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El piquete de los trabajadores de la empresa Costa de Oro, productora de arándanos en Quebracho (Paysandú), sacó del anonimato al fruto azul. Ese conflicto se solucionó tras causar un daño grave: la pérdida de unas 40 toneladas de fruta exportable.

Ello ocurrió en el marco de una cosecha con buenas y malas: los rendimientos mejoraron y la exportación crecerá, pero los costos crecieron, es bravo encontrar mano de obra adecuada, el precio no es lo suficientemente atractivo y el abandono de muchas hectáreas es un mal síntoma.

En 2011 la exportación crecerá de un 10% a un 15% debido, sobre todo, al crecimiento productivo de las plantas, según informó a El Observador Agropecuario el empresario Horacio Ozer Ami, presidente de la Unión de Productores y Exportadores Frutihortícolas del Uruguay (Upefruy) y propietario de Midgold SA, una empresa ubicada en Chapicuy (Paysandú) y que posee 100 ha plantadas.

La superficie cultivada llegó a 850 ha, pero por diversas adversidades se abandonaron muchos cultivos y en la zafra actual se cosechó fruta de 550 ha. Sólo se añadieron 50 ha en el norte del país.
Se promedió un rendimiento de 4.500 kilos por ha, levemente por encima del logrado en 2010.

En esta nueva campaña hay más de 70 productores que exportan a través de 16 empresas. La mayoría son productores-exportadores, con unas pocas empresas que son solamente exportadoras. El 75% de la fruta la exportan dos empresas del norte, Gamorel SA y Midgold SA, y el otro 25% otras 14 empresas. El 85% de la fruta exportada se produce en el norte y el 55% de la superficie productiva está en esa zona del país.

Ozer Ami, además de aportar esos datos, comentó que en 2011 hubo en general un buen clima, como en 2010, y que la cosecha comenzó en la primera semana de octubre y se extenderá hasta mediados o fines de diciembre con fruta generada en el sur.

En el gráfico se aprecia que de 2003 a 2011 el ingreso de divisas por exportaciones creció, salvo de 2008 a 2009 cuando cayó un poco, con un fuerte crecimiento de 2009 a 2010 y otro acotado para 2011 llegando a US$ 15,8 millones.

En relación a los volúmenes exportados siempre hubo un crecimiento, que de 2010 a 2011 será muy menor al que hubo de 2009 a 2010, estando previsto enviar al exterior 2,5 millones de kilos.

En el pago se logró un pico de US$ 12,2/kg en 2004 y luego se consiguieron valores menores, estimándose para la fruta de 2001 un promedio de US$ 6,3/kg.

Ozer Ami reflexionó que “la limitante en el crecimiento esta dado sobre todo por la disponibilidad de mano de obra, la productividad de la misma y la logística marítima hacia Estados Unidos”. Tan grave es ello que “año tras año quedan en los arbustos 700 mil kilos sin cosechar”.

En relación al destino –y por razones logísticas– Uruguay se volcó en mayor medida a enviar a Europa. El 43% se vendió a Europa continental, el 42% a Estados Unidos y Canadá, el 15% a Inglaterra y menos del 1% a Asia, indicó.

“Asia sería un buen destino, pero las autoridades sanitarias uruguayas no autorizaron exportaciones a Hong Kong durante buena parte de la zafra”, lamentó. Asia “paga un diferencial, pero es más exigente en calidad”.

El precio de la fruta fresca, en general, esta estable en el mercado internacional. “Hay mala información en el mercado estadounidense y muchas veces los importadores dejan crecer los inventarios en sus depósitos y luego venden apresuradamente para que la fruta no pierda calidad y ahí hay una pérdida de precio. En Europa ha estado muy complicado el mercado por la baja de las ventas debido a la crisis”, aclaró.

Costo productivo subió 11%.

El productor comentó que, en relación al año anterior, el costo de producir y exportar un kilo de arándanos aumentó un 11%.

“Con un dólar que ha bajado su precio, la cotización del euro en caída y el precio de la fruta que no aumenta, la rentabilidad está amenazada. Solo los productores más eficientes se mantendrán, los que apuestan a
mayor productividad, recambiando variedades”.

