Carlos Gardel cumple sus primeros 70 años de eternidad
Carlos Gardel, aclamado con pasión por multitudes en las dos décadas que antecedieron a su muerte el 24 de junio de 1935, es hoy 70 años después, un mito que se mantiene intacto dando sustento a quienes, sin pudor, repiten una y otra vez que "cada día can
Sus 1.500 grabaciones se repiten en las radioemisoras de tres continentes, la veintena de películas todavía ocupan sitio -marginales- en las programaciones televisivas pese a la calidad decadente tras tres cuartos de siglo y su tumba es sitio de peregrinaje ininterrumpido, al igual que los museos que le fueron dedicados en varios países.
Pero es también la pasión de los coleccionadores, la caricatura permanente rodeada de filigranas en los autobuses y camiones de Buenos Aires o Montevideo, el furor permanente por el tango en Bogotá, donde cantó por última vez, y es la imagen del playboy protohistórico enfundado en smoking, con cigarrera de oro y bebiendo a raudales.
La devoción popular le ha hecho ganar decenas de sobrenombres, algunos superlativos y otros irónicos, algunos poéticos. Lo llaman "El Mudo", "El Mago" o el "Zorzal Criollo". Pero para todos es "Carlitos".
Santo, mito, leyenda...
Dos decenas de películas, centenares de grabaciones musicales, interminables giras de años y años por toda América Latina, Europa y Nueva York, miles de presentaciones en cabarets, clubes nocturnos, auditorios radiales y teatros, forjaron el mito del cantante de tangos, latin lover, playboy, galán.
Quizás por ello la tumba de Carlos Gardel en el cementerio de Chacarita, en Buenos Aires, es un sitio de peregrinaje donde muchos lo veneran con devoción casi religiosa.
Latinoamericanos, pero también europeos y hasta japoneses peregrinan al sitio. Para algunos es una atracción turística. Otros llegan con fervor místico y, como si se tratara de un integrante del panteón de alguna religión idólatra, le piden favores y dejan ofrendas.
Uruguay es otro caso, y con particularidades únicas en el mundo. En Montevideo hay una radioemisora en amplitud modulada que transmite seis horas diarias -en doce bloques- únicamente de grabaciones de Gardel. La reconocida "Clarín", con la frase "música de folklore y tango para la cuenca del plata" que popularizó el locutor Derly Martínez.
Y Tacuarembó, la pequeña capital departamental que reivindica ser cuna de Gardel, tiene un canal de televisión por cable llamado nada menos que Telegardel.
"Hay una rica historia en Europa sobre la vida sentimental de Gardel. El tenía una amante millonaria en Francia. En realidad, era una norteamericana de mucha plata que pasaba una temporada en la Costa Azul todos los años", precisó.
Otra sonado romance fue con Mona Maris, un actriz argentina que fue estrella en Hollywood, donde trabajó con Gary Grant y Humphrey Bogart, entre otros galanes, y quien a los 83 años reveló intimidades del "Morocho del Abasto".
Eduardo Morera, primer director de cine sonoro que tuvo el artista por el año 30, decía que "si Gardel le hubiera dado corte a todas las mujeres que lo acosaban, su vida hubiera sido muy corta desde el punto de vista físico".
"Yo conocí a Gardel. El era amigo de mi padre y una vez nos visitó en casa cuando yo era chica (...) Me quedó grabada su imagen: Gardel gordo y peinado con raya al medio".
Clases de gimnasia, partidos de pelota vasca, abdominales y sesiones de trote le dieron su legendaria estampa.
Enrique Pascual, catalán que había sido luchador grecorromano, boxeador, kinesiólogo, violinista y bandoneonista, fue el entrenador de Gardel en la YMCA. "Me parece estar viéndolo, con uno de esos mamelucos de cuello alto que le cubrían hasta el mentón. Usaba, además, una faja de lana que le ayudaba a absorber la transpiración. Prefería jugar a la pelota a mano limpia y puedo asegurar que era realmente bueno en eso", contaba Pascual.
Ya en 1926, en una entrevista con un diario español, Gardel relataba que él había ganado mucho dinero, pero que también gastaba mucho... "he ganado y gano mucho, pero todo se me va. Me gusta vivir bien. Me gusta la bohemia dorada, ser generoso, el cabaret, las mujeres bonitas...¡Y las carreras de caballos !".
A Gardel le gustaba decir que había sido "víctima de los caballos lentos y las mujeres ligeras" y festejaba la ocurrencia con sus contagiosas carcajadas.
Quizás por ello cantaba con pasión incomparable aquel tango en el que recordaba a Palermo, hipódromo de Buenos Aires: "Maldito seas Palermo, me tenés seco (sin dinero) y enfermo, mal vestido y sin morfar (comer)" y en el que recordaba además los "berretines (locuras) que tengo por los pingos (ca