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"Vos entrás ahí y yo te convenzo. Te convenzo”, repite Martín Lema señalando la carpa que la militancia de la lista 404, de Luis Lacalle Pou, armó en la esquina de Lucas Obes y Bushental. El “despacho abierto” de Lema está vacío en ese momento, pero el dirigente asegura que ha tenido éxito. Su estrategia es “despertar curiosidad” (para eso montaron un inflable con el número de su lista) y luego hablar de las propuestas concretas del candidato. Para eso los militantes participaron de un taller en el que estudiaron los documentos de Lacalle Pou. Y si a la persona que pasa por allí le queda alguna duda, Lema ofrece su celular personal para atender la inquietud .

“Nosotros nos queremos... Nos queremos ganar”, interrumpe el diputado Jorge Gandini, y abraza a Lema. Ambos se ríen entre cómplices e incómodos. El stand de la lista de Gandini, la Nueva 250, en la entrada de la Rural del Prado, está pegado al de la 404. El principal atractivo de este otro grupo, que apoya la candidatura de Jorge Larrañaga, es una suerte de portarretratos viviente en el que se colocan los militantes para sacarse una foto con los políticos.

La campaña hacia las elecciones internas invadió la entrada a la Rural del Prado, la tradicional Fiesta Criolla de Semana Santa en Montevideo. En la calle Lucas Obes la vereda está tapizada de folletos y suenan al menos 10 melodías a la vez. Esto, que es tradición en cada ciclo electoral, se da con una particularidad: es un shopping electoral que ofrece más variedad que nunca.

Los dirigentes reconocen que la cosa está más “sectorizada” que otros años. Cada lista del Frente Amplio tiene su carpa, su parlante, sus tazas, sus pegotines, sus pins, sus llaveros, sus banderas. Algunos objetos están a la venta (como las remeras, que todos ofrecen a $ 150) y otros son gratis o “a voluntad”.

Los que tienen más variedad de merchandising son los de la CAP-L, que ofrecen hasta caricaturas de Eleuterio Fernández Huidobro. Los de la 2121, la lista de Danilo Astori, contrataron a un DJ para pasar música. Los socialistas de la 90 montaron una carpa tan grande que no la pueden desarmar cada día y debieron contratar a un sereno para cuidarla de noche. Los comunistas de la 1001 seguramente sean los más creativos: diseñaron fixtures para el Mundial con publicidad de su lista. También llevaron una máquina para hacer algodón de azúcar y regalarlo a los niños, pero ayer la Intendencia de Montevideo les prohibió seguir con esa movida.

Entre las carpas coloridas del FA aparece una modesta mesa de caballete. Sobre ella, decenas de ejemplares de La Juventud y programas electorales de Asamblea Popular impresos en papel de diario. “La gente viene a buscarnos”, asegura a El Observador una pareja de veteranos militantes. “Estamos medio tapados por el Frente. Somos chicos, pero no somos débiles”, alega uno de ellos.

El stand del diputado colorado Fernando Amado, que acompaña la candidatura de Pedro Bordaberry, también mantiene un perfil bajo en medio del alboroto. No pasa música ni tiene merchandising. Debajo de su carpa hay un par de militantes sentados. “El merchandising no es nuestra función. Nosotros estamos acá para que conozcan a Fernando. Le contamos a la gente que es el diputado más joven y todo lo que ha hecho. Lo hacemos por Fernando, porque creemos en él”.

En el stand del diputado Martín Aguirrezabala, también del Partido Colorado, solo hay tres personas que fueron contratadas cuatro horas diarias para entregar folletos.

Competencia feroz
“Sí. Esto para la gente puede ser una condena –admite Gandini a El Observador–. Pero hay que estar. Es mucha la competencia. Además, reunís a la militancia y generás ‘barra’, afecto”.

Hay varias teorías acerca de lo que se puede conseguir estando en la Rural. “Acá no vamos a sacar un voto, pero ganamos en presencia”, dice el dirigente Jorge Ezquerra, del sector frenteamplista Liga Federal. Mientras, quienes promueven la candidatura de Lacalle Pou están convencidos de que de allí saldrán nuevos adherentes a su sector.

Para Hyara Rodríguez, dirigente socialista, estar en el Prado sirve para “hacer sentir el calor de las internas”. Es consciente de que “muchos folletos terminan en la basura unos metros más adelante”, pero confía en que “algún pegotín” termine pegado en el vidrio de un auto.

Daniela Payseé, diputada por Asamblea Uruguay, sostiene que el objetivo es “transmitir a la gente el interés en ir a votar a las internas”. Para eso, se apela al “cara a cara y los materiales” de difusión.

Más allá de las hipótesis, lo cierto es que los niños aprovechan para coleccionar pegotines. Y que para evitar el shopping electoral basta con ingresar al predio de la Rural.

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Decisión 2014

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