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El público estaba expectante. Por primera vez se exhibió la versión prolongada y sin cortes de Nymphomaniac, la última película del controversial director Lars von Trier. La conferencia de prensa sobre la cinta tuvo lugar en la Berlinale, el Festival Internacional de Cine de Berlín. Allí estuvo presente parte del elenco del filme: Christian Slater, Stellan Skarsgard, Uma Thurman y Shia LaBeouf, quien sería el objeto de todas las miradas.

A los 10 minutos de comenzado el panel, LaBeouf fue interrogado por la cantidad de escenas de sexo explícito que tuvo que realizar para la película. “Cuando las gaviotas siguen al barco pesquero es porque creen que van a arrojar sardinas al mar”, respondió lentamente. Enseguida se paró y se fue de la sala, para la sorpresa de todos.

Luego, en plena alfombra roja, a merced de cientos de fotógrafos internacionales atrincherándose para obtener un poco del brillo de las decenas de estrellas del cine, salió un hombre vestido con un impecable traje pero con un agregado diferencial: una bolsa de papel marrón sobre su cabeza.

El hombre era el propio LaBeouf y en la bolsa se leía: “Ya no soy famoso”, una frase que el actor ha transformado en insignia al publicarla cientos de veces en su cuenta de Twitter en las últimas semanas.

Los flashes no pararon, el hombre posó sin reparos y detrás de la bolsa se veían unos ojos perdidos, que parecían estar al punto del llanto. ¿Qué escondía Shia LaBeouf detrás de esa máscara?

Inspiración ajena

Hasta ahora la carrera del actor no parecía nada fuera de lo extraordinario. Estrella infantil con su propio show en Disney Channel, como adulto joven protagonizó éxitos taquilleros de Hollywood como las tres primeras películas de la saga Transformers, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, entre otros.

Posteriormente, como todo actor en búsqueda de una mayor integridad como tal, LaBeouf se inclinó por películas de autor de un origen más independiente, al mismo tiempo que se animó a dirigir sus propios cortometrajes.

Pero en el medio de este periplo laboral, algo parece haberse quebrado en la figura del actor. En diciembre de 2013, LaBeouf causó revuelo en la industria a raíz de su cortometraje Howard Cantour.com, sobre la labor de un crítico de cine. Tras ser presentado y elogiado en varios festivales, se descubrió que la obra era casi un calco idéntico y no acreditado de la tira Justin M. Damiano, del aclamado historietista Daniel Clowes.

Lo que siguió fue un pedido de perdón por parte de LaBeouf de lo más extraño. A través de Twitter y otros medios, el actor pidió disculpas utilizando descargos realizados por celebridades, como indicando que no tiene problema alguno en seguir plagiando las ideas de otros.

La semana pasada el actor inicio una instalación de arte (ver recuadro) en la que también pidió disculpas y a la que también se la acusa de estar basada en otros trabajos.

Entre sus declaraciones en la alfombra roja en Berlín, sus extraños comentarios en las redes sociales y su comportamiento en general, los medios no se explican qué le está pasando a LaBeouf. Muchos creen que se trata de una “maniobra mediática” a largo plazo, similar a lo que hizo el actor Joaquin Phoenix para su documental I'm Still Here.

Por el momento, se sabe que LaBeouf también sigue acá, más famoso que nunca y arrepentido de su comportamiento. O al menos eso es lo que quiere hacer creer al público.
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