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El mundo del cine perdió uno de sus mayores nombres con la muerte a los 92 años del director francés Alain Resnais, verdadero maestro, quien a través de sus películas exploró nuevas formas narrativas y plásticas, y fue uno de los pilares del movimiento que luego se bautizó como “nueva ola francesa”.

Para entender la importancia de Resnais en sus películas clave, Hiroshima, mon amour y El año pasado en Marienbad, hay que recordar que el director comenzó experimentando con documentales sobre pintura, donde refinó su sentido estético, el montaje sobre planos fijos y el dramatismo de los cuadros.

Realizó películas sobre Vincent Van Gogh y Paul Gauguin, con la decisión explícita de que se filmaran en blanco y negro. También filmó un documental sobre Guernica, con obras de Pablo Picasso.

Con este bagaje y este ojo educado en la pintura, más la colaboración de nombres fundamentales de la literatura de su país, como Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet, quienes participaron como guionistas de sus filmes fundamentales, Resnais se transformó a principios de la década del 60 en un auténtico referente.

Historias de amor y de guerra, de creación artística, de la forma en que el pasado influye sobre el presente constante de una película.

Resnais acercó el cine a la poesía, pero no solo desde el plano discursivo sino también desde el plano visual. Muchas de sus películas son verdaderos colages. En consonancia con la forma de narrar, las imágenes de Resnais fluyen de forma armónica y crean un clima único, imitado por muchos colegas compatriotas.

La obra de Resnais tuvo además puntos muy altos en Providence, Muriel, o Mi tío de América.

Su obra quedará en la retina y en la memoria emotiva de todo aquel espectador que la vio, e invita a mirarla a todo aquel que no lo conozca.
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