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Poca fortuna han tenido históricamente las adaptaciones de videojuegos al cine. Puestos a pensar, hay que escarbar muy profundamente para encontrar apenas si algún tibio acierto –Silent Hill por su estética, la primera Resident Evil por su entretenimiento– frente a innumerables ejemplos espantosos como Street Fighter, Mortal Combat, Mario Bros. etcétera.

Con esto en mente y agregándole además que el videojuego Need for Speed se basa esencialmente en carreras de autos en distintos circuitos o en persecuciones entre policías y fugitivos (y que no contiene nada que se parezca en lo más mínimo a una historia o argumento), poco y nada se podía esperar de su adaptación al cine. Y poco y nada es lo que se consigue.

Tobey Marshall (Aaron Paul) es un mecánico y corredor de picadas de un pequeño pueblo cercano a New York que aspira a participar algún día de la mítica carrera De León. Esta es algo así como la madre de todas las carreras ilegales y suele involucrar varios millones de dólares en automóviles.

Por el momento, sin embargo, Tobey se encuentra más preocupado por mantener su taller abierto, amenazado por las deudas. La posible solución viene de la mano de Dino Brewster (Dominic Cooper), un viejo rival –que se quedó con la novia de Tobey, nada menos– que ahora es corredor profesional y vuelve al pueblo con una propuesta de negocios. A priori, ya se puede adivinar que las cosas no saldrán lo que se dice perfectas.

En una primera instancia, parecería que Need for Speed trata de ser algo más que un catálogo de modelos de automóviles y muchachas bonitas apoyadas en sus capós al mejor estilo Rápido y furioso. La historia de cómo el competidor menos probable logra ir ascendiendo a pesar de tener todas las posibilidades en contra está bastante trillada, es cierto, pero el director Scott Waugh logra sacar adelante unas escenas de carreras bastante impresionantes, sobre todo la primera, que, aunque es la más discreta, es la que más impacta antes de que luego comiencen a volverse reiterativas.

Aaron Paul compone con muchas ganas su protagónico y lleva bastante bien ser casi que la única cara conocida del elenco (además de Cooper y su estereotipado antagónico hay un sobreactuadísimo secundario de Michael Keaton).

Hay un giro interesante en la trama que pone al protagonista y su equipo recorriendo Estados Unidos de costa a costa perseguidos por la Policía, lo que recuerda a filmes mucho mejores y de culto como son Vanishing Point o Smokey and The Bandit (esta última incluso se menciona a modo de chiste en un momento).

Pero, lo que no parece tan terrible en un principio, pasado el cenit de la película comienza a complicarse. Los diálogos son tremendamente malos, faltos de toda inspiración, tontos en una palabra. Los secundarios son olvidables del primero al último, y no ayuda el elenco impresentable. Y a medida que se busca la espectacularidad en las carreras, lo que se va consiguiendo es caer por completo en lo ridículo. Ni siquiera propone un pacto de verosimilitud donde uno pueda abrazar divertido la completa ausencia de las reglas de la física; por el contrario cada escena donde un auto debería hacerse pedazos y en cambio sale lo más campante es otro golpe al espectador.

Need for Speed parece tomarse demasiado en serio a sí misma, sin dejar nunca un resquicio donde pueda filtrarse un rayo de humor. Y, por encima de todo, 130 minutos solo de carreras de coches es sin duda demasiado.

El videojuego Need for Speed se encuentra entre los más vendidos del mundo, con aproximadamente 140 millones de copias. En sus múltiples encarnaciones, ha conseguido una y otra vez el beneplácito de los jugadores. Quizá sus fans más acérrimos –así como todos los amantes de los autos, los motores, las tuercas– encuentren en su adaptación cinematográfica al menos un digno pasatiempo. Por su parte, los amantes del buen cine sin duda que no encontrarán nada de ello en este filme perezoso, falto de ideas y lleno de clichés.
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