Arroz: un cultivo competitivo, pero que afronta problemas
La poca luminosidad amenaza a los cultivos en las chacras arroceras, pero las dificultades comerciales en compradores tradicionales del producto uruguayo preocupan todavía más
Nuevas complicaciones y amenazas se ciernen sobre un exigido sector arrocero uruguayo. No es solamente el clima que atrasó las siembras y que tiene muy preocupados a los cultivadores por excesos de agua y falta de sol. O un precio mundial que no se mueve a lo que se suman altos costos que el avance del dólar no puede amortiguar. En las últimas semanas se abrieron frentes en mercados clave que deberán tener a todo el complejo arrocero y al gobierno proactivos y con los dientes apretados.
Los otros juegan y cómo. Estados Unidos quiere ganar con subsidios y lobby lo que ha perdido por una menor calidad en su producción arrocera. Países como Perú y Costa Rica –mercados de alto valor– se vuelven destinos más complicados e inciertos.
A diferencia de otros granos, el mercado arrocero no ha sufrido ajustes relevantes de oferta o cambios en el consumo que hayan permitido avances en los precios, como sí se dieron en años anteriores en la soja, el maíz o el trigo.
En las últimas campañas agrícolas el mundo ha estado bien abastecido mientras la demanda acompaño básicamente a la oferta. Si se observa la relación stocks-consumo –un sólido indicador sobre cómo pueden evolucionar los precios– está claro que la estrategia pasa por altos rendimientos, calidad y acceso a mercados.
Iraq ha sido en los últimos años el principal mercado de exportación para el arroz uruguayo. Ese país necesita importar grandes volúmenes para atender una demanda local que supera con creces su producción. Y el arroz uruguayo ha logrado la preferencia de los iraquíes, algo que también ha sucedido, aunque en menor medida, con la producción brasileña y argentina. Un mercado atractivo como el de Iraq –que paga muy buenos precios– no podía estar ajeno al interés estadounidense. Sin embargo, las compras siguieron favoreciendo a América del Sur o al sudeste de Asia cuando la demanda era por un producto más barato.
En el actual ciclo comercial los agricultores estadounidenses recibieron ayuda de la llamada Farm Bill aprobada en febrero del año pasado por el Congreso. Esta ley crea mecanismos de cobertura ante riesgos de pérdida tanto en rendimiento como en precio y que le dan mayor competitividad a los cultivadores estadounidenses.
Con un crecimiento en la producción respecto a la zafra anterior y pudiendo competir con precios más bajos, uno de los focos estuvo puesto en Iraq. Una licitación ganada por el arroz uruguayo y brasileño en 2014 activó la maquinaria de lobby en Estados Unidos. En ese llamado los exportadores presentaron propuestas por arroz estadounidense a un precio menor que el de Uruguay y Brasil, que igual fueron ganadores. Se activó un fuerte mecanismo de presión desde el Congreso y la Casa Blanca y en el siguiente llamado el arroz estadounidense se quedó con todo el negocio por 120.000 toneladas. Luego hubo otras licitaciones en que ganaron Brasil y Argentina, pero quedó el precedente.
Y la mano del lobby estadounidense no solamente se ve en Iraq, sino también en los mercados de América Central y el Caribe, según señalan los industriales locales. Se nota en México, tradicional mercado para el arroz estadounidense donde Uruguay compite con fuerza. También en mercados que demandan arroz cáscara y donde la producción estadounidense ganó terreno a la sudamericana, especialmente a la brasileña.
En América Central está un mercado que se ganó varios puestos en el ranking de destinos para el arroz uruguayo. Se trata de Costa Rica que se ubicó en el sexto lugar –medido en dólares– como mercado para la producción local destacándose los buenos precios que paga.
El Ministerio de Economía y Comercio de ese país aprobó un decreto por el cual se aumenta de 35% a 62% el arancel a la importación de arroz procesado (pilado), lo que afecta esencialmente a la producción uruguaya y argentina. Igual se podrá seguir vendiendo con el mismo arancel el arroz parboilizado. La medida rige desde el 13 de enero y se extenderá por cuatro años con el objetivo de crear condiciones para la mejora en la competitividad de la producción doméstica. El arancel irá cayendo gradualmente hasta volver al 35% en febrero de 2019. Las industrias y los productores costarricenses habían pedido una suba en el arancel de 35% a 70%. Estados Unidos no se ve afectado por la medida al contar con un tratado de libre comercio con el país centroamericano. Tampoco se aplicará el aumento del arancel los países que representen hasta el 3% de las importaciones en la medida que no superen ese porcentaje.
