“Se dio una cuestión aluvional, hicimos 12 canciones en un mes”
El compositor local se juntó con Kiko Veneno –leyenda de la música española contemporánea– y en un mes le dieron forma a un disco a cuatro manos titulado El pimiento indomable, que se lanzará en pocas semanas
Juguetes, cacharros, ukeleles y guitarras. En Martín Buscaglia el juego se sigue reivindicando como un camino lleno de laberintos y atajos. La composición oscila entre el rigor metódico y el surrealismo automático. Y en su música se respira el aire fresco de las cosas que no son iguales a nada. Camino a lanzar El pimiento indomable, disco en coautoría con el español Kiko Veneno, Buscaglia es uno de los músicos más interesantes del Río de la Plata, en lo que podría enmarcarse como generación post Fernando Cabrera. Previo a una gira en Colombia, conversó con El Observador acerca de su nuevo trabajo que editará Bizarro a finales de octubre en Montevideo, y que luego se lanzará en Madrid.
¿Cómo fue el intercambio con los músicos locales?
Los músicos de acá lo conocen mucho. Quizá por Urbano, no lo sé, pero es un artista referente en Montevideo. Kiko no hace canciones para admirarlas de lejos. Son canciones que querés aprenderte y tocar apenas las escuchás. Genera algo especial entre los músicos. En este sentido, hubo muchos encuentros con Mandrake (Wolf), Martina (Gadea), los tambores. Pero no hay un registro formal de eso. El registro es el propio disco.
¿Qué lugar ocupa el juego en tu música?
El juego no lo asocio con algo solamente divertido. Para mí el juego se transforma en llaves que te llevan a lugares donde el arte puede nutrirse. Por ejemplo, el movimiento literario oulipo: a través de la disciplina llegan a resultados alucinantes. Es al revés de los surrealistas, pero igual llegan a resultados impresionantes. Me interesa explorar esos dos caminos: el rigor y lo desestructurado.
¿Qué está leyendo ahora?
Cuando grabo escucho poca música. O escucho música más antigua, de antes de que yo naciera. Y generalmente leo más. Ahora leo a Jotamario Arbelaez, nadaísta colombiano. También me interesa la dureza de Cheever, y su universo oscuro.
Pero usted no es una persona oscura…
No, yo tengo una visión más celebratoria. Pero me gustan los artistas malditos. Y también los benditos: aquellos que alguna vez fueron malditos y trascendieron. Kiko es de este último grupo. Antes era más oscuro y hoy tiene esa preocupación por la luminosidad, por generar un beneficio general.
¿De dónde sale esa mirada celebratoria?
La vida es finita, se acaba, y el dramatismo es inevitable. Se me han muerto amigos, gente cercana, y eso no hace más que reafirmar la lección antiquísima de “disfrutemos mientras podamos”. De eso va mi disco El evangelio según mi jardinero. En esta vida podemos hacernos mejores personas y hacer mejores personas a quienes nos rodean. El arte es un vehículo para eso.