Por ello resulta interesante el sistema de ahorro que ofrece la firma Campiglia Pilay para aquellos que tienen cierta posibilidad de no gastar todos sus ingresos.
Por ello resulta interesante el sistema de ahorro que ofrece la firma Campiglia Pilay para aquellos que tienen cierta posibilidad de no gastar todos sus ingresos.
Se trata de colocar dinero en un fideicomiso pensado para adquirir un apartamento de uno o dos dormitorios que en 20 años asegura una renta que en promedio prácticamente duplica el valor del inmueble (a precios de hoy).
Por ahora, Campiglia Pilay tiene dos proyectos edilicios. Uno de ellos, que se inauguró hace un par de semanas, se levanta en la zona de Tres Cruces, en la Avenida 18 de Julio y Bulevar Artigas. Se trata de 20 apartamentos (13 de dos dormitorios y siete de un dormitorio).
El otro emprendimiento es en Malvín y se denomina E-Tower. Consta de 32 apartamentos de un dormitorio con un promedio de 55 metros cuadrados, y de otros 32 de dos dormitorios, con 75 metros cuadrados o más.
Actualmente, Campiglia Pilay tiene alrededor de 1.200 clientes y con las obras en marcha ya cubrió a un grupo de mil ahorristas de este novedoso sistema de ahorro para Uruguay, dijo el gerente general de la compañía Javier Vigo, un argentino de 28 años de edad.
“Por la opción de un dormitorio, se paga una cuota mensual de $ 4.400 en 240 meses. Si el apartamento es de dos dormitorios, la cuota es de $ 5.970 en 240 meses”, explicó Vigo.
Aseguró que la propuesta de Campiglia Pilay es más una alternativa de ahorro que de vivienda.
El gerente de la compañía se apoya en números: 70% de los clientes lo hace como un ahorro (para inversión propia, como un complemento de la jubilación o como una contribución para el futuro de sus hijos).
Vigo está convencido de que es una alternativa atractiva de ahorro por el retorno que supone a largo plazo. Por ejemplo, explicó, si un ahorrista del sistema de Campiglia Pilay adquiere un apartamento de un dormitorio en las unidades de Tres Cruces, a los 20 años “termina pagando unos U$S 56 mil por un apartamento de U$S 118 mil. Eso quiere decir que obtiene una rentabilidad cercana al 198%”.
Pero además, el integrante del fideicomiso tiene la opción de poder alquilarlo antes de los 20 años. Estimó que hoy un alquiler, siguiendo el ejemplo del inmueble en Tres Cruces, ronda los $ 12 mil y recordó que la cuota que paga el inversionista es de $ 4.400. Esa cuota se ajusta por el índice de la construcción.
Único requisito
Otra ventaja de esta propuesta de ahorro, según Vigo, es las exigencias que le piden al cliente: solo que pueda pagar la cuota. “El único requisito es presentar la cédula de identidad”, comentó. Aseguró que no presenta un problema no aplicar las exigencias de un banco.
“La gran diferencia con un banco es que no prestamos plata. Se forman grupos de 500 personas , se administra como un consorcio y la construcción comienza según un plan previamente establecido. Por ejemplo, en el primer año se adjudican dos unidades, en el segundo año 14 y así sucesivamente hasta completar los 500 ahorristas de un edificio.
Sobre la falta de un estudio sobre el poder adquisitivo de los clientes, Vigo dijo que lo más grave que puede ocurrir si un ahorrista no cumple sus compromisos es que se produzca un atraso en la adjudicación anual, mientras renuncia al fideicomiso y un nuevo inversor ocupa ese lugar luego de recuperar el capital que ya invirtió el deudor. “El riesgo es bajo”, justificó el gerente de la compañía para argumentar a favor de que no se exijan requisitos para formar parte de un grupo del fideicomiso.
Vigo no quiso responder sobre las críticas públicas que recibió Campiglia Pilay sobre este sistema de ahorro por parte de Consorcio del Uruguay. Dijo que la reglamentación del Banco Central le impide referirse al tema. Consorcio había denunciado que Campiglia Pilay no informaba correctamente sobre su propuesta e insinuaba que por ello no era de fiar.
El modelo de ahorro de Campiglia Pilay es muy seguro, dijo Vigo, pues al ser considerado un fideicomiso financiero tiene controles por parte del Banco Central, lo que supone, además, tener evaluaciones de calificadoras de crédito sobre el negocio en su conjunto.
En ese sentido, Standard&Poor’s califica como “uy BBB (sf)” a los títulos de deuda del fideicomiso (capital inicial) lo que significa que puede afrontar el pago en tiempo y en forma el dinero a los inversores. Care, por su parte, dio una nota BB y destaca que tanto la fiduciaria como la constructora tienen “capacidad de llevar adelante el proyecto” y que el riesgo jurídico es “moderado”.
“La rentabilidad que se puede obtener es mayor a la que ofrece el mercado”, dicen las calificadoras, según Vigo.