En Uruguay los molinos arroceros están desde hace tiempo trabajando junto a Cancillería por este tema. Hubo empresas en Costa Rica que impugnaron el decreto algo que también habrían hecho Argentina.
Se espera por una propuesta de Cancillería al Poder Ejecutivo, aunque no está claro si se tomará una decisión antes del cambio de gobierno. Ya cuando el tema estaba en análisis en Costa Rica el sector industrial uruguayo presentó su posición contraria a la suba del arancel. Incluso, estuvo en el país una experta que actuó como mediadora. Un punto a favor es la resistencia interna que tiene la medida entre los consumidores costarricenses.
Un editorial del 12 de enero del diario La Nación remarcó que se trató de una decisión “errónea” destacando que –hasta la aprobación del decreto– el arroz importado era 20% más barato que el de producción nacional. Además, remarcan que ya la Organización Mundial de Comercio (OMC) había recomendado a Costa Rica que liberalizara el mercado de arroz y suprimiera los aranceles. Existirían, entonces, antecedentes como para pedir un panel ante la OMC y una base de descontento entre los consumidores y comerciantes en ese país.
Desde Perú también hay negociaciones abiertas por el sistema de bandas de precios que aplica ese país para las importaciones de varios productos, entre ellos el arroz. El mercado peruano es el segundo en importancia para las exportaciones arroceras uruguayas detrás de Iraq. Los consumidores de ese país aprecian especialmente al arroz uruguayo. Es así que las ventas hacia ese país han caído moderadamente a pesar del alto incremento en los cargos de importación.
Lima toma como referencia el precio del arroz tailandés y un costo teórico de flete que es cuestionado por Uruguay. El gobierno ha insistido con la negociación bilateral aunque sin demasiados resultados. Otros países, en cambio, optaron por otra estrategia. Fue el caso de Guatemala que presentó a fines de 2013 un planteo ante la OMC por considerar que la banda de precios es incompatible con los acuerdos de la organización internacional. En noviembre un panel de la OMC dio la razón en primera instancia a Perú. Y esto es importante porque países que compiten con Uruguay en el mercado arrocero peruano –como Argentina y Brasil– sí acompañaron la denuncia de Guatemala. Y se beneficiarían si la OMC deja firme su decisión.
No es algo que vaya a tener impacto en el corto plazo pero es una amenaza potencial. Hasta el momento el gobierno continuó con su lógica de negociación bilateral sin que haya resultados a la vista.
La clave está en países difíciles
La dupla Iraq-Irán sería una de las mejores noticias para el sector arrocero local en 2015. En la zafra 2013/2014 (que va hasta fines de febrero) no se dieron colocaciones a Irán. El endurecimiento de las sanciones de las potencias occidentales acota las posibilidades de intercambio y, especialmente, del cobro de las operaciones al no haber acuerdos entre los bancos centrales de Uruguay e Irán.
Se esbozó ante eso la posibilidad de un acuerdo de petróleo por materias primas pero sin resultados visibles. El mayor interés se dio por parte del arroz y la lana. Es así que las posibilidades de negocios se basan en complicadas ingenierías comerciales por parte de brokers mayoritariamente europeos.
Desde hace casi un año que Irán se ha retirado del mercado internacional. Sin embargo, se espera que a partir de febrero o marzo vuelva la demanda desde ese país.
El presidente José Mujica dijo hace meses al justificar la llegada de presos de Guantánamo que quizá Washington podía mirar hacia otro lado en posibles negocios entre Uruguay e Irán. Sería una buena señal aunque es seguro que no estaremos solos. Argentina –con una coyuntura interna signada por acuerdos comerciales-políticos secretos con Irán– reclamará un lugar y así también lo harán los cultivadores estadounidenses.