"Si no tenés vocación, sos un desgraciado". Para el empresario gastronómico Alberto Latarowski, tener y manejar un restaurante es un trabajo 100% vocacional, requiere "tener un radar muy especial" y estar en todos los detalles. Y todo esto no se logra si no es por el placer de hacerlo. Antes de entrar al mundo de la gastronomía, trabajó en un negocio familiar en el rubro de la vestimenta. En 1995, comenzó a prepararse tanto en turismo como en gastronomía, y su experiencia empezó con emprendimientos gastronómicos en la Costa de Oro y Brasil. En 2002, creó una sociedad junto a dos socios, tras detectar una falta de oferta gastronómica de pescados y mariscos. La sociedad duró seis meses, pero Latarowski continuó con el negocio. Con los años, Francis fue ampliando su propuesta, pero el gran espaldarazo y exposición al público turista lo obtuvo al incorporar la parrilla: "Sin parrilla, para el turista éramos una segunda opción". Con sus dos locales en Carrasco y Punta Carretas, Francis se autodefine como uno de los restaurantes con carta más amplia de la ciudad. Hoy trabaja mano a mano junto a su hija Mariel, quien se encarga de la parte "más fina" de la operativa.
¿Cuál es el desafío de tener una de las cartas más amplias de la ciudad?
Es una propuesta que si bien atrae gente, es muy compleja operacionalmente, porque contar con una carta tan extensa es tener más riesgo de desperdicio, de errores en la confección de los platos. Se requiere un nivel de control y detalle muy fuerte. El desafío es hacer todo bien.
"Si no tenés vocación (al trabajar en gastronomía), sos un desgraciado"
Al celebrar 15 años de Francis, su propietario habló sobre los desafíos de una carta amplia, la exigencia del público y su intención de impulsar el turismo