La mujer de los corazones –en los zapatos, la cartera, la blusa–, los labios de un rojo furioso y los ojos maquillados no siempre fue así. Durante la década de 1980, en Madrid, Ágatha Ruiz de la Prada era una veinteañera que llevaba el pelo cortísimo, se pintaba la cara de blanco, tenía una estética andrógina y era algo así como una versión femenina de Mick Jagger.
"Yo he nacido para hacer esta bella durmiente"
La diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada diseñó los trajes de la nueva producción del Ballet Nacional del Sodre