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La mano de Marlon Brando acaricia un gato en su regazo. Tiene un smoking oscuro y una flor en el ojal. Es el casamiento de su hija pero a pesar de esto sigue atendiendo “negocios” en su despacho, como buen capo italiano. La escena está en la memoria emotiva de todo aquel cinéfilo de ley. Sí, claro: el personaje lo creó el escritor Mario Puzo pero, ¿quién eligió al actor?, ¿quién decidió dónde poner la cámara?,¿quién le indicó al actor qué hacer y cómo?

Martin Sheen sale del agua oscura con los ojos abiertos y su cara pintada de camuflaje militar. Es Vietnam, es el apocalipsis. Suenan Los Doors a pleno. Se colará fugitivo y asesinará a Brando (¡otra vez!), al tiempo que unos campesinos camboyanos carnean un búfalo en un ritual. Sí, claro: canta Morrison y el argumento está basado en Conrad pero, ¿quién eligió la canción?, ¿quién puso el dinero para la escenografía de ese templo tropical en medio de la selva?, ¿quién decidió filmar en ese entorno?, ¿quién creyó que esos actores eran los indicados?, ¿quién escribió el guión la noche anterior en medio de un vendaval tan creativo como influido por las drogas?

Todas las respuestas tienen una única respuesta: Francis Ford Coppola.

Para muchas generaciones, Coppola representa la conciencia colectiva del cine. Es el gran creador de cientos de escenas, de diálogos, de frases, de miles de detalles en la pantalla a lo largo de una extensa obra que comenzó a mediados de 1960 y que se extiende hasta el presente.

Gracias a Coppola existentes obras maestras como las antes referidas y muchas otras películas como las del recuadro más La ley de la calle (1983), Cotton Club (1984), Peggy Sue, su pasado la espera (1986), Drácula o la tercera parte de El padrino (1989).

Si bien es cierto que en los últimos tiempos no ha logrado los mismos niveles de excelencia del pasado, Coppola es un puntal de esa generación que se formó en la década de 1960 y que brilló en la década de 1970, produciendo el mejor cine de Hollywood en mucho tiempo.

Junto a sus amigos George Lucas y Steven Spielberg, redimensionó la industria y cambió los rumbos de las producciones en Estados Unidos, abriendo territorios que antes eran patrimonio del cine independiente.

Multipremiado

Este hombre de 76 años, ganador de cuanto galardón existe en el mundo del cine (entre ellos, varias estatuillas doradas de la Academia de Hollywood y dos Palmas de Oro en Cannes, por nombrar los principales), agregó ayer una perla al collar. F ue nombrado como Premio Princesa de Asturias 2015 a las Artes, la distinción que otorga la Corona Española y el Principado de Asturias.

Hasta el año pasado el premio lo otorgaba el Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, pero al asumir la corona de España como Felipe VI, el galardón pasó a su hija Leonor de Borbón y Ortiz, princesa de esa provincia.

El jurado que anunció el premio ha valorado a Coppola como un “narrador excepcional” y un “renovador temático y formal”, que se ha convertido en un director de cine “imprescindible para entender la transformación y las contradicciones de la industria”.

“Su carrera ha sido una continua lucha por mantener la total independencia emprendedora y creativa en todas las facetas que ha desarrollado como director, productor y guionista”, dijo el presidente del jurado, el empresario José Lladó, al leer el acta que resolvía el fallo de este año dictado en la ciudad de Oviedo.

Coppola tiene varios ilustres precedentes de este premio, que se entrega desde 1981 y que desde entonces fue otorgado a varios directores de cine.

En 1986 fue el español Luis García Berlanga quien inauguró para el séptimo arte el galardón. Luego, en 1995, lo ganó Fernando Fernán Gómez, en 1997 Vittorio Gassman, en 2002 Woody Allen, en 2006 Pedro Almodóvar y en 2011 Michael Haneke.

El premio reconoce a la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor artística constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la humanidad. Se compone de una escultura de Joan Miró, un cheque de 50 mil euros, un diploma y una insignia para el ganador. Además de aportar más prestigio a un director que ya lo tiene ganado desde hace medio siglo.

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