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La Estación Experimental del Norte del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA Tacuarembó) cerró un acuerdo con su par argentina de Balcarce para “trabajar en forma conjunta en el tema de la mortalidad embrionaria temprana”, confirmó a El Observador Agropecuario Carolina Viñoles, integrante del equipo de investigadores del Programa de Producción de Carne y Lana.

En la actulidad “se pierde entre 40% y 45%” de embriones cuando se hacen entores de 13-15 meses “sin que se entere la vaca, lo que retrasa la preñez de la ternera, que pasa a ser cola de la parición”, explicó Viñoles.

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La médica veterinaria agregó que, mediante el acuerdo, el equipo uruguayo podrá aprovechar la infraestructura y la experiencia acumulada del grupo que trabaja en la estación Balcarce del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA Balcarce) y en la Universidad Nacional de San Martín de Buenos Aires, en Argentina.

“Queremos aprovechar que ellos tienen un laboratorio, donde hacen fertilización in vitro y manejan tecnologías de biología molecular”, dijo Viñoles, y agregó que “los dos países compartimos la misma problemática en la ganadería, y particularmente en la cría”, por la pérdida de embriones.

La investigadora, quien forma parte del grupo de trabajo de la Unidad Experimental Glencoe de INIA Tacuarembó, recordó que en un período de cinco años “seleccionamos los animales para hacer un estudio básico, en animales fértiles y subfértiles, y queremos aprovechar toda esa infraestructura que INTA tiene montada y los años de experiencia que tienen acumulados en estas biotecnologías para trabajar en forma conjunta y generar información en forma conjunta”.

Biotecnología

El grupo de INTA Balcarce, encabezado por Nicolás Mucci y Germán Kaiser, y de la Universidad Nacional de San Martín, representada por Adrián Mutto, dictaron el miércoles 19 de setiembre pasado una charla en Tacuarembó, donde explicaron el logro de introducir dos genes humanos en una vaca Jersey (ver nota aparte) y cerraron el acuerdo con sus colegas de Uruguay.

“Ellos hace muchísimos años que trabajan en biotecnología y lo que hicieron fue a partir de una vaca Jersey, a la que le extrajeron células de la piel y realizaron una clonación. Crearon embriones clonados. A esos embriones, a través de un vector, les introdujeron dos proteínas humanas –la lisozima y la lactoferrina)– y armaron de tal manera ese vector que las dos proteínas que expresaron específicamente en la glándula mamaria”, explicó Viñoles.

“La importancia que tiene esto es que la leche de vaca es pobre en ambas proteínas y una de ellas, la lactoferrina, traslada el hierro del intestino a la circulación”, acotó la investigadora.

Al equipo de INIA Tacuarembó no le interesa la clonación ni la producción de leche maternizada, sino aprovechar la técnica de ingeniería molecular, indicó.

“Nos interesa utilizar la biotecnología para estudiar en forma básica qué está pasando con la mortalidad embrionaria en vacas”, concluyó Viñoles.

Genes humanos en una ternera

Técnicos de INTA Balcarce y la Universidad de San Martín crearon por clonación de una vaca Jersey una ternera a la que se le incorporaron dos genes humanos que se expresan en la glándula mamaria. Estos genes codifican dos proteínas de alto valor nutricional para los bebés: lactoferrina y lisozima. Mediante la inducción farmacológica de la lactancia se confirmó que esta vaca bitransgénica produce leche maternizada y abre perspectivas relevantes para la salud humana. La selección por cruzamiento selectivo de individuos para transferir los caracteres deseados se incorporó desde que el hombre comenzó la crianza de animales para mejorar su situación alimentaria. Un paso más avanzado en este proceso de selección dentro de una especie fue la inclusión de genes de interés presentes en otra especie. La modificación de genomas para la obtención de animales transgénicos ofrece una nueva opción para la producción de proteínas propias de una especie en otra.
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