Las preocupaciones sobre el lento ritmo de la actividad económica continúan dominando la agenda política del gobierno brasileño. Tras una batería de medidas para estimular el consumo privado, como la extensión de la reducción en la tasa del Impuesto sobre Productos Industriales (IPI), similar al IVA pero para los bienes durables, que expiraba en junio, así como incentivos crediticios (y un recorte al impuesto IPI) para impulsar la compra de automóviles, las autoridades brasileñas están poniendo su atención en la inversión, que cayó casi 2% anual el primer trimestre de 2012, llevando la tasa de inversión/PIB bajo 19%.
Brasil enciende la maquinaria estatal para inyectar estímulo
Presidenta Dilma Rousseff aceleró su agenda de inversión pública, adelantando compras por US$ 4.200 millones.