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A partir de los últimos meses de 2011, la política fiscal y salarial “perdió su ancla” y dejó solo al Banco Central en la batalla contra la inflación, con el imposible mandato de estabilizar los precios y al mismo tiempo mantener los niveles de competitividad. Por eso el gobierno debió recurrir a la heterodoxia, “que es el nombre elegante que se le da al disparate”.

Así se refirió ayer el economista Ernesto Talvi, director académico del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), en su última conferencia de 2012, en la cual se mostró preocupado por la creciente “politización de la gestión económica”, que compromete la posibilidad de aprovechar un nuevo ciclo de bonanza.

Bajo el título “El Uruguay, la región y el mundo ante un cruce de caminos”, el experto dio un panorama cauto pero optimista respecto a la salida de la crisis europea, la consolidación de la recuperación en Estados Unidos y la evolución de los mercados emergentes. (Ver página 15)
“Podríamos estar en la antesala de una nueva fase expansiva de la economía global, que nos ofrezca una nueva ventanilla de oportunidad”, enfatizó. “Ahora la pelota vuelve a estar en nuestra cancha”. Ceres prevé que la economía uruguaya “baile al compás” del crecimiento mundial.
Con un panorama más auspicioso desde el frente externo, augura una aceleración de la actividad para el próximo año. Sin embargo, “el sector público, si sigue con la tradición, sabrá cómo desaprovechar esas circunstancias favorables”, afirmó.

La escalada de los precios, que llevó la inflación interanual a 9% en los dos últimos meses relevados, llevó a las autoridades del Ministerio de Economía y del Banco Central a enfatizar el compromiso de la administración con la estabilidad de los precios en repetidas oportunidades.
Sin embargo, Talvi entiende que tanto la política salarial como el presupuesto del Estado actuaron en la dirección opuesta, acentuando los desequilibrios y conduciendo a un agravamiento de las presiones inflacionarias.

Política desanclada
Según sostuvo el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, la semana pasada en un evento organizado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), “la política económica de Uruguay jamás dejaría solo al BCU en el combate contra la inflación”, y enfatizó que “la presión inflacionaria ocupa el centro de la atención (del gobierno) en este momento”.
Talvi, en cambio, sostiene que “es como si le estuvieran diciendo al BCU, ‘le declaramos la guerra a la inflación, pero estás vos solo y además, no aprecies mucho el tipo de cambio porque no nos gusta perder competitividad’”. Esa dualidad de objetivos, sin el apoyo de otras políticas, dijo, “es imposible de cumplir”.

Según el experto, la política salarial es una de las causas de la inflación por encima del rango objetivo. Hasta setiembre de 2011 el ingreso de los trabajadores evolucionó en línea con los fundamentos del mercado laboral.
Pero de ahí en más, los salarios “se salieron de cauce” y comenzaron a aumentar “por encima de las posibilidades de la economía”, en un proceso que, según Talvi, “se hace cada vez más intenso”. Eso introdujo presiones sobre los costos y sobre la demanda, que se trasladaron a los precios al consumo.

Una situación similar tuvo lugar con la política fiscal, que de acuerdo al director académico de Ceres, “se salió de control”. Desde octubre de 2011, el gasto público creció US$ 1.300 millones, lo que implicó una expansión de 9% en términos reales. Los ingresos fiscales, por su parte, “se mantuvieron prácticamente estancados”, lo que llevó el déficit fiscal equivalente a 0,4% del Producto Interno Bruto (PIB) a 3% en “apenas un año”. No solo el gobierno gastó “hasta el último peso” que recibió entre 2005 y 2011, explicó el economista, sino que “gastó hasta lo que no tuvo”, en lugar de ahorrar los recursos y ganar en resguardo ante un eventual revés del ciclo económico.
“Daría la impresión de que estamos asistiendo a una suerte de politización de la gestión económica, en la que el gobierno entregó a la cúpula sindical y sus aliados políticos la administración del Presupuesto del Estado, y renunció a su responsabilidad constitucional de gobernar para todos los ciudadanos”, enfatizó.

El desequilibrio fiscal y el aumento de los salarios por encima de los fundamentos se dio además en un contexto de apreciación de la moneda, vinculado con el importante ingreso de capitales –en parte motivado por la “distensión económica internacional”–. Si a eso se le agrega el escenario de fuertes presiones inflacionarias, “uno habría esperado que una política fiscal restrictiva contribuya a neutralizar parcialmente las presiones externas”, algo que no se dio, dijo Talvi.

En cambio, el gobierno optó por recurrir a políticas heterodoxas para poner freno al alza de los precios. El experto calificó como un “disparate” esa aproximación al problema y señaló que medidas tales como la congelación de precios, la baja del Imesi a algunos productos específicos de la canasta de consumo y la postergación del ajuste de tarifas, distorsiona el funcionamiento de la economía y no contribuye a solucionar el problema.

Argentina tiene dos años de margen
Región. El director académico de Ceres, Ernesto Talvi, prevé que Argentina tiene por delante dos años de margen para cubrir sus obligaciones y eso despeja un escenario de “colapso” en el vecino país, al menos en el corto plazo. Sin embargo, tampoco prevé un panorama muy auspicioso. En la conferencia realizada ayer en el hotel Sheraton, el experto sostuvo que si bien “Argentina no está a punto de reventar financieramente, tampoco lo está de resucitar económicamente”. Señaló que el vecino país “no se está beneficiando de la distensión global” en un nuevo escenario donde los problemas europeos parecen encauzarse mejor, Estados Unidos se encamina a consolidar su recuperación y los mercados emergentes retoman el dinamismo perdido. Según Talvi, las medidas “heterodoxas” aplicadas por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, como el control de cambios y restricciones burocráticas a las importaciones, “minaron la confianza durante la fase aguda de la crisis europea”. El “equilibrio precario” entre las necesidades de fondos, las reservas internacionales de las cuales dispone y el impuesto inflacionario con que carga a la población, le permiten ganar tiempo y evitar “el colapso” en el corto plazo, según Ceres. Brasil, por su parte, “baila al compás del mundo” y por lo tanto, se beneficia de un panorama más despejado en el contexto internacional, en la visión del experto. De consolidarse la actual “distensión” de los mercados, el gigante latinoamericano logrará recuperar su dinamismo y, al mismo tiempo, dejar atrás la fuerte depreciación de su moneda.

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