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Alfredo Casero estuvo varias veces en Uruguay haciendo sus shows unipersonales de música y humor. Y en los últimos tiempos recibió comentarios antiargentinos que le dolieron, dice, a pesar de que con el público en Uruguay siempre se llevó muy bien: “A veces quedan medio petrificados pero después arrancan. Somos hermanos en la risa”.

El cómico argentino recuerda con enorme cariño a su colega uruguayo Ricardo Espalter: “Yo aprendí con él a ver cómo era profundamente el humor uruguayo. Espalter me hizo reír siempre desde el fondo de la panza. Yo lo vi hasta poco antes de que él muriera. Era esa risa casi patanesca, de ‘patán’. Ese ahogo de llorar de risa con él”.

Con Espalter, el cómico argentino entendió “la aristocracia” de algunos modos uruguayos. “Y con todo lo que aprendí con muchos uruguayos amigos, tengo como un cariño muy particular por Uruguay. Por eso te decía que me dolió mucho la mala onda con los argentinos. Es una pena”.

Casero no explica demasiado qué es lo que le pasó en Uruguay que tanto le molestó, más allá de “una vieja” que en un supermercado le salió con: “Ustedes los argentinos son una vergüenza”. Pero durante una entrevista de media hora con El Observador volvió al tema un par de veces.

“Yo en este show demuestro que nos reímos todos juntos. Para descascarar, para terminar de una vez por todas con esto de que somos distintos. Este es mi reencuentro con la nueva gente. Mi nueva oportunidad de hacerlos reír”.

Más allá de sus problemas en las góndolas, Casero habló con mucho entusiasmo del grupo de cómicos uruguayos Finoli Finoli, un trío de humor absurdo que salía por internet y tuvo su espacio en la noche de Televisión Nacional de Uruguay.

En cuanto a un posible retorno a la televisión, donde empezó su fama con el célebre programa Cha cha cha, Casero lo descarta de plano: “La televisión te gasta la vida, te cansa, te cuesta un montón de dinero. Siempre hacés las cuentas y siempre terminás perdiendo”.

Además, considera que el desafío del teatro es muy superior: “La televisión es como ir a la escuela de cadetes. Y el teatro es la guerra, propiamente dicha. En la escuela de cadetes vas a terminar haciendo las cosas bien para salir. A mí me pasó así y me parece que tiene que ser así. La tele no es mi motor. Mi motor es esto que yo hago”.

Tampoco le hicieron ninguna oferta tentadora últimamente: “Ni en pedo me ofrecen algo. Saben que los saco cagando. No, no tengo ganas. Tengo más ganas de dedicarme al campo, que es lo que estoy haciendo con más alegría”.

Se refiere a su empresa en Mendoza, que se dedica a las maquinarias necesarias para trabajar en las viñas y niega que se trate de una desintoxicación mental: “Yo no estoy intoxicado de nada. No fumo ni cigarrillos ni faso ni alcohol. No tomo drogas. Y no me canso de pensar. Al contrario: me lleva a un lugar de diversión”.

Un lugar de diversión y también de desafío y de cumplimiento del deber es el escenario: “Yo hago dos shows por semana y trabajo desde hace muchos años, pero la experiencia no quiere decir que lo haga de taquito. Cada público es un desafío distinto. Mi función es acompañar los sueños de las personas y mostrar una manera de pensar”.

De hecho, llegó a Montevideo para hacer un único show hoy a la hora 21 en el MovieCenter del Montevideo Shopping, pero como se agotaron las entradas, agregó una nueva función esta noche a las 23.15.

Sus expectativas, en Montevideo, tienen que ver con pasarla muy bien, encontrarse con amigos, “cambiar figuritas”, sugerir lugares en Buenos Aires. “Por eso me dejó helado la mala onda”.

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