo escrito el guión y por cómo se dieron las cosas, empecé a identificarme totalmente con el personaje de Santiago y, cuando rodé la película, yo era él.
Se dice, incluso en la difusión de la película, que es un thriller, que tiene suspenso. Pero en realidad eso está totalmente en un segundo plano.
La película empieza desde el punto de vista de ella; por eso hay algo de terror, por la percepción. Y después está el punto de vista de él, que es como el “real” –supuestamente–, en el que es como si él le preguntara “flaca, ¿qué te pasa?”. Y la película termina con el punto de vista de él, es como que él se lleva todo. Cuando se estrenó en Buenos Aires fui a una sala comercial enorme y en una escena en una laguna se escucha el grito de un tipo que dice “tirala al agua, pelotudo”.
Pero ¿quería hacer terror?
No creo mucho en los géneros. Me parece que el género puro hoy no existe y hay un cruce, porque se inventaron para segmentar, pero ahora el público ya consumió tanto que ya sabe. Yo filmé muchas cosas de ajedrez por razones extrañísimas, y es muy lindo algo que se dice, que es que la partida de ajedrez es como una película: es la historia de una vez que unos caballos hicieron esto y el peón hizo lo otro y, finalmente, esto otro. Pero las historias que se pueden contar con una partida de ajedrez están todas contadas casi, porque el ajedrecista ya sabe que si mueve acá va a pasar esto. Y en el cine también. Hay jugadas que ya se conocen. Si hay un fuera de campo y de repente se escucha un ruidito, entonces va a entrar el malo. Entonces quería jugar un poco con eso porque es un drama pero se le puede meter humor, o suspenso. Yo quería jugar con algo sobrenatural que no me salió muy bien. Pero iba a haber algo más. Como que ella llega a la casa y por el puerperio o por lo que sea, tiene el oído agudizado y puede percibir que hay algo que está mal, que está sobrevolando. Como la muerte. Y él no lo percibe. Y finalmente ella tiene razón; por eso es discutible. Es la parte más discutible de la película y la menos realista, pero yo quería darle esa otra puerta de salida a la película. Porque a su vez, para mí, cuando tenés un hijo todos estamos metidos en un mundo de fantasmas. Y en el campo hay una idea de lo sobrenatural que está todo el tiempo ahí. En esa casa se murieron esos viejos hace un tiempo. Entonces hay terror, aunque es cierto que puede no notarse del todo.