Washington Vega, jefe de seguridad de Peñarol, llegó en la noche del martes a la sede de la Dirección General de Información e Inteligencia con ensalada y churrascos, frazadas, colchones y un blíster de pastillas para dormir. En una habitación, cuatro jugadores de Peñarol pasaron la noche. En otra, durmieron cinco de Nacional, para evitar, de esa manera, un segundo round. Pero al día siguiente, en el juzgado de la calle Bartolomé Mitre, los ánimos ya estaban calmados. Ninguno de los 11 jugadores indagados acusó a un rival por una agresión. Los puñetazos ante las cámaras fueron reemplazados por los saludos cuando se cruzaban en el camino a la indagatoria.
Boxeadores en la cancha, caballeros en el juzgado
El clima dentro de la sede judicial entre los jugadores fue cordial