La historia “oficial” acerca del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) Tupamaros y sus acciones, que marcaron a fuego la peripecia del país desde comienzos de la década de 1960 en adelante, está plagada de medias verdades, de mentiras completas, de espacios sin llenar, de contradicciones. Posiblemente esto de mezclar episodios confirmados con otras cosas que no tienen que ver con la verdad no sea privativo del MLN y la historia esté plagada de estos defectos. En los relatos sobre la saga de una de las guerrillas más famosas del mundo como lo fue la del MLN, faltó siempre una voz no menor, la de un hombre que ocupó los cargos más encumbrados de la organización, el único guerrillero que, a fuerza de acciones militares que parecían imposibles, amenazó con hacerle sombra al líder histórico de los tupamaros, Raúl Sendic, y que luego, por 40 años, su nombre y sus dos apellidos, Héctor Amodio Pérez, fueron sinónimo de traición, de entreguismo, de cobardía. Una traición que adquirió, en la voz de sus relatores, una dimensión proporcional al prestigio y al arrojo que se le atribuía en sus tiempos de jefe guerrillero. Entre tantas verdades brumosas hubo una que nadie puso en tela de juicio: de los traidores que el MLN supo admitir, el rey de reyes fue Amodio Pérez.
Amodio Pérez: “Esta es mi verdad y no voy a mentir para hacerla creíble”
El Observador viajó a Madrid para encontrarse con el extupamaro. La entrevista se publica el jueves en un suplemento especial