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Los uruguayos ya no son optimistas respecto a la marcha de la economía, o al menos no del mismo modo que en los últimos dos años. Sin embargo, las ventas de los principales rubros vinculados al consumo no parecen enterarse de ese cambio en las expectativas de las familias, que siguen gastando a pesar de ser conscientes de que el verano económico no dura eternamente.

Según los datos procesados por El Observador a partir de la información relevada por la Dirección General Impositiva (DGI), el comercio en general, la venta al por menor de alimentos y el rubro restaurantes, hoteles y bares registraron un incremento superior a 10% durante el último año, medido en volumen físico.

Los uruguayos compran más alimentos, más bienes duraderos y comen más seguido fuera del hogar. El comercio en general registró un aumento de 13,2% durante el último año, mientras que los restaurantes, bares y hoteles incrementaron 10,2% su actividad en 2011. Ambos sectores aceleraron la expansión respecto al año anterior, cuando sus tasas de crecimiento fueron de 11,8% y 7,1%, respectivamente.

En el caso de la venta de alimentos, el aumento del volumen físico transado en el año fue de 11,1%, muy similar al aumento de 11,3% de 2010. En cada uno de los rubros, la expansión de las ventas superó ampliamente el 6,3% del crecimiento económico de toda la economía, previsto por los analistas para 2011 –los datos oficiales de cierre del año estarán disponibles a mediados de marzo–.
Desconfianza
Pero ese crecimiento contrasta con la evolución de las expectativas de los uruguayos. En todo 2011, la confianza de los consumidores cayó 11,3%, registrando el valor más bajo en los últimos dos años y medio, según los datos difundidos la semana pasada por el Programa de Opinión Pública y Confianza Económica (Popce) de la Universidad Católica y Equipos Consultores.

El bombardeo de noticias sobre el continuo agravamiento de la crisis en las economías desarrolladas, la desaceleración de la economía local y el rebrote de las presiones inflacionarias, deterioró la percepción de los uruguayos sobre el futuro de la actividad.

Aun así, los uruguayos ven la desaceleración económica como un problema ajeno. La evolución en el consumo es incompatible con un aumento de 25,3% en el número de personas que espera un incremento de la tasa de desempleo para los próximos meses.

Los uruguayos no esperan que les vaya peor –la percepción sobre la situación económica personal cayó apenas 2,3% durante el año y la expectativa de ingresos se redujo 2%–, sino que la desaceleración de la actividad afecte al resto de la ciudadanía. La confianza en la situación económica del país para los próximos 12 meses registró un deterioro de 20,4% durante el último año.

A las familias, a la hora de tomar sus decisiones de consumo, les pesa más el presente que el futuro. De hecho, la capacidad de demandar bienes y servicios de la población medida a través del salario real creció 4% –y alcanzó el mayor registro desde 1982–, mientras que la capacidad de ahorro de la población se redujo 1,1%. Eso quiere decir que la mayor parte de los recursos adicionales que recibieron los trabajadores, fueron destinados a la compra de bienes y servicios de consumo.

La fortaleza del mercado de trabajo tiene mucho que ver al respecto. El último año cerró con una tasa de desempleo de 5,3% de la población económicamente activa en diciembre, el menor registro desde que el Instituto Nacional de Estadística (INE) realiza una medición comparable.

El comercio además no fue el único sector que aumentó sus ventas durante el último año. De los 22 sectores relevados por la DGI, ninguno tuvo una caída en sus transacciones y solo cuatro mostraron un crecimiento más moderado que en 2010 (ver nota).
Para este año, la mediana de respuestas a la encuesta de expectativas realizada por el BCU arroja un crecimiento esperado de 4,5%. Al mismo tiempo, el resultado de los Consejos de Salario asegura un crecimiento real de los salarios de entre 3% y 4%.

4%
Salario real. El poder de compra de los uruguayos mantuvo su senda creciente durante 2011 y alcanzó el nivel más alto desde 1982, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

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