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ASSE enfrenta por estos días dos conflictos urgentes: las ocupaciones del gremio de funcionarios y la inminente renuncia de 60 cirujanos de las puertas de emergencia de los hospitales. Pero si alguien guardara en un cajón todos los problemas que hubo desde la creación de este servicio descentralizado encontraría varias decenas de asuntos enmendados, a medio resolver o fallas latentes a punto de estallar.

Un repaso de lo que va de este año arroja: pediatras que piden más recursos de enfermería y mejores instalaciones en los CTI de niños; falta de infraestructura, seguridad y dificultades para cubrir puestos en las policlínicas barriales; falta de camas y personal que determina muertes evitables en los CTI; el reclamo infaltable de las emergencias móviles cada año por esperas de hasta 10 horas para acceder a los hospitales; contenedores que se suponía aliviarían la demanda, pero que demoraron y luego nunca se inauguraron.

Hay temas que se arrastran desde hace años y por eso ya no sorprenden, pero persisten. ASSE tiene casi la misma cantidad de usuarios que el mutualismo, pero es dueña de solo 25% de las camas de CTI del país. Por eso gasta en promedio US$ 1.500.000 por mes en alquilar camas ajenas.

Faltan recursos humanos en el organismo porque los privados ofrecen mejores salarios y condiciones laborales. Por esa falta de personal hay tomógrafos y salas de parto sin utilizar.

Así como en 2009 hubo 3.000 cirugías atrasadas por falta de anestesistas, ahora hay 300 solo en el Pasteur por falta de salas. En ese hospital de la capital, como en muchos del interior, urge una reestructura edilicia que impida, al menos, que se deban clausurar espacios por caños rotos.

Más allá de los cambios de autoridades y las alianzas políticas, ASSE tiene a los gremios marcándole el paso. El Sindicato Médico ya dejó de lado su tono políticamente correcto y realiza críticas constantemente. La Federación de Funcionarios se mantiene firme en su exigencia de más personal y más salario para los no médicos.

En los centros de salud públicos, además, se concentra buena parte de los problemas más acuciantes de la salud de la niñez: falta de controles durante el embarazo, sífilis congénita, prematurez, mortalidad infantil.

El presupuesto del organismo pasó de US$ 180 millones en 2005 a US$ 800 millones en 2012, y 300.000 usuarios migraron al mutualismo desde la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud. Aunque no hay indicadores disponibles para medir un eventual aumento de la eficacia en la gestión, parece evidente que más dinero y menos usuarios no derivaron en una mejor gestión.

ASSE se creó como servicio descentralizado en 2007. Es decir, es producto de los dos gobiernos del Frente Amplio. Seguramente se trate del único nicho libre del “neoliberalismo de los 90”, esa herencia maldita que el oficialismo evoca cuando no encuentra respuestas a los problemas que le competen.

La mirada oficialista
Sin el argumento de la herencia maldita bajo la manga, en distintos sectores del Frente Amplio han ensayado explicaciones a la falta de resultados en ASSE. Según pudo saber El Observador, en el Frente hay “mucha preocupación”, pero eso no ha cristalizado en una postura oficial.

Uno de los frenteamplistas más críticos ha sido el diputado del Movimiento de Participación Popular, Álvaro Vega. En 2011 presentó un proyecto para cambiar la integración del directorio de ASSE de cinco a seis miembros para que el gobierno fuera mayoría en el directorio de ASSE, pero no tuvo eco. En un informe que presentó en junio a su bancada, Vega afirmó que la descentralización “es un paso, pero no alcanza para lograr los objetivos”.

“La excesiva centralización de decisiones y una trama de disposiciones legales para realizar compras, reparaciones, etcétera, no permite que se asuman rumbos con la prontitud que requiere la asistencia médica”, agregó.

El senador de Asamblea Uruguay, Luis Gallo, participó de la creación de la reforma y es otro de los que ha expresado críticas al funcionamiento del organismo. Para él, las fallas radican en que ASSE “es muy grande y sigue estando muy centralizado”.

Al igual que Vega, considera que hay que “rediseñar para regionalizar y dar autonomía”. Gallo dijo a El Observador que las jefaturas de las unidades ejecutoras deben ser concursables, “o al menos tener cuidado en las capacidades de los que van a liderar”. También reconoció que en estos años hubo “gestiones equivocadas, que priorizaron algunas áreas en detrimento de otras, y que hoy explican las dificultades asistenciales” en los hospitales.

El vicepresidente de ASSE, Enrique Soto, escribió hace tres meses un documento en el que coincide en crear cargos concursables. Soto, frenteamplista independiente, se preguntó si no hay que hacer “correcciones a la reforma”. Cree que hay “falta de equilibrio” en el directorio y que se debe “retomar el control” del organismo.
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