El 12 de abril de 2004, poco antes de las 10 de la mañana, el timbre sonó en el liceo 13 de Maroñas. Los alumnos comenzaron a entrar al aula, esperando la llegada de la docente. Fiorella Buzeta se encontraba de pie hablando con un compañero cuando notó un fuerte ardor en el costado izquierdo de su espalda, dejó de sentir las piernas y cayó al piso. Fiorella no lo sabía, pero había recibido un disparo del arma que portaba su compañero, el cual la dejaría confinada a una silla de ruedas.
“Trato de manejar las cosas con la cabeza, no con los sentimientos”
La joven baleada en el liceo 13 de Maroñas cuenta cómo cambió su vida después del episodio de hace ocho años