Artiguenses viajan a Brasil para tratarse por consumo de drogas
En el departamento hay pocas posibilidades de tratarse por adicciones
Comenzar un tratamiento de rehabilitación del consumo de drogas, es una decisión difícil que a veces implica varios golpes en la vida para tomar conciencia, o apoyo de la familia. A los jóvenes de Artigas, hoy se les suman las dificultades que tienen para encontrar un lugar de tratamiento en su departamento y por eso muchos optan por viajar a Brasil, cruzando el puente, para poder salir adelante en la batalla contra las drogas.
Luis Alberto Del Valle es un padre que hace 20 años lucha por sacar adelante a su hijo, quien es maníaco depresivo y además comenzó a consumir diversas drogas. Al tener una patología psiquiátrica asociada al consumo, no puede ingresar al centro Casa Abierta que se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad artiguense. Esta situación se repite en muchos padres del departamento, dijo Del Valle a El Observador.
La directora del centro de rehabilitación, Mónica Ledesma, explicó que allí se trabaja con jóvenes de forma ambulatoria o con internación. El centro cuenta con 17 camas donde se reciben jóvenes de Artigas, Salto, Tacuarembó, Paysandú, Cerro Largo y Rivera y actualmente tiene seis personas internadas de varios departamentos. Otros seis están en régimen ambulatorio.
Para ingresar la persona debe estar desintoxicada, lo que implica una semana de internación en el hospital departamental, así como reuniones con la familia.
A su vez, no puede tener una enfermedad asociada o “patología dual”, ya que no están aptos para trabajar con ellos. Por lo tanto son derivados a Montevideo. El tiempo de internación dura tres meses durante los cuales realizan talleres de inserción laboral, y el joven se puede ir si lo solicita. En el sistema ambulatorio se atiende al joven y a la familia en la ciudad una vez a la semana.
Para internarse, el joven debe ser evaluado por el equipo médico del hospital que envía los informes al centro, quien evalúa si el perfil es adecuado para la internación.
La directora de salud departamental Teresa Laens, comentó que “no hay un centro de rehabilitación” departamental ya que Casa Abierta “no necesariamente es un centro de internación” y a pesar de que es un regional, “nunca está totalmente lleno” y trabaja “holgadamente”.
“A nosotros se nos abrió una gran expectativa cuando ese proyecto se puso en marcha. Pero sigue habiendo tremendas dificultades para que atiendan adictos” dijo Del Valle.
“Para entrar tenés que estar limpio, pero cuando estás en una situación extrema y lográs convencer a un muchacho, tenés que internarlo de inmediato si no después es muy difícil” prosiguió.
Esto lleva a que las familias optaran por llevar a sus hijos a centros privados ubicados en Quaraí, Livramento o Alegrete, entre otras ciudades brasileras. La cantidad de artiguenses en estos centros a veces llegan a 10, según pudo confirmar El Observador.
Si bien los precios son diversos, la cuota mensual de un centro de rehabilitación brasilero ronda en los $7.500, a lo que se suma el transporte para los días de visita, comida y otros elementos que lleva la familia.
Del Valle gastaba unos $11.000 pesos mensuales por su hijo, pero comentó que era la mejor opción ya que en Uruguay “no bajan de los $25.000” los centros privados que en su mayoría están en Montevideo y Área Metropolitana.
El jefe de policía Hugo Ferreira, comentó que el panorama es muy “pesimista” en el departamento.
En sus ocho años de experiencia en el departamento, relató que vio gran cantidad de jóvenes que se van a Brasil para rehabilitarse ya que “no hay oportunidades ni oferta de casas de rehabilitación” como ocurre en otras ciudades donde por ejemplo ONG’S cuentan con centros.
“Acá un joven de bajos recursos no tiene opciones de rehabilitación” explicó.
El hecho de ser uno de los departamentos más pobres del país, con bajas ofertas de trabajo, alta deserción estudiantil y facilidades para cruzar la frontera, son elementos claves para que los jóvenes se inicien en el consumo de diversas sustancias, que muchas veces los llevan a la cárcel, explicó Ferreira.