Caída de la capacidad competitiva
Los reclamos del sector productivo por las dificultades para competir, generadas por múltiples claudicaciones gubernamentales, tienen rotunda confirmación en la caída internacional de Uruguay en esa área
Los reclamos del sector productivo por las dificultades para competir, generadas por múltiples claudicaciones gubernamentales, tienen rotunda confirmación en la caída internacional de Uruguay en esa área. El Índice de Competitividad Global 2017-2018, elaborado por el Foro Económico Mundial, muestra al país en el cuarto puesto en América del Sur y en el 76 en la calificación general, estancado en la mitad de las naciones evaluadas. Pero entre los muchos rubros que analiza el estudio, existe un derrumbe preocupante en áreas cruciales, incluyendo todo lo relacionado con el mercado laboral. El foro destaca especialmente la falta de flexibilidad en la determinación de salarios, campo en el que estamos al fondo de la lista, en el puesto 135.
Este factor es decisivo en la pérdida de competitividad junto con la carga fiscal en impuestos y tarifas de servicios públicos, incrementada en exceso desde comienzos de año a través de sucesivos ajustes fiscales. Es resultado de la coincidente rigidez del gobierno y el PIT-CNT en insistir en los convenios por rama de actividad, oponiéndose a rajatabla a la lógica de convenios por empresa cuando así lo convengan los patronos y los trabajadores. Este error se refleja adicionalmente en el rezago uruguayo en otros puntos del capítulo sobre Eficiencia del Mercado Laboral.
Tanto o más ominoso es que, desde el informe anterior, Uruguay cayó del lugar 56 al 70 en atención a la salud pública y en educación básica. El retroceso en la atención sanitaria a la población es consecuencia directa de las ineficiencias en ASSE, que vienen en picada desde el enredado invento innecesario de la reforma del sistema de salud. Igual pozo señala el foro en materia de educación pública, área que se ha convertido en el fracaso más estentóreo, y costoso para el futuro, de los tres gobiernos del Frente Amplio.
No es accidental que en la región el informe sitúe globalmente a Uruguay detrás de Chile, Colombia y Perú, países con gobiernos de diferente color ideológico pero igualmente empeñados en políticas económicas con visión de futuro. Incluyen aprovechamiento al máximo de la inversión privada, campo en el que nuestro país va quedando cada vez más atrás, y una política de verdadera integración económica a través de la Alianza del Pacífico. Los intentos de la administración Vázquez de acercarse a ese exitoso organismo siguen frustrados por sectores frenteamplistas anclados en el pasado y encerrados en el paralítico Mercosur.
El foro señala que las trabas generales a la competitividad están centradas en la alta carga fiscal, la ineficiencia de la burocracia estatal, la rigidez de las normas que dirigen el campo laboral y las carencias en infraestructura. Son elementos negativos sobradamente conocidos pero cuyo mejoramiento el gobierno no termina de encarar con eficacia por varias razones. Lo constriñen las presiones y visiones disidentes que acepta dentro de su Frente Amplio y en el movimiento sindical. Faltan además idoneidad, solidez y realismo en áreas cruciales como las relaciones exteriores, tanto en su aspecto político como en el comercial, el marco laboral, la salud y la educación. Y los hogares y el sector productivo siguen pagando los platos rotos del despilfarro desaprensivo de recursos públicos cuando abundaban, especialmente bajo la administración Mujica.