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La primera piedra de granizo que pegó en el techo lo despertó. Luego siguieron otras y, al golpe continuo de la lluvia, se le sumó el silbido de las ráfagas de viento.

Como pudo, el granjero de la zona de Joanicó se sentó en la cama en medio de la oscuridad solo interrumpida por los relámpagos. Mientras buscó encender la luz se dio cuenta que la tormenta era grave.

Como pudo salió al balcón de la casa, apenas protegido por el alero del techo a dos aguas. “No salgas”, le gritó su esposa, el otro habitante de la casa junto a él. Vio como pasaban las piedras de granizo hacia el monte de manzanas a punto de cosechar. Lo mismo habría ocurrido con las peras y los membrillos, aunque estos estaban más alejados, hacia el arroyo.

Todo duró siete minutos. Para el granjero, interminables. Cuando cesó la tormenta se preparó para salir a ver el monte. No se hubiera dormido sin verlo.

Las manzanas colgaban cortadas a la mitad y las que quedaban enteras estaban golpeadas o habían estallado por dentro. Todo un año de trabajo perdido. Esta es una de las tantas historias ocurridas cuando la granizada de enero de 2013.

La historia se repite
Destrozado y con los ojos hinchados. Así encontró El Observador Agropecuario a Néstor Lorenzut, un guerrero con mil batallas en la viticultura uruguaya. Recién iba una semana de lluvias intensas y persistentes cuando, con la vista pérdida en un horizonte gris, confesó: “Hoy de mañana fui hasta el fondo de la quinta, vi los destrozos y volví despacito, llorando”.

Con enorme tristeza había confirmado que las pérdidas en el viñedo eran de momento inestimables. Todavía lo son. La botritis apenas asomaba y al daño por enfermedades se le añadía otro no menor: el bajísimo precio por su producto, al menos el que estima habrá pues esta pelea sigue a nivel gremial, pero la lluvia y los mercados parecen que una vez más le dejarán los bolsillos vacíos y nuevas deudas.

Y tanto trepó su desánimo que con gran pena le ordenó a sus hijos, jóvenes e impetuosos, detener –al menos por el momento– la construcción de una cámara de frío. “Esto es catastrófico para la uva, es un cáncer, es terrible lo que pasó”, lamentó.

Eso sucedió en el paraje Cañada Montaña, cerca de la ciudad de Canelones, en la tardecita del martes 4 de febrero pasado. Antes y después El Observador Agropecuario, en una recorrida por un área de quintas canarias en las zonas de Juanicó, Progreso, Cerrillos y El Colorado, percibió varios predios de productores familiares con sus lechugas, acelgas y espinacas bajo agua.

En una de las paradas, en campo del productor Fernando Imperiale, en paraje Echavarría, tras comprobar que el hongo de la uva era ya un común denominador en esos lares, se pudo ver que en una zona con manzanos y perales el anegamiento se convirtió en inundación y el agua alcanzó alturas de casi un metro, con el 25% de la fruta caída y otro tanto pudriéndose.

Resignado, Fernando con énfasis enteró al periodista de su decisión: “ya abandoné un cuadro de manzanos para criar novillos, que es mucho menos riesgoso, y ahora voy a dejar de producir en otro que tiene peras”.
Unos 10 días antes de tomar estos testimonios este enemigo de renovados bríos que tienen los productores, los fenómenos adversos del estado del tiempo cada vez más frecuentes, intensos e impredecibles, habían dado otra bofetada a la gente de esa zona.

En la noche del 24 d enero y en la madrugada del 25 un temporal particularmente fuerte, con lluvia, viento y además granizo, en zonas puntuales de Canelones tiró incluso estructuras productivas.

Al productor Jaime Bosch, quien está a dos kilómetros de Progreso por camino Montevideo, le quedaron los tres galpones en el suelo: “Son 2.700 m2, por suerte estaba sin pollos adentro, ya vino el Banco de Seguros del Estado y ahora hay que esperar”, dijo, admitiendo que pese a estar asegurado igual esto lo perjudicó.

Verónica Villar, criadora de pollos en El Colorado, sobre la ruta 48, comentó: “De los dos galpones uno se vino abajo, por suerte los vecinos me ayudaron a sacar los pollos para el otro, pero igual algunos murieron”. Ella también estaba asegurada, pero se le complicó mucho el manejo.
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