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El Observador Agropecuario visitó chacras del sur de Uruguay, en los parajes Capurro y Rincón de Latorre, donde en el establecimiento La Rusticana se cosechaba colza, cebada y trigo. También un campo en Rincón del Pino, de Brito Hnos, donde recolectaban avena. En ambos casos quedó claro que –de la mano de insumos de alta calidad, manejos responsables y eficientes en la toma de decisiones y ejecución de labores y un uso exclusivo de tecnología de vanguardia– se han logrado, con un estado del tiempo no muy adverso, productividades que no siempre se obtienen en áreas agrícolas más tradicionales.

Rafael Marín, agrónomo y administrador de La Rusticana, con un celular de última generación como herramienta clave para indicar qué hacer en cada chacra –incluso en un campo de Cerro Largo que, en acuerdo con Casarone, comenzó a manejar para producir soja donde el suelo debe descansar del arroz–, fue anfitrión, en primer lugar en un campo con cebada.

Cebada para los tambos

Hacía seis años que, por algunas dificultades con la industria, no se cultivaba cebada. Esta vez se hicieron 300 has “porque en la sinergia que tenemos con las sociedades de productores de leche que hay en la vuelta –la gremial de Villa Rodríguez y el Grupo Cardal–, a las que durante el verano les producimos mucho maíz en grano húmedo, se nos pidió hacer alguna experiencia con cebada”.

Esto planteaba dos aspectos interesantes, dijo. Por un lado, algo a mejorar el año que viene, “dejar el precio agarrado en un 90% al del trigo en Chicago, entonces cada uno se desvincula de fijar un precio, y por otro lado ellos llevaban todo el grano en húmedo y eso nos permitía hacer una soja de primera atrás de esa cebada”.

“El negocio salió tarde y se sembró tarde, la cebada agarró las grandes heladas y lluvias de junio y julio, quedó un bajo stand de plantas, pero pese a todo la experiencia viene siendo buena y vamos a andar promediando los 3.200 kg/ha, base seca”, explicó.

En 2014 “sembrar antes nos va a permitir cosechar la cebada más cerca del 10 de noviembre y hacer una soja en fecha de primera”.

La idea es “sacar dos cultivos en todo el campo, con trigo, cebada o colza, estábamos viendo que si nos dedicábamos el 100% del área a hacer trigo-soja, por ejemplo, le estábamos metiendo demasiado riesgo a la soja de segunda, se nos iba todo muy tardío para esta zona del sur. Estas experiencias, la colza o la producción de grano húmedo para tambos, permiten en el área que iba a pasar en barbecho, sin ningún cultivo, hacer una cobertura en invierno y sembrar soja de primera atrás”.

Dadas las experiencias en las primeras cosechas, que mostraron que la humedad en el grano desciende mucho durante el día y asciende durante la noche, y como se necesita más del 22% para un buen proceso de anaerobiosis dentro de la bolsa, está siendo cosechada desde las cinco de la mañana y hasta poco antes del mediodía, con humedades que varían del 30% al 25%, “lo cual plantea que se está ante un negocio nada sencillo, el lapso para la trilla es muy acotado”, ocupando las cosechadoras en el resto de la jornada en trillar colza o trigo.

Colza: muy bien de aceite

En colza, “es nuestro primer año, algo experimental”, se hicieron 60 has con 40 has invernales que se están cosechando y 20 has primaverales que se cosecharon y donde ya hay soja nacida. “Estamos muy contentos, en la primaveral, pese a que era un campo bajo, y no era lo más recomendado, se obtuvieron 1.900 kg/ha acondicionados, y en la invernal, en un campo con condiciones mejores, se va a promediar 2.500 kg/ha. En ambos casos se hizo trilla directa”, comentó. Agregó que “se hizo todo en contrato con ALUR, el precio va ligado al de la harina y del aceite en Chicago, hay muy buen precio y muy buena bonificación por el aceite y acá andamos muy bien, 49% en las últimas cosechas”.

Bueno el trigo maragato

En trigo, dijo Marín, “estamos manteniendo 1.200 a 1.500 has. El año pasado en esta zona no hubo problemas de calidad, sí de rendimiento y se promediaron 3.000 kg/ha, pero si sacamos ese año en los últimos siete promediamos arriba de 4.500 kg/ha, y con buenos ph (peso hectolítrico)”.

La trilla “se inició hace dos días (lo dijo el lunes 2), falta para una conclusión, pero en una chacra de 90 has en las 20 has que daban contra la cañada vimos el problema de la helada que sufrimos hace un mes y medio, había mucho grano chuzo (sin desarrollo normal), en torno al 72 o 73 de ph, pero en el resto nos vamos a 78 o 79, con 12% de humedad, un trigo baguette 11, así que estamos muy contentos”.