Sobre si hay emprendimientos activos o proyectados para industrializar arándano y no exportarlo solamente “fresco”, dijo que se exportan arándanos congelados con destino a la industria y que la industria nacional consume unas 50 toneladas al año. Admitió que hay proyectos para industrialización, pero el volumen que demandaría el mercado interno es altamente insuficiente para que sean rentables; en todo caso, deberían complementarse con otros rubros, apuntó.

Hoy por hoy las principales adversidades del sector son “los altos costos país, la falta de una política de largo plazo hacia la fruticultura de exportación existiendo una clara incertidumbre, la escasez de mano de obra y la baja productividad en el sistema de producción actual del país”.

En ese marco instó a cambiar el sistema de producción a variedades más concentradas, escalonadas, con mayor tamaño de fruta, que admitan una recolección de mayor rendimiento en kilos por jornal”.

El marco laboral vigente en el país, en relación a esta actividad, “no estimula la productividad del trabajador ni incentiva a la empresa que busca aumentar la productividad”, afirmó.

Reflexionó que “en un rubro intensivo siempre será una limitante la mano de obra en un país como Uruguay, que no crece demográficamente”, por eso “habrá que desarrollar variedades y maquinaria de cosecha, la clasificación, el empacado y la logística para mecanizar la actividad, el mundo tiende a eso, no debemos quedar afuera de ese camino”.

Finalmente subrayó el valor del apoyo que el sector recibe de Uruguay XXI, para estar en las principales ferias internacionales, y de Diprode, concretamente por el programa de preembarque con el USDA.

Una dura batalla.

Cuando se produjo el estudio de factibilidad de la producción de arándandos se dijo que el rinde que se obtendría, cuando el cultivo alcanzara su estado adulto, sería de 8.000 kg/ha o más, algo que muy pocos han logrado.

También se dijo que se lograrían de US$ 10 a US$ 12 por kilo de fruta exportada y se está obteniendo el 50% de ese monto. Esta situación que se agrava con la tendencia de descenso en la cotización del dólar.

En aquel entonces (hace unos 10 años) el costo de la mano de obra era también la mitad del actual y creció mucho en términos reales año a año, sin que sea ese el único costo productivo creciente: creció el precio del combustible, el de la tierra y el del fertilizante y lo hizo en forma ostensible.

Muchos productores abandonaron.

La calidad del arándano cosechado “es buena”, con un volumen “elevado en comparación con otros años” y rindes “también superiores” (3.500 a 7.000 kg/ha), comentó la agrónoma Pilar Milesi, productora y asesora de productores.

La experta acompañó a El Observador Agropecuario en una recorrida por un predio productivo cercano a la ruta 75 (Pando), por el suyo (próximo a la ruta 11 en Atlántida) y por uno de los cuatro predios de la compañía UAG (cercano a la Interbalnearia, en Fortín de Santa Rosa), donde gerencia la División Arándanos.

Los productores asesorados por Pilar tienen sus quintas en Artigas, Canelones, Maldonado y San José. Afirmó que la fruta obtenida en cada una de esas zonas es homogénea y que casi la totalidad de los productores con los que trabaja son inversores que no pertenecen al sector agropecuario y que la contrataron para coordinar los manejos productivos.

Explicó que si bien en las quintas hay amplia mayoría de plantas no patentadas, de a poco van ganando espacio las patentadas, que permiten mejor rendimiento y calidad y que demostraron mayor precocidad: al año y medio de plantadas es posible obtener una cosecha interesante, mientras que en las no patentadas los rendimientos aumentan cada zafra en forma más lenta.

“Este año, a campo y en el packing, el gran problema fue la mano de obra, muchas plantaciones han tenido la fruta pronta para cosechar y no han encontrado gente para trabajar, y justo en un año de mayor producción”, reflexionó.

El proceso productivo, sintetizó, comienza con la preparación del suelo.Se requiere un ph ácido y hay que añadirle aserrín, cáscara de arroz o chips para dar mayor porosidad, mejorando la textura para favorecer el crecimiento de las raíces. Se hacen camellones (lomos de tierra en cuya parte superior se ubican las filas de plantas) y se planta cada un metro en la fila y con una separación de 3,30 metros entre las filas, lo que permite un confortable laboreo del tractorista y de los equipos de cosecha. También se instala un sistema de riego por goteo que permite suministrar en forma simultánea el fertilizante.

