Cuando en diciembre próximo José Luis Rodríguez culmine su mandato como presidente de Nacional, si es que no concreta antes alguno de sus amagues de renuncia que anunció a sus compañeros en el final del pasado año, habrá concluido un trienio en el que pasó de la gloria, el control absoluto del club y el guiño de los hinchas, a sufrir un revolcón histórico en la asamblea de noviembre –cuando no aprobaron su gestión– y quedar bajo el control de sus propios compañeros que lo mantienen a raya desde que desginaron comisiones especiales para considerar todos los temas importantes de la institución.
¿Qué pasa en la interna tricolor?
Rodríguez está en minoría y ya no maneja el club sin consultar a la oposición