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El dato de inflación de junio sorprendió a los analistas. La baja en el precio de los alimentos durante el último mes permitió compensar con creces el efecto de un dólar más alto sobre los precios al consumo. El Banco Central, por su parte, mantiene su visión de un contexto internacional que propicia un dólar más bajo y califica de “circunstancial” la apreciación de la divisa.

En el comunicado posterior a su reunión trimestral, el Comité de Política Monetaria (Copom) reconoció “la creciente incertidumbre y la mayor volatilidad” del contexto internacional, pero sostuvo que los fundamentos muestran “un marco general de muy bajas tasas de interés y de dificultades de crecimiento en las economías desarrolladas”.

La desaceleración de las economías emergentes, contribuye además a una caída de los precios internacionales. “La presión inflacionaria externa parece, entonces, reducirse”, concluyen las autoridades. Y de hecho, el dato de inflación correspondiente a junio difundido ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE) parece corroborar su visión.

La inflación en junio fue de 0,3% lo que moderó el alza interanual de 8,06% en mayo a 8% en la última medición. Si bien algunos rubros muestran claramente el efecto de la suba de 10,4% en la cotización del dólar en los últimos dos meses, la baja de 1,17% en el precio de los alimentos , compensó la suba.

De esa manera, el aumento del transporte de 2,08% respecto a mayo, el encarecimiento de los muebles y productos para el hogar de 1,12% y el ajuste de 1,42% en artículos y servicios de recreación y cultura, quedaron escondidos detrás de la baja en los comestibles.

Según cálculos del instituto Cinve, lejos de moderarse, la inflación tendencial registró en junio una “fuerte aceleración” al pasar de 8,58% en mayo a 8,98% en la última medición, casi tres puntos por encima del rango meta del gobierno, de entre 4% y 6%.

“Las presiones se intensifican y los riesgos inflacionarios en el mediano y largo plazo son mayores”, advierten desde el centro de investigación. Eso justifica que las autoridades no se hayan plegado al giro expansivo de la política monetaria de Brasil, que busca impulsar a través de una tasa de interés más baja, el consumo y la inversión, para revertir la desaceleración de la economía.

Para el economista Aldo Lema, socio de Vixion Consultores, “si bien el escenario externo es hoy más incierto y hay un menor crecimiento, todavía la actividad local no muestra un deterioro tan importante como para que se moderen las presiones inflacionarias”.

Pero eso no quita que el BCU enfrente un dilema. En un marco en el cual el dólar en Brasil se aprecia más que a nivel local por la acción activa de su gobierno, las autoridades uruguayas señalan que prestarán “particular atención al equilibrio de estabilidad y competitividad”.

Para el analista Alfonso Capurro, de la consultora CPA Ferrere, “el contexto actual es muy restringido” y las tensiones entre la inflación y el tipo de cambio comprometen el accionar del gobierno. Sin embargo, señaló que la baja en el precio de los alimentos da “un poco más de margen” en caso de agravarse la crisis externa. “Si la crisis se recrudece, es posible absorber de otra manera la apreciación del dólar”, señaló.

Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte, sostuvo que la política todavía puede contribuir en el área salarial, de cara al comienzo de una nueva ronda de negociación en 42 de los casi 200 grupos de actividad. “Un ajuste por inflación o un aumento del poder de compra no mayor a 1% es una condición necesaria para que la inflación baje y deje espacio para bajar la tasa ante un contexto más negativo”.

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