Los jugadores abrieron los ojos bien grandes. Los más chicos no podían creer tanta devoción. El Loco llegó al vestuario. Eligió un rincón. Empezó a sacar cosas del bolso. Tomó el leuco, cortó dos trozos y pegó en la pared una imagen de San Expedito. Después salió a la cancha. En Palermo se había generado tremenda expectativa por ver al Loco. Y allá salió Washington Sebastián Abreu. El que jugó en Nacional. El mundialista. El que la picó en Sudáfrica.
Abreu se fue pero en el vestuario del Palermo nadie toca su estampita de San Expedito
Hugo Rodríguez, utilero de Central Español, contó los secretos del Loco, el rincón donde rezaba y la estampita que quedó en el sector donde se cambiaba