El galerista Oscar Prato intentó el año pasado restaurar a su costo la escultura Formas, de Francisco Matto (1911-1995), uno de los mejores alumnos de Joaquín Torres García, instalada en el Parque de Esculturas al lado del exEdificio Libertad, hoy sede de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). La pieza es de madera y, por lo tanto, ha sido presa fácil de la degradación y del vandalismo. Hoy le faltan varios pedazos.

Pero Prato no pudo pasar de las intenciones. Necesitaba conectar una amoladora para realizar la tarea. Ni la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) ni ASSE, le facilitaron la electricidad. Hasta inició un trámite en UTE para una conexión provisoria pero tardaba más de lo que iba a durar la tarea. Formas es la pieza más deteriorada del museo a cielo abierto inaugurado en 1996.

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La falta de colaboración para conseguir un enchufe es un ejemplo de cómo subsiste el Parque de Esculturas, hoy “tierra de nadie”, como definió la artista plástica Cecilia Vignolo, quien encabeza un movimiento de artistas que abogan por la restauración de las obras y su custodia.

El predio es municipal pero la comuna no está encargada de las esculturas que los propios artistas o sus herederos cedieron al patrimonio del Estado, cuya valor, solo económico, es de varios millones de dólares. El traslado de la casa de gobierno a la Torre Ejecutiva −durante la presidencia de Tabaré Vázquez− hizo caer la responsabilidad en ASSE. Pero, según Vignolo, nunca hubo un “traspaso formal”. “Es una papa caliente que nadie quiere”, ilustró la artista.

El expresidente colorado Julio María Sanguinetti fue el promotor del Parque de Esculturas junto al Banco República, en ocasión de su centenario. La iniciativa fue coordinada por el arquitecto Enrique Benech, con el objetivo de instalar una muestra de lo mejor de la escultura uruguaya del siglo XX a la vista de todos.

Construcción espacial es la obra monumental de María Freire (1917), construida de hierro pintado de azul y montada sobre baldosas de granito negro. Pero a la base le faltan más de 10 placas. Pinturas de esta artista se están vendiendo en el mundo por más de US$ 100.000.

La pieza de Gonzalo Fonseca (1922-1997), Rumi-Saïko, construida en basalto de Cerdeña, es la única escultura en Uruguay perteneciente al período de madurez del artista y la única que se expone al aire libre. Si se vendiera podría alcanzar un valor de US$ 800.000, según apuntó el arquitecto Enrique Benech, coordinador del proyecto. El país solo gastó US$ 1.500 en el traslado.

Unos US$ 100.000 podría valer Menhir, la obra de granito de Germán Cabrera (1903-1990), aunque el precio podría corregirse si se advierte que un graffiti le fue quitado a fuerza de restregar hipoclorito de sodio en vez de aplicarse el producto adecuado.

Una peor solución sufrió la pieza de Pablo Atchugarry (1954), Semilla de la esperanza, modelada a partir de mármol de Carrara. Si se le pasa la mano se despega un polvillo blanco. Benech contó a El Observador que el artista le dio un acabado muy pulido “a la manera de Miguel Ángel”, pero fue otro atrás y le pasó una lija. Tartaglia apuntó que en Francia se pagaron US$ 200.000 por una obra similar.

También en Desterrando el remedio fue peor que la enfermedad. Algunos huecos en la escultura de hormigón de figuras humanas de Enrique Silveira (1928) y Jorge Abbondanza (1936) fueron tapados con un pegamento similar al poxipol. Otros dejan ver las barras oxidadas en su interior. En otras juntas se puso portland con alevosía. Y algunas figuras se les pintaron senos y penes verdes.

Cerca de allí se ve una columna de madera que a los ojos inexpertos no dice mucho. La impresión se explica porque la obra está incompleta. Hommage à la Correspondence II, de Ricardo Pascale (1942), tenía una pieza de hierro en la parte superior. Un día se cayó y el artista se la llevó a su taller. Benech relató que Pascale se rehúsa a colocarla de nuevo si no tiene la garantía de que el parque estará bajo vigilancia.

Tampoco está instalada una obra de Salustiano Pintos (1905-1975). Una columna tallada de madera, de título Estructura, cayó un día de temporal y espera su regreso en un depósito estatal.

La imagen de la desidia del Parque de Esculturas se completa con el robo de las plaquetas de bronce, graffitis alusivos al consumo de marihuana y a rivalidades futbolísticas y residuos tirados sobre el pasto. Ninguna de las esculturas está iluminada. Una pedrada, hace unos cuantos años, rompió el foco que emitía una haz azul a través del Monumento a Luis Batlle Berres. El efecto se llamaba Evanescencias y fue una idea original de Benech y Marcelo Danza que se anticipó al Tributo a la Luz que se realizó en las Torres Gemelas de Nueva York para recordar a las víctimas de los atentados del 11 de setiembre de 2001. Lo único que se mantiene es el césped −aunque crecen bastante flores silvestres− y la poda de los árboles, todas especies nativas.

“El Estado no ha podido mantener (el parque). Ha sido irresponsable con la conservación del acervo cultural”, criticó Vignolo. Al igual que Prato, que no pudo enchufar la amoladora, Vignolo no ha podido colocar nuevos carteles ni sacar graffitis por su cuenta. Asegura que ha pensado en encadenarse a las esculturas para llamar la atención.

Tulio Tartaglia, edil por el Partido Colorado, presentará a la Junta Departamental un proyecto de decreto para que se forme un grupo de trabajo compuesto por expertos en restauración de Bellas Artes y del Museo Blanes, artesanos, los restauradores que están trabajando en la recuperación del Hotel Casino Carrasco y la División de Cultura de la IMM para la conservación del espacio. Según esa iniciativa, la IMM deberá financiar y fiscalizar las tareas.

Todos temen que la situación de abandono termine por trasmutar un museo concebido para la integración del público y la naturaleza en un estacionamiento o en unas canchitas de fútbol como una vez dijo un jerarca de ASSE. Benech no quiere ni pensar en la posibilidad. “El que lo haga va a pagar un precio muy grande. Mucho más que la venta de unos aviones”, manifestó.

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