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Nos enocnotramos en 1864 en la ciudad de Nueva York. La Guerra de Secesión sigue dando estertores, pero el Sur se niega aún a rendirse. Abraham Lincoln planea la reelección, al mismo tiempo que el abolicionismo es discutido fervorosamente en las calles con disturbios violentos que terminan con ahorcados en las esquinas. La corrupción campea.

En este contexto es que se ambienta Copper, notable serie creada por Tom Fontana y Will Rokos, que sigue las aventuras de Kevin Corcoran (Tom Weston-Jones), un inmigrante irlandés, ex soldado de la Unión, devenido ahora en policía neoyorquino (o un “polizonte” que sería más o menos la traducción literal de Copper). Al margen de los distintos casos que Corcoran y sus detectives van solucionando, también se desarrolla su propia historia: al volver de la guerra encontró a su hija muerta y a su esposa desaparecida, caso que da cuerpo a casi toda esta temporada. Pero la historia es incluso aún más compleja.

Aristócratas, prostitutas y complejidad
Copper es una serie que se desarrolla a partir de sus personajes y, como se estila en estos tiempos de televisión compleja, cuenta con no menos de media docena de protagonistas. Cada ramificación de las historias que ocupan esta primera temporada –que en nuestro país será exhibida por FOX antes de que termine el año– se desarrolla a partir de los personajes.

Al protagonista se le suman varios compañeros, a saber: Robert Morehouse (Kyle Schmid) es el antiguo superior de Corcoran en el ejército, que perdió una pierna en batalla, y ahora forma parte de la aristocracia neoyorquina. Un personaje bastante esquivo, del que nunca se puede adivinar de qué pie cojea, notablemente interpretado por el canadiense Schmid (y por lejos, el mejor personaje de la serie).

Elizabeth Haverford (Anastacia Griffith) es una rica ciudadana de la ciudad, concentrada en todas las causas sociales posibles pero que no es tan trigo limpio como parece. A su vez, Mathew Freeman (Ato Essandoh) es un negro liberto que estudiara medicina en París y bastante más culto que la media de los personajes de la serie, que oficia de forense escondido para Corcoran. Si bien es el personaje más improbable de toda la serie, es también uno de los más interesantes.

Eva Heissen (Franka Potente) es una prostituta alemana, amante de Corcoran, que hace todo lo que sea necesario para conseguir lo que quiere. Por lejos, es mejor tenerla de aliada que de enemiga. Potente es, además, la única cara reconocible de todo el elenco, por su participación en películas como Blow y La supremacía de Bourne.

Con este puñado de protagonistas, y una media docena de otros algo más secundarios, Copper va construyendo una compleja trama que avanza indetenible a lo largo de los 10 episodios que constituyen la primera temporada. A la investigación de Corcoran de qué ocurrió con su mujer y su hija, se suman los casos puntuales que investiga episodio a episodio, pero al mismo tiempo la realidad de la Guerra Civil –con un atentado rebelde sureño en Nueva York– está siempre presente. Es muy interesante el punto de partida para la construcción de todos los personajes, donde se nota el exhaustivo trabajo de Fontana y Rokos (ambos veteranos de muchas series de TV, tan prestigiosas como OZ o Los Borgia) para ser creíbles en su composición. Ni buenos ni malos, los protagonistas son extremadamente creíbles en su humanidad.

Una mirada histórica con invitados especiales
El contexto histórico no está incluido por capricho. Copper no es simplemente un policial de procedimiento en una época diferente sino que es –al estilo de otras grandes series, siendo la más cercana en concepto el western Deadwood– una reconstrucción de la vida y maneras de una ciudad que ya no existe, la composición mitológica de una leyenda, como es la temprana Nueva York. Es notable lo cuidadoso del empalme ficción-historia, al hacer convivir sin conflictos la parte inventada con los hechos y personajes históricos. Por ejemplo, los reportes de batallas en el frente, la reelección de Lincoln y la aparición como secundario de John Wilkes Booth, quien a posteriori sería el verdugo del entonces presidente.

Este empalme enriquece ostensiblemente una serie que destaca por mérito propio, que ya se ha consagrado como exitosa y que acaba de confirmar su segunda temporada para 2013, cerrando además su primera historia con la conveniente carga de cabos sueltos para desarrollar en el futuro.
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