74 días de Domínguez contra 74 de Gutiérrez
En el mismo tiempo de trabajo, el actual entrenador sacó a Nacional de la sombra y mira el futuro con mayor optimismo: ya está a cuatro puntos de Peñarol
Después de un comienzo lleno de dudas, Nacional terminó el Apertura a pura sonrisa. Durante los primeros 74 días bajo la conducción del argentino Eduardo Domínguez el equipo no encontró nunca el rumbo correcto y si bien ganó por penales la final de la Supercopa frente a Peñarol y consiguió dos triunfos por la Copa Libertadores, en el Apertura (el verdadero objetivo para este año es cortar el trienio de Peñarol) obtuvo cuatro empates y dos derrotas. Con tres puntos, cinco goles a favor y 10 en contra, Nacional ocupaba el puesto número 15. Las dudas lo carcomían y fue imposible de sostener.
Los restantes 74 días (desde el primer día de Álvaro Gutiérrez hasta el partido del sábado contra Juventud) están en las antípodas. De 14 partidos jugados perdió solo uno, de visitante contra Cerro Porteño por la Libertadores, y en el Apertura ganó siete y empató tres. El equipo ascendió desde las últimas posiciones en la tabla al tercer lugar. Terminó con 32 goles a favor y 17 en contra. El plus fue la clasificación a octavos de final de la Copa, el único uruguayo que lo consiguió. En tiempos en que las arcas del club pasan penurias, sumar US$ 1.050.000 a los US$ 3 millones obtenidos por la participación en el grupo, no está nada mal.
Haciendo cuentas desde todos los ángulos y con el diario del lunes a mano, la decisión que tomó la comisión directiva presidida por José Decurnex fue correcta. Un cambio difícil para el presidente que hacía apenas tres meses estaba al frente de la institución, se había embanderado con el proyecto de Domínguez y una semana antes de despedirlo lo había respaldado públicamente: “Domínguez es el técnico de Nacional y lo seguirá siendo. Como todos los lunes recibimos dos informes, uno médico y otro deportivo, charlamos extensamente y Nacional está en un proceso de recambio; no arrancamos bien y eso nos preocupa y ocupa por lo que estamos trabajando para revertir la situación”, dijo después que Nacional empatara 2-2 contra Boston River.
Leonardo Carreño
Pero al encuentro siguiente por el Apertura, tras perder 2-0 frente a Danubio, se le terminó el tiempo a Domínguez y empezó el de Gutiérrez. Un desafío tal vez más difícil para el técnico que aquel de 2014, cuando tomó el equipo tras el 0-5 clásico: “Si bien fue un momento dificilísimo también, fueron tres partidos y hubo un parate.
Ahí uno tuvo la oportunidad de hacer una pretemporada, de reforzar al equipo o por lo menos conformar el plantel con jugadores que creíamos conveniente y esta vez no fue así. Al revés, tuvimos seguidilla de partidos donde no podíamos trabajar mucho, nos dedicábamos a recuperar a los jugadores y a dar más conceptos verbales que prácticos adentro de la cancha. Pero la respuesta por ahora es espectacular y esperemos que sigamos así”, dijo Gutiérrez a Referí.
¿Qué cambió para que Nacional pasara de 0 a 100 en pocos días? Porque de no ganar en cinco fechas del torneo local, pasó a ganarle 3-0 a Plaza, 2-0 a Cerro y 6-0 a River. Rodrigo Amaral, una de las figuras del equipo desde que asumió Gutiérrez, expresó: “No cambió mucho. Con Domínguez veníamos trabajando igual pero no se nos daban los resultados. Álvaro conoce bien al club, a los pibes, ya fue campeón y eso es clave. Dimos el primer paso y debemos seguir así”. El enganche luego sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, será operado el 10 de junio en Buenos Aires y la recuperación le demandará todo el segundo semestre.
Las diferencias
Leonardo Carreño
Un integrante del cuerpo técnico, consultado por Referí, se refirió a las diferencias entre ambos entrenadores: “Eduardo tenía una lejanía cercana con el jugador, si bien mantenía una distancia, era muy cálido con los jugadores, súper profesional. Tienen diferentes formas de trabajar. Domínguez es excelente, trabajador nato, terrible persona y profesional; Álvaro le llegó de diferente forma a los jugadores, es entrador, muy cristalino, muy inteligente para dirigir los partidos y para ubicar a los jugadores en la cancha, que es una de las cualidades que deben tener los técnicos”.
A Domínguez le costó encontrar el equipo. Empezó con línea de cuatro, le fue bien con línea de cinco frente a Peñarol, probó con el 4-4-2, con el 4-3-3, pero no le halló la vuelta para revertir la escasez de goles. Los jugadores más utilizados por el argentino en los partidos oficiales fueron Esteban Conde, Guillermo Cotugno, Rafael García, Marcos Angeleri, Matías Viña, Matías Zunino, Joaquín Arzura, Felipe Carballo, Santiago Rodríguez, Sebasitán Fernández y Gonzalo Bergessio.
Gutiérrez, en cambio, lo destrabó enseguida. Lo primero que hizo fue proteger su arco y desde ahí armar un esquema que le diera confianza al equipo. Así comenzaron a llegar los goles a favor. Los 11 que más jugaron con el Guti fueron Luis Mejía; Cotugno, Guzmán Corujo, Felipe Carvalho, Viña, Gabriel Neves, García, Rodríguez, Gonzalo Castro, Rodrigo Amaral y Bergessio.
Leonardo Carreño
Cambió a los dos centrales, adelantó a García al mediocampo y puso junto a él a Gabriel Neves, le dio continuidad a Amaral y después de alternar a los goleros se inclinó por el panameño Mejía, quien demostró estar en mejor forma que el capitán Conde. Así le dio forma al 4-2-3-1 con el que logró el 74% de los puntos que disputó y renovó la esperanza de los hinchas para los próximos seis meses.
Lo que se viene
Camilo Dos Santos
La clave será encontrar el reemplazante de Amaral sin mucho dinero para invertir. Puede ser Gustavo Lorenzetti, que hasta ahora jugó poco por lesiones, o incluso el juvenil Santiago Rodríguez. Después, sin en el período de pases no se van figuras claves, Gutiérrez ya demostró que está para cumplir el principal objetivo del año: ganar el Uruguayo.
El final no pudo ser mejor. Peñarol dejó cinco puntos en las dos últimas fechas y el Intermedio los va a encontrar en la misma serie. Nacional está ahora solo cuatro puntos abajo de su clásico rival. Y obtener la Tabla Anual ya dejó de ser una utopía.