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El alemán Michael Schumacher (Ferrari), perdió todas sus opciones a causa de un pinchazo, aunque consiguió acabar cuarto.

Alonso acabó segundo y el británico Jenson Button (Honda) cerró el podio.

Alonso llegó al circuito de Interlagos con la necesidad de acabar entre los ocho primeros, siempre y cuando el ganador fuera Michael Schumacher, circunstancia ésta que no estuvo en condiciones de convertirse nunca en una realidad, pese a que el alemán lo intentó hasta el final.

La carrera comenzó bien para Alonso, que pudo mantener la cuarta plaza desde la que arrancó y sin nadie que le acosara peligrosamente y que pudiera dejarle fuera de combate.

Por detrás, Michael Schumacher comenzó a ganar rápidamente posiciones.

Michael Schumacher siguió con su labor de escalar posiciones hasta que en la octava vuelta se acabaron sus esperanzas. Después de adelantar al italiano Giancarlo Fisichella, compañero de equipo de Alonso, recibió un ligero impacto del alerón delantero del coche del transalpino en la rueda trasera izquierda. El neumático se rajó y el piloto de Ferrari tuvo que enfilar el camino de la calle de boxes.

Nada más conocer el problema de su rival, Alonso, que ya viajaba segundo por detrás de Massa, ya no tenía necesidad de forzar en exceso su mecánica, pero condujo con frialdad e inteligencia, sin asumir riesgos innecesarios. El título era lo único que importaba. Tras su segundo repostaje pudo mantenerse en la segunda plaza.

Schumacher luego se lanzó a por Raikkonen, al que acabó por superar en una espectacular maniobra a dos vueltas del final. Ya no le quedaba más tiempo para seguir trepando. Consiguió remontar desde la última hasta la cuarta posición final en una carrera espectacular.

Este resultado ha permitido además ganar el Mundial de Constructores por segundo año consecutivo a Renault. Ferrari necesitaba copar las dos primeras plazas en Brasil para impedir el triunfo francés.

(EFE)

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