“Somos muy de ir fijando forwards, no tenemos predilección, este año hay contratos para la exportación con cereoil, tenemos mucho con el molino San José para harina para el mercado interno; pasa más por un tema de precio si se vende al San José, al Americano o para la exportación a través de Cargill o Dreyfus”, dijo.

Mucha soja, pero con maíz

“En nuestra rotación después de los trigos va soja, pero tenemos 700 has de maíz que sembramos bien temprano, por esa sinergia con los tambos que nos piden por un faltante de comida que el grano húmedo lo saquemos a partir de febrero. Los tenemos todos implantados antes del 10 de octubre, fecha clave para que la floración no caiga enpleno enero”, citó.

Sobre si el plan de uso y manejo del suelo exigido por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) cambió su manejo, respondió: “para nada, en este establecimiento el 70% (de la tierra) es propio, ya se manejaba con una conciencia del buen uso muy grande, soy ingeniero agrónomo, venimos de tres generaciones de gente ligada al campo, hay un amor atrás de esto más que un negocio y se había tomado hace mucho ya la decisión de que un tercio del área fuera maíz y eso se ha mantenido”, reflexionó.

Además, esta actitud persiste independientemente del factor precio. Este año bajó el del maíz, y el área nacional, “pero nosotros la mantuvimos pensando en las rotaciones,se hará maíz, colza y soja de primera. Esa soja, después de un maíz, rinde no menos del 15% más que soja atrás de soja”.

En la zafra de verano se harán unas 2.000 has de soja, y un poco de sorgo, 20 has, para el ganado que se mantiene en los bajos, “pero somos muy maiceros”.

La tecnología, una amiga

Para Marín, gran parte del éxito en el negocio agrícola “pasa por hacer las cosas de buena forma y en su fecha”. Para los climas y el tipo de suelo de Uruguay las condiciones óptimas para las labores son muy acotadas, dijo, por lo cual “estamos cosechando los cultivos de invierno y en no más de 10 días tendremos que tener toda la soja de segunda sembrada, sabemos que después del 10 de diciembre empezamos a perder por lo menos 50 kg/día, es una necesidad estar muy bien preparados para abarcar todo el área muy rápido”.

Convencido, en los últimos años hizo una incorporación de tecnología muy grande, “apostamos y estamos locos de la vida”.

Así percibió mejoras no solo en la eficiencia productiva, también en el rendimiento del personal, “está más descansado, tiene otro confort, no es lo mismo cosechar con piloto automático y dedicar el tiempo a ver por ejemplo las calidades que estar todo el día mirando el surcador”.

De inmediato, enfatizó: “y ni que hablar lo que se logra en el ahorro de semilla y fertilizante. Incluso estamos intentando mantener la línea de siembra en todos los cultivos, aprovechando el fertilizante excedente, lo permite el GPS y la siembra en línea”. Y citó “el tema del mosquito, con el corte por secciones, con fertilizaciones que se hacen con GPS y eso nos da mucha eficiencia en el uso de insumos y en la mano de obra”.

Hace siete años este campo lo comenzó a manejar con la empresa de Germán y Andrés Munch, “un personal de primera, empezaron con sus máquinas, pero llegó un momento en el que era necesaria otra tecnología, los campos fueron ambientados por ADP, se hizo la altimetría, todo el mapeo para ir hacia una agricultura de precisión. Se llegó a un acuerdo en el cual la empresa incorporó las máquinas, que se pagan con servicios, y estamos muy contentos”.

De ensillar a mirar el monitor

Las nuevas tecnologías, dijo Marín al final de la charla, “asustan un poco, pero son muy amigables, de las 12 personas que trabajan acá 11 lo hacían cuando el campo era 100% ganadero, personal que vino del norte, de Merinos, de campos 100% ovejeros, gente de a caballo que se entusiasmó, se capacitó y participó de la transformación; el incremento patrimonial, el crecimiento de la empresa de la mano de la soja, se ha distribuido y le llegó a un personal siempre bien dispuesto, de buen humor. Y es muy bueno contar con esa clase de gente”.

6.000 kg/ha de trigo en Rincón del Pino

En Rincón del Pino, San José, El Observador Agropecuario presenció labores en el establecimiento de Britos Hnos. Puntualmente, con Boris Guerra como maquinista, se cosechaba avena.

Federico Britos, ingeniero agrónomo y asesor técnico de la empresa, informó que en esta campaña de invierno se sembró trigo en 1.500 has, con la expectativa de lograr un promedio en torno a 5.000 kg/ha, pero habrá chacras que estarán en los 6.000 kg/ha. En colza se hizo un área de 150 has habiéndose logrado rendimientos promedio de 2.000 kg/ha. En avena se sembraron 200 has, el 80% para cobertura, con un rinde promedio de 6.000 kg/ha en el grano cosechado.

