ver más

¿Cómo evalúa a la oposición argentina?
No existe la oposición argentina. Necesita un líder urgente, porque está super disgregada y tiene actitudes muy miserables. Y tampoco tiene afán por el poder, que es lo que el kirchnerismo tiene y por lo que se mantiene en el poder. Hace falta un liderazgo serio de oposición.

¿Y lo está ejerciendo usted?
De manera accidental, involuntaria y a desgano, porque yo realmente no quiero eso. Al contrario, eso es algo que el gobierno quiere que pase, pero no les voy a dar ese gusto. Yo soy periodista, no soy político ni me interesa. Lo que pasa que, como nadie habla, el único que habla termina nucleando a la gente.

Está en el momento de mayor popularidad. ¿Cómo lo vive?
Por un lado está buenísimo y por otro lado tengo muchísima más presión. Ahora el tema es cómo hago para mantener 33 puntos (de rating). La pelea la vamos a dar.

¿Cuál es su vínculo con el Grupo Clarín?
Trabajo ahí.

¿Le genera conflictos éticos o periodísticos trabajar ahí?
No. Me lo generaría si me pidieran que hiciera algo que yo no quisiera hacer. Pero yo hago el mismo programa que hacía en América pero con más producción. Me he peleado mucho con Clarín, he competido con Clarín. Clarín es muy duro para competir, muy duro. Pero tengo que reconocer que, ahora que estoy ahí adentro, eran más los prejuicios que yo tenía con ellos que los que ellos tienen conmigo. A mí me tratan rebien. Y si a mí me ofrecen el canal más importante de la Argentina, la radio más importante, el diario más importante, yo no voy a decir que no, ni en pedo, porque yo quiero llegar a la mayor cantidad de gente posible. Lo loco de todo esto es al revés, es que el gobierno terminó uniendo a dos sectores que eran enemigos entre sí, como Clarín y nosotros.

El domingo dijo que en los medios hay mucha mentira y manipulación. ¿Esto también pasa en Clarín?
Sinceramente, no que a mí me conste. Pero cuando uno habla de corrupción habla de corrupción en general: en los políticos, en los periodistas, en los dentistas, en todos lados. Argentina es un país con un alto grado de tolerancia a la corrupción.

¿Y Uruguay?
Uruguay es mucho más provinciano en muchas cosas y se roba menos porque hay menos plata. Pero tiene muy buena prensa. Ustedes los uruguayos se saben vender muy bien. Y el tiempo que estuve trabajando en Uruguay me di cuenta que en realidad no es muy distinto a la Argentina. Lo que pasa es que se habla menos. Hay mucho más doble discurso y bastante más hipocresía en algunas cosas. En otras cosas son mejores: tienen mejor cultura cívica, son tipos más preparados. También es cierto que hay corrupción como hay en otros lados. A mí me echaron de la televisión uruguaya cuando dije vamos a hacer una sesión que se llame los intocables. Y en efecto fueron intocables (ver apunte). Me terminaron echando a mí. Más allá del sindicato de prensa, que salió a defenderme, el gobierno del Frente Amplio no dijo una palabra.

¿Quiénes eran los intocables?
Un montón. Sanguinetti, Lacalle, Milka Barbato, Paco Casal. Nunca tuve en toda mi carrera, y mirá que hemos tirado ministros, nunca tuve más presión que la noche que hicimos el programa sobre Paco Casal. Nunca. Nunca me llamó tanta gente para pedirme que no lo hiciera.
Seguí leyendo