Desde que se reinstaló el conflicto con Argentina por la autorización del gobierno para que aumente su producción, el director nacional de Medio Ambiente ha insistido en que la planta de celulosa UPM no contamina. En entrevista con El Observador, Jorge Rucks, afirmó que mientras las tomas del río Uruguay muestran que la presencia de UPM alteró mínimamente el comportamiento de ese cauce, genera un problema mucho más grave el saneamiento de la ciudad de Fray Bentos. Por otro lado, admitió que el conflicto “aflora el nacionalismo”, pero en su caso, como jerarca, debe estar por encima de ello y defendió la importancia de divulgar toda la información que exista.

¿Qué controles realiza la Dinama sobre los efluentes de UPM?
Se toman muestras en distintos puntos. Ya se tenía una primera toma de muestras antes de que la planta empezara a funcionar. Se coordina con otros laboratorios, sean del LATU o de Canadá. Estos controles son muy importantes porque permiten establecer cuál es la situación antes de que se instale la industria, qué pasa cuando se instala y cuando empieza a operar. En el caso del río Uruguay, que la información en 16 puntos demuestra que la presencia de la planta prácticamente no ha incidido en cambiar los comportamientos que el río tiene en las distintas estaciones del año. Eso, analizando aguas arriba, en el mismo paralelo de la planta de UPM y aguas abajo. Se toman muestras cada tres meses, y de sedimentos cada seis.

más Noticias
¿Por qué hace la aclaración de que “prácticamente” no ha incidido en el comportamiento del río?
Si uno mira las gráficas antes de la existencia de la planta, cómo se comportaban los parámetros del río, y qué pasa cuando empieza a operar la planta, hay una pequeñísima modificación por la presencia de la planta. Pero es mínima en relación a lo que es el comportamiento general. Para mostrar la dimensión de los problemas, uno tiene una planta como UPM con un nivel de desarrollo tecnológico enorme, que tiene efluentes sobre el río y que incide muy mínimamente en las características del río y en un lugar muy determinado. Y usted tiene una situación de un vertimiento de efluentes de saneamiento de la ciudad que está haciendo un efecto mucho mayor sobre el río (...) Lo que estamos haciendo en el control de UPM es muy importante que se mantenga, pero también es muy importante para la salud del río que sigamos trabajando sobre el tema del saneamiento y lo resolvamos. Conservar las condiciones del río Uruguay implica un esfuerzo que no solamente se debe concentrar en una planta sino que se debe resolver viendo el conjunto del río, tanto del lado uruguayo como del lado argentino, y no centrarnos en una planta que ha sido perfectamente controlada, que está funcionando en términos ambientales en forma muy correcta y que a nivel mundial tiene los mejores comportamientos. Tenemos que seguir controlando pero no perdamos de vista el monte por ver la rama.

A esas leves variaciones que registraron en el río, ¿no se le llama contaminación?
No, porque cuando uno habla de estándares fijados por la normativa, estos quieren decir que si uno vuelca en esas condiciones, el medio receptor tiene capacidad de digerir ese contaminante. Por lo tanto no permanece el contaminante. Entonces, cuando uno habla de no contaminación es porque cumple con los estándares ambientales exigidos.

¿La llegada de UPM obligó a la Dinama a cambiar?
Para Dinama fue una prueba de fuego el tema del control de la planta de UPM, primero porque cuando se instaló no había una experiencia anterior, no había técnicos que conocieran lo que era el control de una planta de pasta de celulosa, esa capacidad había que crearla. Teníamos técnicos en otros temas, pero no teníamos la especificidad; esa capacidad se creó y esa capacidad después fue muy positiva porque la aplicamos en el caso de Montes del Plata. Pero además fue un examen por la situación internacional, hubo que dar toda la información técnica y científica a partir de los análisis que hizo la Dinama con todos los parámetros que fueron controlados desde antes que la planta existiera, desde que la planta se instaló, hasta que la planta empezó a operar. Toda esa información fue vertida para realizar la defensa en La Haya de que la planta no contaminaba, y La Haya lo entendió así. Fue una prueba de fuego para la Dinama y fue muy importante para el país. En el marco de un juicio internacional, demostrar capacidad científica y técnica es muy importante pensando en el futuro y en la propia soberanía.

¿Esta ampliación del laboratorio responde a la necesidad de contar con más herramientas de fiscalización de estas industrias?
No responde a UPM porque lo veníamos trabajando en el laboratorio anterior junto al LATU y al laboratorio canadiense. Este desarrollo del laboratorio responde a un desafío de futuro pensando que el país tiene que tener una capacidad analítica mucho más desarrollada de la que teníamos, con más pulmón, más eficiente, en el costo y número de ensayos; ahora puede hacer lo mismo en menos tiempo y con menor costo. Este laboratorio nos da una perspectiva mayor. Nos permite pensar que podemos seguir creciendo en el número de empresas controladas, ampliar temas en el control ambiental, por ejemplo: todo lo que tiene que ver con el río Santa Lucía, tambos, feedlots, facilitar el desarrollo de saneamiento urbano.

¿Es casualidad que se esté inaugurando este laboratorio días después de que se reinició el conflicto?
Es una casualidad. Nos asegura la línea que cuando nosotros iniciamos el proyecto de este laboratorio, tuvimos la certeza que necesitábamos de un laboratorio mejor que el que teníamos; pero esto se inició tres años atrás.

¿Qué es lo que más se hace y en qué porcentaje? ¿Monitoreo o control?
Aproximadamente un 60% de lo que hace la Dinama es control de industrias, establecimientos, saneamientos, de residuos, etcétera.

¿Usted cree que el nacionalismo ciega en temas tan delicados como la contaminación, como planteó esta semana el politólogo Adolfo Garcé en su columna publicada el miércoles en El Observador?
Yo creo que tiene razón, muchas veces en el calor de un enfrentamiento el nacionalismo surge como una reacción natural de la gente. Nosotros tenemos que superar eso, entonces yo, cuando se trata de temas ambientales de Argentina no hablo. Hablo de la responsabilidad nacional y de la información que tenemos que brindar a los países vecinos de lo que hacemos y cómo lo hacemos. La información tiene que ser transparente porque son temas de interés común. El río Uruguay tiene que ser responsabilidad de Brasil, Argentina y Uruguay y tenemos que superar las visiones nacionalistas, para pensar que lo que tenemos que tener es un río sano que nos sirva a todos. Para nosotros debe ser una religión la accesibilidad a la información ambiental. Genera confianza.

Ahora se puede sumar otro conflicto con Aratirí.
Más allá de si sale o no Aratirí, el tema de la minería entró en el Uruguay para no irse, y es un tema que para nosotros es un desafío interesante. Estamos previendo el desarrollo de la minería, generando capacidades. A veces me asusta la cantidad de actividades que estamos haciendo para generar capacidad, mandando gente al exterior a formarse, trayendo gente del exterior. Tenemos personal reducido, pero lo estamos mandando afuera para capacitarse y nos deja flancos en la interna. Estamos haciendo un esfuerzo grande.

Seguí leyendo