Estilo de vida > Análisis / Pía Supervielle

Celebridades, celulitis y redes: volumen mil

La apariencia de las mujeres sigue siendo, en el siglo XXI, un motivo de discusión

Tiempo de lectura: -'

20 de julio de 2018 a las 17:00

Ahora es Wanda Nara. Pero antes fue Selena Gómez y antes Cameron Díaz y antes Scarlett Johansson y antes Jennifer López y antes Cindy Crawford y antes Kate Moss. Y así.

Siempre hubo una mujer más o menos conocida, más o menos talentosa a la que un grupo inmenso de hombres –y también mujeres, claro está– decidió señalar por su celulitis, sus estrías, sus marcas en la piel. ¿Cómo es que esto sucede? El camino es, en resumidas cuentas, el siguiente: fotógrafo dedicado a seguir celebridades consigue la imagen que, por lo general, es en la playa o en un contexto veraniego; revista, medio online o programa de televisión compran y después exhiben la foto; cada persona que la ve –con su miseria o su empatía– reflexiona (o no) sobre el cuerpo de la mujer en cuestión; a veces lo comparte con amigos, familiares, compañeros de trabajo, en fin, los que estén a su alrededor. Desde hace unos cuantos años la conversación dejó de ser en el ámbito más privado y pasó al espacio público de las redes sociales (¿cuándo no?). Lo que antes quedaba en una, dos, 50 charlas entre paredes, hoy se reproduce de manera exponencial con comentarios y, por supuesto, comentarios de los comentarios. Twitter es infinito, al igual que Facebook e Instagram.

El último de estos episodios fue el de Nara. A la rubia la fotografiaron en Ibiza junto a su pareja Mauro Icardi. Las imágenes –capturadas por un paparazzo de la agencia The Grosby Group que se dedica a buscar este tipo de material– la muestran en la orilla del mar, de bikini negro, abrazada al futbolista. Más allá de todos los giros que la trama tenga (uno de los últimos capítulos viene con una declaración de Nara a la revista Gente que dice lo siguiente: "Me causó risa la panza que me hicieron: ni en mis embarazos estuve así. Con mis posibilidades económicas nunca llegaría a estar tan mal como me mostraron en esas fotos: existen un millón de tratamientos para solucionarlo") la discusión es siempre la misma: ¿por qué el aspecto físico de una mujer pública es relevante? Porque, entre tantas otras cosas, son el espejo y la aspiración. Por un lado, son celebradas cuando muestran arrugas, estrías que forman mapas en sus panzas, colas con los pozos que ninguna gran marca de cosmética se animará a mostrar (salvo en formato antes y después). Y, por otro, son destruidas cuando abusan de los filtros, del Photoshop, del gimnasio, de las intervenciones quirúrgicas. Y tampoco faltan las que las descuartizan cuando un lente poco amigable exhibe lo que, tal vez, se quiso esconder.

Muchos dirán, con buen tino, que ese ideal de belleza también lo crearon ellas. Que durante años alimentaron el monstruo y ahora lo quieren matar. Entonces qué fue primero, ¿el huevo o la gallina? Ya no importa. Importa a dónde hemos llegado.

En una nota publicada por The New York Times en abril sobre la polémica película de Amy Schumer I feel pretty (en Uruguay se estrenó como Sexy por accidente) y los estándares de belleza se cita a la profesora de filosofía de la Universidad de Birmingham (Inglaterra) y autora del libro de próxima publicación Perfect Me, Heather Widdows. "Las presiones de delgadez, juventud y tonicidad sobre las mujeres son más fuertes que nunca. Mantener las apariencias ya no es solo un propósito superficial, también se volvió ético. Una mujer que no encaja en estos ideales es vista como una persona fracasada", escribe Amanda Hess en el texto del diario neoyorquino.

Y, de nuevo, dice Widdows: "El ideal de belleza es tan persuasivo que para muchas mujeres está internalizado, a tal punto que son acechadas por visiones idealizadas de sus propios cuerpos tales como fantasías acerca de cómo lucirían después de hacer una dieta extrema o hacerse alguna cirugía".Ahí, entonces, están Nara y sus posibilidades.

Hace unas semanas Lena Dunham –autora y actriz de Girls, militante acérrima contra los retoques digitales de las fotos– subió a su cuenta de Instagram un collage muy al estilo Antes y Después. El pie de foto dice lo siguiente: "A la izquierda: 63 kilos, elogiada todo el día y con ofrecimientos sexuales de hombres y en la tapa de diarios que hablaban de dietas que funcionan. También enferma en el cuerpo y la mente y sobreviviendo en base a pocas cantidades de azúcar, mucho café y medicamentos en la cartera". Su foto de la derecha la muestra con 73 kilos y, en resumidas cuentas, Dunham dice que es su imagen de libertad y alegría. "Elogiada por gente que importa y por razones que importan", se puede leer.

Embed

#nomakeup #nofilter #oldschoolsisters #playdate #dayoff #friday #SUNSCREENALWAYS

Una publicación compartida de Drew Barrymore (@drewbarrymore) el

Las redes sociales son, entre tantas otras cosas, ese espacio que exhibe sin maquillaje el conflicto permanente en el que vivimos con nuestra apariencia. De un lado el culto insoportable e imposible al cuerpo, a lo saludable, a lo feliz. Del otro la publicidad positiva, el amo mi cuerpo, la corrección política.
Dunham es responsable y honesta. Hace un trabajo valioso en el terreno de la autoestima de adolescentes y jóvenes. También lo son Selena Gómez (una de las tantas que confesó su relación de amor/odio que tiene con las redes sociales y tuvo varias expresiones sobre lo difícil que es llegar a los estándares de bellezas esperados); Cameron Díaz y Drew Barrymore con su foto sin maquillaje que se volvió viral los últimos días; Alicia Keys y su campaña de 2016 #NoMakeUp; y más acá en el río de la Plata: Carla Peterson, Miss Bolivia, Jimena Barón y, también, las uruguayas Vicky Ripa (cada vez más fuerte en su rol de alborotar en estas cuestiones) y Laura Falero.

Embed

besitos y buen viernes!

Una publicación compartida de MISS BOLIVIA (@missboliviamusica) el

Embed

Cada vez son más las mujeres reconocidas que deciden hacer su statement.

¿Alcanza? No todavía. La respuesta está en el caso Wanda y los que, seguramente, vendrán después.

Comentarios