En el trigo, si bien depende de lo que suceda en los mercados cuando se concluye la trilla, lo habitual es que la mayor parte, del 70% al 80%, se remita a las industrias molineras locales, la colza se comercializa totalmente con ALUR y la avena es principalmente para uso propio, en mejoramientos, por ejemplo.

En relación a la zafra de verano, donde se hizo trigo el 75% lo ocupará la soja y el 25% el maíz. A propósito, y en relación al plan de uso y manejo del suelo y al programa de rotaciones, Britos destacó que “es una ley que ayuda mucho a generar conciencia del cuidado del recurso suelo, de repente en esto te hablo más como profesional que como productor, sin duda que lo veo muy bien y va a ayudar bastante”.

Sobre cómo valora disponer de tecnología de vanguardia para ejecutar las diferentes labores, dijo que “es fundamental, incide muchísimo, sobre todo si se tiene la posibilidad de tenerla sin contratar servicios. Un productor con tecnología de punta propia en un promedio de 10 años en producción va a estar por encima de otro que no cuente con eso”.

En la regulación manda la chacra

“Al regular una máquina para la cosecha, manda la chacra, porque cada chacra es diferente, incluso dentro de una chacra puede haber una variabilidad muy grande, ninguna máquina puede ser regulada igual a otra, cambian los cultivos y sus variedades, la densidad, los suelos... inciden muchas variables”, explicó el licenciado Diego Maisonnave, especialista en cosechadoras de Interagrovial SA, representante en Uruguay de la tecnología John Deere.

El Observador Agropecuario apreció, en la cosecha de cebada, colza y trigo, el desempeño de dos equipos de la serie 70 STS, modelo 9770 STS, fabricada en Brasil, con dos plataformas Draper de 40 pies.

Maisonnave explicó que llega a una potencia de 393 Hp, optimizada y versatilizada por las ventajas que brinda la Draper, que es una plataforma muy eficiente, permite que la máquina se exponga en su máximo esplendor y brinde su máximo potencial, minimiza las pérdidas, permite entrar antes a la chacra y salir después, es muy suave al trillar, no lesiona el cultivo y las pérdidas son casi nulas, con capacidad de trabajar en modo rígido o flexible, flexibilidad que permite copiar casi perfecto el suelo.

“Al mismo tiempo que trilla, va preparando la cama de siembra, con una gestión de residuos excelente, algo muy necesario dado que hoy el estado del tiempo muchas veces complica y hay que estar con la sembradora trabajando atrás de la cosechadora”, apuntó. Y con un cambio mínimo, de cóncavos, trilla o zarandas, cosechan cualquier cultivo, “con una relación costo-beneficio muy buena”.

También se observó, en ese caso cosechando avena, una Draper, de 40 pies, en una máquina de la serie S, fabricada en EEUU, con área de limpieza y cabina mayor que la 70 STS, “con una retrilla independiente, que permite una trilla y una gestión de resíduos muy eficiente, el cual presenta un sistema de compensación de viento que hace que siempre el rastrojo quede homogéneo”, detalló.

Añadió que “la cobertura del rotor tiene ángulos mucho más suaves que los de las 70 STS, eso permite una trilla de mejor calidad, lo que la hace más cuidadosa con el cultivo”.

“Somos líderes en el mercado de cosechadoras, todo el mundo sabe lo que es una John Deere y eso es una gran responsabilidad”, dijo. Agregó que Interagrovial está todo el tiempo atento a las necesidades de los productores “para ir amoldando nuestros productos, capacitamos permanentemente a nuestro personal, brindamos cursos a maquinistas, hacemos demostraciones de equipos y llevamos a los productores a las fábricas. No nos quedamos en comercializar una muy buena máquina, hay un seguimiento personalizado en la post venta que nos enriquece, nuestro jurado más importante es el cliente, nos interesa estar en su chacra y que sean sinceros al evaluar el equipo. Y es clave estar en todo el país con los John Deere Express o sucursales, con equipos, repuestos y servicios”.

Maisonnave destacó que Interagrovial trae máquinas John Deere “adaptadas y preparadas para nuestros cultivares. Por ejemplo, una cosechadora arrocera americana no es la ideal para las variedades sembradas en Uruguay, en ese caso recurrimos a máquinas fabricadas en Brasil, que sí están preparadas para nuestros cultivos”.

La dinámica del mercado y de los negocios en el agro de hoy “hacen que los productores deban ser más finos, más precisos, usar la cantidad de semilla y fertilizante adecuada, que las máquinas trabajen el tiempo necesario para ahorrar combustible, ser cuidadosos en la cosecha para perder la menor cantidad de granos posible y eficientes para gestionar la flota. Disponer de tecnología de vanguardia, como la satelital, adaptada a nuestras áreas de cultivo, es vital”.
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