Bajó un cambio pero sigue implacable
La ausencia del Cebolla y un par de debilidades defensivas lo hicieron sufrir; lo rescataron sus propios conceptos
Las ausencias de Guillermo Varela en el lateral derecho y de
Cristian Rodríguez en el medio, afectados a la selección uruguaya, se notaron.
Sobre todo la del Cebolla, porque su sustituto, Guzmán Pereira, hizo jugar al equipo un cambio abajo con respecto a los últimos partidos.
El ex Wanderers acusó la falta de fútbol desde el arranque cuando cometió una falta al borde del área y poco después entregó mal una pelota generando un rápido contraataque que le costó a Lucas Hernández ser amonestado.
En nueve minutos, Sud América dispuso de dos tiros libres sobre el borde del área pero no pudo capitalizarlos.
En cambio, el buzón sí le sacó jugo a su planteo cauteloso, un 4-1-4-1 con Agustín Camargo como volante tapón, dos internos –el argentino Mariano Miño y Agustín González– que esperaron el momento justo para salir a presionar a Walter Gargano y dos punteros que jugaron constantemente replegados para evitar el desdoble de los laterales aurinegros.
Una clara pauta de que los equipos estudian cada vez más al detalle a este Peñarol en el cual el argentino es una pieza clave moviéndose por detrás del 9 (Lucas Viatri), conectándose con los externos y a la espera del mínimo espacio para castigar con remates de afuera del área o para explotar las calles que le puede abrir el inteligente pivoteo de su compatriota, referente neto de ataque.
Sud América no se arriesgó a presionar arriba a Peñarol. Lo esperó en su campo y tejió un entramado de piernas en la mitad de la cancha cada vez que el líder iniciaba sus ataques con la prolija circulación de pelota de Gargano.
Fue 45 minutos un animal al acecho. Un equipo peligroso cuando pasó de defensa a ataque con el espacio a su favor. Tiró tres zarpazos (dos con remates de afuera -Melazzi y González-) y uno en pelota quieta donde Dawson se revolcó para sacarla abajo. Estuvo tan cerca como Peñarol.
Pero en el segundo tiempo, Peñarol apretó el paso. Aceleró movido por las circunstancias y se hizo naturalmente más profundo. Con Estoyanoff punzante, con Rossi metido en los circuitos. Con los argentinos en modo desnivelantes.
Dos veces se puso en ventaja. Pero dos veces sus cavilaciones defensivas le permitieron a Ruben Bentancourt igualar el encuentro. Primero quedó muy libre de marcas tras un rebote en Ramón Arias en un espacio no cubierto por Formiliano ni Corujo. Después el centrodelantero le robó la pelota a Fabricio Formiliano en la salida. Como para volver a recordarle al mundo su parecido con Edinson Cavani: sacrificio en la presión, precisión en la definición.
El aurinegro se había adelantado a través de Rodríguez quien apareció por sorpresa en el segundo palo tras gran centro de Rossi y anotó de cabeza para el 1-0. Después fue Viatri el que aprovechó la clase de la Fiera para sacarse un hombre de encima en el área y sacar un tiro áspero, indefendible para Rolero.
Con el partido 2-2, Cristian Palacios –una vez más desde el banco– volvió a encargarse del asunto. Es el plus de calidad que tiene Leonardo Ramos en el plantel. El famoso cambio que cambia. Y Palacios siempre cambia: lo que toca por goles. No pudo en su primera jugada de campo -tras pase vertical y profundo de Estoyanoff- porque el palo se lo negó. Pero a través de un penal (bien cobrado por empujón de Mauricio Felipe al Lolo) muy bien ejecutado sentenció el partido: 3 a 2.
Peñarol no fue lo mismo sin Varela -más allá del buen primer tiempo de Corujo, presente en dos de las tres chances de gol- ni el motor del Cebolla, que dinamiza el juego ahora como interno y marca la intensidad con la que juega el equipo. También mostró debilidades en el fondo que hasta ahora no había tenido. Pero sigue invicto, sin puntos perdidos en nueve juegos y bien apegado a una línea de juego con la cual sus intérpretes de calidad sostienen en prefecto equilibrio el estilo con el resultado.