La vida útil de la planta oscila de 15 a 20 años. En el recorrido por las tres quintas se pudo observar desde plantas recién instaladas y que no han llegado a su etapa productiva y otras de cinco años, de gran follaje y mucha fruta, que en altura superan a la de las personas que recogían los pequeños frutos azulados.

Pilar señaló que en el sur del país predominan productores con dos a 10 hectáreas y lamentó que, por diversos factores, “el área cultivada no sólo no está creciendo, sino que hay varios productores que han abandonado sus cultivos”.

Consultada sobre esos factores, citó el aumento de los costos explicado principalmente por el componente mano de obra, los bajos precios de venta obtenidos, el descenso en el valor del dólar y que cuesta llegar a los rendimientos proyectados.

Inversión de US$ 1 millón.

Un ejemplo de las fuertes inversiones en el sector es el packing de Silvan Berries SRL: demandó US$ 1 millón desde que la obra comenzó hace tres años, informó a El Observador Agropecuario el encargado de la planta, Gabriel Andrade.

Está a 5 kms de Pando: a 1,5 km hacia el oeste desde el km 34,5 de la ruta 75. El primer año se montó el área de recepción y una sala de empaque con dos cámaras y en 2010 se amplió la sala de recepción y se instaló una cámara de bromurado (para esto último la empresa se asoció a la firma Casoltir SA).

Tiene capacidad para almacenar 45 mil kilos, pero el manejo es muy dinámico a esta altura de la zafra, hay dos embarques semanales para cualquiera de los clientes, por lo que se puede apreciar un ingreso de fruta desde el campo y egreso de fruta acondicionada constante hacia los puertos de Montevideo y Buenos Aires y hacia los aeropuertos de Carrasco y Ezeiza.

El packing presta servicios a tres exportadores de arándanos (Berries del Sur, IT Uruguay y Blue Sun), recibiendo la fruta que unos 15 productores comercializan a esos exportadores que la colocaron este año en España, Hong Kong e Inglaterra, sin que fuera rentable hacerlo esta vez en Estados Unidos.

La fruta llega del campo en wencos (bandejas rectangulares, de poca altura y divididas en dos que cargan 2 kilos) que conforman pallets con no menos de 120 a 140 wencos, número que facilita la operativa dentro de la planta de packing.

La fruta es sometida a un descenso gradual de temperatura, iniciándose con 14 grados en la sala de recepción (hay fruta que llega con temperatura ambiente y otra enfriada si los productores poseen cámaras), pasando a ocho, luego a seis y finalmente a cero grado cuando queda depositada en cámaras.

La fruta comienza a llegar en la última semana de octubre y el pico de recepción va hasta el inicio de diciembre, aunque de las variedades tardías puede haber remisión hasta el 10 de enero.

Al packing de Silvan Berries SRL arriban arándanos desde Canelones, Carmelo, Maldonado, Lavalleja y San José. Dentro de la planta la fruta es volcada en una cinta, pasa por el calibrador y es controlada en forma manual (a mediados de noviembre hay 50 personas trabajando en dos turnos) para descartar la no apta para exportar. Se envasa en pequeñas cajas etiquetadas (con la correspondiente trazabilidad), que tienen orificios y llevan 125 gramos de arándanos.

La fruta que se exporta por avión y hacia Estados Unidos debe, por exigencia de ese mercado, ser sometida a un proceso de bromurado, que es certificado por autoridades locales y estadounidenses, destacó Andrade.

El 99% de los arándanos se exporta. Sólo va al mercado interno fruta que no tendrá la calidad máxima al llegar al destino tras 30 o 40 días de traslado marítimo o tres o cuatro días de traslado aéreo, calidad que sí tiene si llega al consumidor enseguida.

Riesgo grande.

Mantener una hectárea de arándanos por año oscila entre US$ 6.000 a US$ 9.000, dijo Andrade.

Comentó que este año al inicio de la zafra hubo precios bajos, por debajo de los de 2010, lo que complicó porque si bien los rendimientos mejoraron “aún no colman las expectativas”.

Añadió que “el país tiene un bajo nivel de desempleo y eso nos complicó para ubicar gente para cosechar y para trabajar en el packing, aumentaron los costos al tener que preparar a mucha gente nueva”.

No disponer de mano de obra es riesgoso en una fruta que debe cosecharse de inmediato cuando maduró: “si justo ese día no se encontró gente se pueden perder esos kilos que de pronto eran el margen de ganancia para el productor”.
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