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Unos devastadores incendios en el sur de California (EE.UU.) han dejado al menos un muerto, 750 edificios destruidos y miles de personas evacuadas, en una de las peores emergencias que ha vivido jamás ese estado, informaron hoy autoridades locales.

Desde el lunes, los fuegos han arrasado más de 69.900 hectáreas, un área más grande en superficie que la ciudad de Chicago.

"Esto es un horror y un horror del que necesitamos recuperarnos", dijo durante una rueda de prensa el gobernador de California, el demócrata Jerry Brown, quien se reunió hoy con vecinos del condado de Ventura, al norte de la ciudad de Los Ángeles y uno de los más afectados por las llamas.

Los bomberos han logrado avanzar en el control de este fuego y ya lo dominan en un 15 % de su superficie, según los últimos datos del Departamento Forestal y de Protección contra Incendios de California.

El condado de Ventura ha sido, además, el trágico escenario de la única muerte confirmada hasta ahora por los fuegos.

El centro médico del condado de Ventura confirmó anoche en un comunicado la muerte de una mujer de 70 años, originaria de la localidad de Santa Paula y que, trataba de escapar, cuando tuvo un accidente en el coche en el que viajaba, lo que le provocó graves heridas y le hizo inhalar gran cantidad de humo.

Según los últimos datos del Departamento Forestal y de Protección contra Incendios de California, los fuegos han destruido 750 edificios, han obligado a cerrar decenas de carreteras y llegaron a provocar la evacuación de 200.000 personas, aunque muchas ya han podido regresar a sus hogares.

Unos 8.500 bomberos se encuentran ahora mismo tratando de combatir el fuego con el apoyo de efectivos de otros estados del oeste de EEUU, según el Departamento Forestal del estado.

La carrera de los purasangre

Los cuerpos de los caballos pura sangre yacen alineados a los pies de unas colinas ennegrecidas, donde fallecieron calcinados al no poder escapar de las llamas del incendio Lilac, que arde en el sur de California.

"Fue un infierno. La peor noche de mi vida", lamenta un empleado de seguridad del centro ecuestre San Luis Rey Training en Bonsall, a una hora al norte de San Diego.

Las lágrimas lo ahogan. "Temimos por nuestras vidas", dice. Casi tres cuartas partes de los establos de la zona se incendiaron.

El centro de San Luis Rey alberga y entrena a unos 500 caballos de élite en sus pistas.

El miércoles por la tarde y durante toda la noche, sus equipos hicieron todo lo posible por salvar a estos animales.

"Se trata de las razas más puras, hay varios establos aquí en que cada caballo vale al menos 250.000 dolares", cuenta. Al ver avanzar las llamas, decidieron liberar a todos los caballos para que tuvieran alguna posibilidad de escapar.

El fuego se expandió a toda velocidad, avivado por ráfagas de hasta 130 km/h dignas de un huracán, que arrasaron con colinas enteras en pocos minutos. En total, el fuego consumió unas 1.700 hectáreas.

Había humo por doquier, los caballos tenían miedo, relinchaban, galopaban en círculo, estaban perdidos. "Me golpearon, querían regresar al establo, a su casa (...) pero debíamos espantarlos", relata este empleado bajo anonimato.

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