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La economía uruguaya vive un auge casi sin precedentes en la historia. El factor determinante de ese auge deriva del extraordinario momento que viven los precios de los productos agropecuarios de exportación. Que, por otra parte, son prácticamente los únicos que se exportan en el país, o sea que es la única forma bajo la cual los uruguayos logramos vender nuestro trabajo en el mundo.

Ese auge de precios sorprendentemente ha encandilado a la opinión pública en general y a la más especializada en particular, asumiendo “un extraordinario crecimiento del sector agropecuario”, y eso es un concepto profundamente erróneo.

Si se analizan las cifras del BCU de evolución del producto bruto interno a precios constantes, es decir, quitando el efecto de los precios, lo que se llama Índice de Volumen Físico (IVF), nos encontramos que la economía uruguaya ha crecido un 60% desde el primer trimestre de 2005 al tercer trimestre de 2013.

Si se descompone ese crecimiento según “industria” (así lo define el BCU), nos encontramos que hay sectores que han crecido muy por encima, como Transporte, almacenamiento y comunicaciones (209%); o servicios de intermediación financiera (186%); o la construcción (86%); o comercio, restoranes y hoteles (74%), por nombrar algunos. Todos ellos vinculados casi exclusivamente con el mercado interno.

Pero también hay sectores que han crecido menos que el promedio de la economía, y allí encontramos a la industria manufacturera (47%) y, por último, y con la menor tasa de crecimiento, el agro (13%).

¡El agro creció cinco veces menos que la economía! Lo hizo a una tasa anual promedio de 1,5%; el peor de toda la economía. Pero la opinión pública, las autoridades y la academia, sostienen que el agro ha crecido en forma extraordinaria.

¿Qué nos muestra este cuadro? Simplemente que a través de distintos mecanismos los sectores “no transables” han absorbido todo el beneficio que ingresa al país a través de los transables. La economía uruguaya ha tenido todos estos años un desarrollo deforme. Se ha hipertrofiado el sector de no transables, aquellos que no soportan bajo ninguna forma la exposición a la competencia externa y deben comercializar su producto exclusivamente en el mercado interno. Todos aquellos sectores donde el trabajo uruguayo se retribuye a valores superiores a lo que se retribuye ese mismo trabajo en el resto del mundo son los que se han visto beneficiados y han sido receptores de la inversión y han logrado un crecimiento extraordinario.

Aquellos sectores que son los únicos que soportan la exposición a la competencia externa, básicamente el sector agropecuario y las industrias vinculadas (agroindustrias), no han sido beneficiados con la inversión y su producto ha crecido a tasas que son cinco veces más chicas que el promedio de la economía. Y, lo que es más sorprendente, son la mitad de lo que mostró en el período 1990-2005, cuando los precios eran otros.

Este sector no solo ha debido sortear las dificultades que implica ingresar a otros mercados, absorber los costos de transporte de carga y descarga, enfrentar las barreras arancelarias y no arancelarias, sino que, y esto es lo más importante, han debido pagar costos “inflacionados”, a consecuencia de las políticas públicas vigentes. Todos esos bienes o servicios que se fabrican pagando caro la mano de obra –por encima de lo que se paga en el mundo–, los tiene que absorber el sector exportador. No solamente la mano de obra que se paga directamente, y cuyo encarecimiento ha sido especialmente acicateado por el Ministerio de Trabajo, sino todo lo que viene incorporado en los bienes y servicios que el sector contrata en el mercado interno.

El mundo ha brindado condiciones muy buenas para el crecimiento de nuestra economía y, si bien este cuadro no parece estar ante un colapso o crisis, sí hay señales e indicios que indican que ese dinamismo va a verse atenuado en el futuro inmediato. La economía uruguaya ya comienza a sentir los cambios externos, dado que, por ejemplo, la soja se va a exportar a US$ 100 menos por tonelada respecto al año anterior y, en el mismo sentido, se pueden ver cambios en los precios de los cereales.

Esta nueva etapa encuentra a la economía uruguaya con sus sectores competitivos debilitados, con problemas de infraestructura, con problemas derivados del régimen impositivo, con problemas de calidad de la mano de obra y de dificultades con la baja calidad de nuestra inserción externa, entre otros.

Para enfrentar esta nueva etapa se requieren algunos cambios que pueden ser costosos, pero la sociedad uruguaya se muestra encandilada y no reclama las verdaderas soluciones.

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