"Vivo la doble nacionalidad sin ningún problema"
Alejandro Balbis vuelve a Montevideo junto a su banda para presentar su segundo disco, Sin remitente. En entrevista, el músico habló sobre cómo fue el proceso de El gran pez y su perspectiva desde ambas orillas
Alejandro Balbis estuvo cinco años llevando a su disco debut, El gran pez, por todos los rincones del país. Ese trajín concluyó en 2012, pero la maquinaria siguió. Sin remitente es el segundo trabajo del compositor y su banda, que profundiza el camino iniciado y explora aun más las posibilidades que ofrecen sus letras con otras perspectivas musicales.
Previo a su show del 28 de mayo en el Auditorio Adela Reta, en conversación con El Observador, Balbis contó cómo fue bajarse del tren de El gran pez, componer un disco desde ambas márgenes del Río de la Plata y su doble arraigo.
¿Cómo fue finalizar el largo proceso de su primer disco, El gran pez?
Tenés mucha razón de decirle largo. Cuando salió empezamos a tocar 140 veces por año. Hace cinco años que venimos así. Y eso no deja mucho tiempo para sentarse a producir. Cuando se trata de componer canciones, yo necesito reposo, tranquilidad. Y la tranquilidad es algo que se ha alejado hace bastante tiempo y por lo pronto no creo que se acerque rápidamente.
¿Cómo fueron esos años de presentarse como artista y defender un disco?
No hubo mucha necesidad de defender. Yo diría que fue al revés: el disco me defendió a mí. No es que había que salir a conseguir toques, sino que el disco hizo girar una rueda. En realidad hubo momentos que tuvimos que decir que no. No se puede hacer todo. Tratamos, pero no se puede. Y nosotros decidimos que terminara esa etapa, si no hubiera seguido. La gente sigue pidiendo El gran pez.
¿Sintieron algún desgaste?
No, la verdad que no. Podría haberse desgastado nuestro entusiasmo, pero tampoco. Capaz que soy demasiado optimista con mi material. Al que le veo que le tiene que ganar a El gran pez y que va a ser un desafío muy difícil es Sin remitente. Me parece un disco superior. Es difícil de comparar porque son épocas distintas. Hace cinco años atrás, cuando se empezó a hacer El gran pez, éramos otras personas.
En entrevistas, dijo que El gran pez demandó unos 10 años. ¿Cómo fue volver a empezar?
En realidad no fue de cero. No menos de 37, 38 canciones que quedaron afuera de El gran pez volvieron a la bolsa de canciones y algunas, dos o tres, quedaron. La producción artística y técnica fue distinta. Rodrigo Gómez y Julio Berta, que son amigos de muchos años y hemos compartido una cantidad de proyectos, se sorprendían porque habían quedado canciones afuera. Cantores callejeros, por ejemplo, o Canción con vos.
¿Le cambiaron la perspectiva de sus propias canciones?
No la perspectiva, pero sí la forma instrumental y la estética sonora. Este disco suena muy distinto. Fue un sonido buscado, específico.
Aunque se hizo entre Buenos Aires y Montevideo todos los invitados son uruguayos.
Sí, y casi todos cantantes de carnaval. Esa fue una característica que le buscamos a este disco. El otro tenía invitados eclécticos, de todos los palos. (Ver recuadro)
¿Por qué fue así?
En este momento quería conectarme con los músicos uruguayos de toda mi vida. Pero tampoco se puede invitar a todo el mundo.
Si bien siempre toca junto a su banda, esta vez firmó el disco junto a ellos.
Consideramos que para este trabajo fue muy importante su presencia. La banda ya es una entidad en sí misma. Son un grupo de tipos con una cohesión grupal regrossa. Y en los créditos está claro, no solo tocaron sino que hicieron arreglos, cantaron.
Siendo compositor, ¿cómo se conecta con la raíz uruguaya viviendo en Argentina hace tantos años?
Jamás me desconecté. No hay un “me fui”. Ni siquiera de Uruguay. Voy y vengo tanto que no tuve tiempo de desarraigarme. Nunca estuve un mes sin venir.
¿Nunca tuvo nostalgia?
No me da el tiempo. Estoy en contacto con mis amigos y mis lugares. Yo sigo siendo el mismo uruguayo de siempre que reside enfrente. Y que también me arraigué en Buenos Aires, tengo mi círculo afectivo. Vivo esa doble nacionalidad sin ningún problema.
¿Hay aspectos argentinos que llegan a su música?
Por supuesto. Hace 17 años que vivo allá. Argentina está atravesada en todas las canciones. En Cantores callejeros, por ejemplo. Habla de una ciudad construida de espaldas al mar. ¡Y nosotros no somos!
Y Caldera del alma, que está inspirada en Maradona, también es una temática muy argentina.
Es muy difícil estando tantos años en Argentina que la figura de Maradona no te atraviese de cierta forma. La canción no abre ningún juicio de valor sobre Maradona. Es una mirada desde un costado distinto. Nada que no sea atribuible a otras figuras que hayan llegado a ese pináculo de gloria. Que te quieran tanto que un día te van a terminar matando de tanto amor. Es una presión que no quisiera tener jamás.
Este disco también ofrece un abanico de géneros. Ya no es solo murga sino que tiene canciones muy roqueras, e incluso una cumbia en Caldera del alma.
Esa canción era una milonga antes. ¡Mirá si vamos a hablar de Maradona en tono de milonga! Nada que ver. Ahí estuvo la sugerencia de los productores. Yo no tengo ningún tipo de consideración peyorativa ni admirativa sobre la cumbia. Cualquier género que mueve la cantidad de gente que mueve la cumbia tiene que ser mínimamente merecedor de respeto.
¿Y el rock? Eso fue ya un proceso que viene desde El gran pez.
Sí, eso fue un proceso de muchos años. Me relacioné con el rock de manera laboral, por trabajar con La Vela Puerca y Bersuit Vergarabat. Antes solo escuchaba The Beatles, The Police y Queen. Y sobre todo por los arreglos de voces y años después por las letras. No porque el rock en sí mismo me atrajera. Yo era un engendro raro de la naturaleza. A los 12 años ya estaba metido escuchando tango, milonga, murga, candombe y nada más. Muchos años después me abrió la cabeza. Con esas bandas empecé a vivir el rock desde adentro. Y no me bajé más.
¿Volvería al tablado?
Sí, pero por ahora no. No podría trazar ahora un plan para salir en carnaval porque es tan a largo el plazo que no sería creíble. Pierde sentido planear a tan largo plazo. En cinco años tengo un plan concretísimo, que es sacar dos discos.