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Cinco son las especies nativas de Uruguay en peligro crítico, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por su sigla en inglés). De ellas, dos son aves: el albatros de Tristán y el ara azul. Sobre esta última, por ejemplo, el registro oficial más cercano de un avistamiento en el país data de 1951.

Pero no es necesario que una especie llegue a un estado de “riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre”, como define la IUCN al “peligro crítico”, para convertirse en objeto de estudio.

Investigar y conservar
Cuando Averaves surgió hace 10 años, el objetivo era generar un ámbito de investigación y conservación sobre aves dentro la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, hasta entonces inexistente.

“Había una gran demanda estudiantil por la temática, pero pocos docentes especializados”, contó Matilde Alfaro, científica e integrante de la comisión directiva de Averaves.

Hoy, son unos 30 profesionales y estudiantes los que integran esta asociación sin fines de lucro que festeja mañana su década de vida.

Desde el popular hornero hasta el distinguido cisne de cuello negro, los integrantes de Averaves trabajan con las distintas especies de aves que habitan en Uruguay para generar conocimiento y luego difundirlo.

Uno de sus proyectos más conocidos fue el censo de aves que realizaron entre 2001 y 2004 en parques, playas y barrios de Montevideo. Así se supo que pasan por la capital más de 140 especies entre residentes, migratorias y ocasionales, lista que encabezan las palomas, horneros y gorriones.

En la actualidad, por ejemplo, Alfaro integra un proyecto financiado por la Universidad de Kansas, Estados Unidos, que estudia el batitú usando novedosas tecnologías. El trabajo consiste en capturar ejemplares de esta especie migratoria y colocarles una suerte de mochila en la espalda con un radiotransmisor. Así, mediante un sistema de telemetría, los investigadores monitorean el viaje de estas aves entre Estados Unidos y el norte de Uruguay.

El batitú “es una especie exclusiva de ambientes de pastizal, un hábitat que está desapareciendo por la agricultura y la forestación. De allí su importancia”, explicó la investigadora.

Algo similar sucede con la gaviota cangrejera, otra de las especies que están investigando. “Está desapareciendo principalmente porque tiene una dieta muy particular, que es casi exclusivamente cangrejos, que la obtiene en ecosistemas muy particulares como son los intermareales de las lagunas costeras, los cuales están muy amenazados”, dijo Alfaro.

De igual forma, para el próximo año Averaves planifica crear un proyecto multidisciplinario sobre la conservación del cardenal amarillo junto a la organización Aves Uruguay y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Esta ave de simpático canto está en peligro de extinción en Uruguay y, sin embargo, no es raro ver ejemplares a la venta en ferias o páginas web de subastas.

En este sentido, Alfaro destacó como uno de los esfuerzos más importantes de Averaves la educación ambiental y ecológica de escolares y liceales. Es a través de este tipo de actividades que la asociación intenta difundir la “grave pero poco conocida” situación de la caza y captura ilegal de aves.

Según la investigadora, cada año la organización va recibiendo más denuncias sobre este tema, lo que los está llevando a plantearse un nuevo objetivo más político que científico: luchar contra el comercio ilegal de aves.
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