“Se terminó el tiempo de los caudillos; esta es una candidatura distinta”
Lacalle Pou dice ser un “producto genuino del Partido Nacional". Advirtió que Bordaberry “no es batllista”
Ya lanzado en busca de la precandidatura presidencial de los blancos, el diputado Luis Lacalle Pou augura que el tiempo de los caudillos ingresó en su última fase y se viene el de los equipos de gobierno. Asegura que no le preocupa que en la campaña electoral lo traten de “hijo de” Luis Alberto Lacalle de Herrera porque, dice, está orgulloso del apellido que lleva. Reconoce que sus pasadas experiencias con las drogas le están sirviendo para entender algunos fenómenos sociales. Y dice que Pedro Bordaberry “no encarna la esencia histórica del Partido Colorado, no es un batllista”. En cambio, Lacalle Pou se considera un “producto genuino del Partido Nacional”.
Desde que decidió que será candidato, varios dirigentes blancos hablaron de que en política no hay “herencias” ni “padres”, ¿usted es consciente de que, por un tiempo, le recordarán permanentemente que es hijo de Luis Alberto Lacalle?
Sí, pero que nadie piense que es un demérito. Es una realidad insoslayable y estoy orgulloso del apellido que llevo y de los valores que me dieron. Además, no creo que la dirigencia política se focalice en eso. Hablaría muy mal de la competencia. Si la discusión va a ser el ADN o la cédula, caeríamos en una campaña bastante panfletaria. En lo personal no me va a perjudicar. Todo el mundo sabe (que soy el hijo de Lacalle). Tengo el mismo apellido y el mismo nombre. Con sus prejuicios y sus juicios. Lo que está claro es que somos hijos de dos generaciones distintas. Estoy orgulloso de muchas cosas que se hicieron en el gobierno blanco, pero tampoco soy tan obtuso de defender todo lo que se hizo.
¿Qué cosas de las que hizo su padre en el gobierno usted no haría?
Discutir la propiedad de las empresas públicas. Hay que apostar a la gestión y no a la propiedad.
¿Y qué opina de los Consejos de Salarios que el gobierno blanco eliminó y reinstauró la izquierda?
Los Consejos de Salarios llegaron para quedarse. Quizá habría que corregir el excesivo celo del Ministerio de Trabajo en pro de los trabajadores sindicalizados y no tanto de los trabajadores en su conjunto.
Usted tenía previsto lanzarse por la Presidencia recién en 2019, ¿qué pasó?
Nuestro grupo fue creciendo, empezamos a convencernos de que podíamos, agréguele una pizca de olfato y de algún estudio de opinión pública y eso nos dio la pauta de que el desafío lo teníamos que encarar.
¿Nunca sintió que sus dirigentes más cercanos le estaban comiendo la oreja y empujándolo para que lo hiciera?
Jamás. Es que nadie lo hizo. Una de las conclusiones positivas que saqué para iniciar este proceso es que los más cercanos –sabiendo que les convenía la candidatura– nunca me presionaron. Siempre hubo una puerta de salida, una válvula de escape.
Tiene primero que ser candidato de Unidad Nacional (UNA), después tiene que ganarle a Jorge Larrañaga, ¿mire si todo le sale bien y tiene que encontrarse con Tabaré Vázquez?
No le voy a decir que no están meditadas todas esas etapas. Pero sería un acto de soberbia estar pensando en el final del camino cuando la mayoría en el partido –por lo menos así lo dicen los estudios de opinión pública– la tiene Larrañaga. Tiene esa mayoría bien ganada y en buena ley. Nosotros somos una candidatura distinta, marcada por la edad, por la conformación de nuestro grupo, por algunas ideas que no son típicas de los grupos establecidos en el Partido Nacional.
¿Cuáles son las diferencias entre usted y Larrañaga?
Me imagino que hay matices en los estilos de hacer política y en las propuestas. Por ejemplo, la baja de la edad de imputabilidad y las políticas de ataque al narcotráfico. Además, creo que los liderazgos modernos son cada vez más de equipo y menos de personalismos. Creo en carreras intensas y cortas.
¿Usted dice que Larrañaga tiene un estilo más caudillista que el suyo?
Creo que eso es propio de la generación anterior a la nuestra. Es una generación forjada en momentos en donde el líder era más contundente y más fuerte. Y me parece que se está terminando el tiempo de los caudillos
¿Disfrutaba mucho en la época en que consumía drogas? ¿Alguna de esas experiencias le sirvió para aplicarla a la política?
Para empezar, no las recomiendo. En la adolescencia uno tiende a participar de más excesos y muchas veces se corre riesgos de muerte de los que uno no es consciente. Nunca fui un consumidor contumaz, pero evidentemente la vida va dejando experiencias y hoy puedo hablar con otro conocimiento del daño que puede causar, de cuestiones que rodean el mundo de los narcóticos que quizá otros no conocen.
Por ejemplo, para realizar la propuesta de legalizar el cultivo de marihuana para uso personal ¿tuvo en cuenta su experiencia con las drogas?
Sí, pero sobre todo conversé con gente que tiene familiares presos por tener una planta, con muchos chiquilines que van a las bocas a pegar cualquier porquería. Creo que hay que buscar una válvula de escape y no he encontrado una mejor.
¿Qué lo separa y qué lo emparenta con el colorado Bordaberry?
Increíblemente somos jóvenes o la gente nos tilda de jóvenes. Claro que no me considero tan joven y Bordaberry no es joven en ningún lugar del mundo. Quizá nos ven como figuras más nuevas en la escena política si bien Bordaberry ha ocupado cargos de responsabilidad en el gobierno de Jorge Batlle y ya fue candidato a intendente y a presidente. ¿Diferencias? Bordaberry no encarna la esencia histórica del Partido Colorado, no es un batllista, no creo que sea una línea de continuación de José Batlle y Ordóñez, de Luis Batlle Berres y –un poco modificada– de Jorge Batlle. Y, en lo personal, quizá sea un producto más genuino del Partido Nacional.
Usted habla habitualmente de los problemas sociales y de comprender las necesidades de los más pobres, ¿cree que hay gente que le cobrará su origen de muchacho de Carrasco al evaluar ese discurso?
Si me tiene que juzgar, soy de Pocitos, de La Mondiola. Viví en Pocitos, en Carrasco, en El Prado y en Canelones. Eso puede pesar mucho en quien vote por estigmas, en quien elija por prejuicios. Y lo lamento. A mí me gustaría que la gente votara por credibilidad. Y la credibilidad es un acto de fe. En un político, como en todo ser humano, es importante resistir el archivo. Y el que quiere hacerlo y tiene tiempo, que busque cuales han sido nuestras propuestas en estos 13 años de diputado.
¿Cuál es su modelo de país?
A veces los uruguayos nos enloquecemos en buscar modelos afuera. Modelo Canadá, Nueva Zelanda, Estados Unidos… El modelo nuestro está acá adentro. El otro día escuchaba una noticia de un chiquilín que hace seis kilómetros por día para ir a la escuela y no tiene una falta. Ese es el modelo.El que hoy está en el Pasteur o en cualquier instituto desarrollando neuronas. Ese es el modelo. El patrón que trabaja y, conjuntamente con su ganancia, entiende que el obrero tiene que ganar más y actúa en consecuencia. El obrero que labura como si la empresa fuera propia. El funcionario público que hace andar el Estado. Ese es el modelo. A veces queremos mirar bien lejos para no tener que mirarnos diariamente.