ver más

Mientras la atención del mundo vira hacia otras tragedias como el coronavirus de China que se propaga por el mundo, Australia empieza a medir el impacto de los incendios que arrasaron con gran parte del país.

En el verano negro australiano hubo 33 personas muertas y se estima 1.000 millones de animales, y la destrucción de 10 millones de hectáreas, más 2.500 viviendas.

¿Qué está pasando actualmente? La ola de incendios está controlada y en algunas zonas se sucedieron tormentas casi apocalípticas, con lluvias que inundaron territorios enteros, sobre todo cerca de Sidney.

Se calcula que al menos 18 millones de personas (tres cuartas partes de la población) se han visto afectadas por la tragedia y la recuperación está siendo prácticamente de cero en muchas regiones, según un estudio de la Universidad de Australia. 

Existe el temor, además, de que el fenómeno podría repetirse cuando sobrevengan nuevamente las altas temperaturas provocadas por  el cambio climático. 

AFP

¿Qué están haciendo los australianos a partir de la tragedia? La gente intenta reconstruir sus vidas en una Australia que ya no será la misma. Y en algún sentido es esperable que no lo sea, porque se deberían hacer cambios y tomar medidas para evitar este tipo de tragedias.  

Por lo pronto, es de esperar que la economía se aleje de los combustibles fósiles y la explotación de metales, exportados principalmente a China. Asimismo, los cultivos que requieren mucha agua, como el arroz y el algodón, probablemente ya no sean priorizados, aunque no hay una definición al respecto.

El crecimiento económico en Australia ha sido permanente desde hace más de 28 años hasta 2019. En esta época de vacaciones, el turismo (con una facturación anual de más de € 60.000 millones antes de la tragedia), fue el primer sector afectado. También la agricultura por su directa relación con el clima.

Lo cierto es que muchos australianos están reedificando o consiguiendo viviendas en sustitución de las perdidas, cambiando sus fuentes de trabajo en función de las nuevas realidades, tomando previsiones en cuanto a abastecimiento de agua y reorganizando sus familias de manera de actuar más eficientemente ante emergencias.  

Todavía el humo y las cenizas impiden que algunas personas trabajen y hay bajas por enfermedad. Hubo una perdida de productividad, al menos en la costa este del país, donde se concentraron los incendios. 

En materia de construcción, se están estableciendo reglamentos más estrictos y se evidencia un creciente interés por los diseños que ofrecen protección contra incendios forestales. Las entidades reguladores están analizando si las propiedades comerciales también necesitan mejorar su infraestructura a prueba de incendios, según The New York Times.

Impacto psicológico

El gobierno conservador del primer ministro Scott Morrison aún no ha dado pasos convincentes de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero no así la población que empieza a tomar más conciencia del impacto real del cambio climático.

Entre dolidos e indignados, los australianos han dejado de pensar en el cambio climático como un concepto abstracto o entelequia, sino como un azote con potencial de alterar sus vidas, como acaba de ocurrir.

Según el estudio universitario, solo 27% de los encuestados declaró tener confianza en el gobierno, y el apoyo a la construcción de minas de carbón cayó del 72% antes de la crisis, a 57% en enero pasado. 

La tragedia deja su impacto en la psique nacional. De un entorno copioso en árboles, gran parte de la población ha pasado a rodearse de decenas de millones de hectáreas incineradas, que recuerdan día a día las pérdidas sufridas a todo nivel. El paisaje es desolado, triste, amargo y asociado al temor.

El gobierno ha anunciado la provisión de un fondo inicial de € 1.250 millones para la reconstrucción, pero se estima que no será suficiente. 
De todas formas, en términos contables, Australia es uno de los países más ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y, por ende, contaría con suficientes recursos para superar el desastre. 

No es fácil vivir en un país así, devastado, con su rica fauna y flora disminuida, con incertidumbre sobre cuál es la mejor forma de afrontar el futuro. Pero los australianos lo están haciendo.  

Las noticias sobre las consecuencias de los incendios han sido desplazadas por otras de gran impacto en el mundo, pero lo más probable es que el daño ya provocado y el debate que disparó en torno al cambio climático nos acompañe por un buen tiempo.   

Temas:

Australia cambio climático Gobierno

Seguí leyendo