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Decisión final

Lo que en Uruguay se conoce como “fútbol americano” es el deporte estadounidense por excelencia. Está perfectamente diseñado para ser emitido por televisión y cada circunstancia de juego tiene su dramatismo particular. Es también el deporte más duro, el que produce más lesiones, el de carreras más cortas y riesgosas.

También es el deporte menos previsible. La cantidad de variables es tan alta que no es nada fácil saber quién va a ganar, a diferencia del básquetbol, por ejemplo, que se puede prever con varias temporadas de antemano.

Y tampoco es fácil, volviendo al fútbol americano, saber cuál de los jóvenes talentos universitarios será la nueva estrella en el ámbito profesional de la National Football League, conocida como NFL.

Ése es el tema de está película: las últimas horas del Draft Day, el día en el que cada equipo elige a los jugadores universitarios que entrarán en la NFL.

La cantidad de intereses en juego es muy alta. Es distinto lo que quiere el dueño del equipo que lo que quiere el gerente y que lo que quiere el técnico. Hasta los hinchas tienen sus intereses propios y ni hablar de los jugadores que están a punto de ser elegidos y los que ya están en el equipo y tal vez serán desplazados.

Kevin Costner está en medio de ese vendaval, como gerente deportivo del equipo de Cleveland. Durante todo el día del draft debe lidiar con presiones de todo el entorno, y sus decisiones no parece que fueran las mejores.

Se lo ve débil, lento, a punto de ser derrotado. Parecería que todos tienen razón a su alrededor, excepto él. Para colmo, su amante acaba de quedar embarazada y su madre irrumpe con una urna de cenizas inoportunas.

La cinta se las ingenia para ser entretenida, durante 100 minutos, con un ritmo muy ágil y un protagonista poco expresivo, que se limita a absorber los golpes y que nunca puede ganar un minuto a solas con la madre de su futuro hijo.
Todo está presentado como un gran show, la fiesta del Draft Day, y cada figura del drama detrás de bambalinas cumple su destino trágico a la perfección.

Es entretenimiento sin pretensiones, con las fórmulas de rigor bien aplicadas.

Pueblo chico, pistola grande

Tras huir asustado de un tiroteo, el granjero Albert (Seth MacFarlane), es abandonado por su novia (Amanda Seyfried) por cobarde. Pero para demostrar su valía tendrá que aprender a disparar ayudado por una atractiva pistolera (Charlize Theron) y, de paso, recuperar así a su amada.

Ese es el argumento del guionista, director, productor y protagonista Seth MacFarlane, en su segunda incursión como realizador después de la comedia Ted.

“Al mismo tiempo estúpido e ingenioso, inocente e inteligente”, opinó USA Today. “Por cada gag mediocre, hay tres geniales”, señaló el New York Post.

De acuerdo a Variety, a la película le falta algo de la chispa de Woody Allen o de Mel Brooks, o aunque sea algo de lo que el propio MacFarlane ha sabido hacer en Ted o en Family Guy, pero eso no sucede en este millón de maneras de morir en el Oeste.

El tiempo de los amantes

Alix (Emmanuelle Devos) es una actriz de 43 años que interpreta una obra de Ibsen en el puerto de Calais, en el marco de una decadente compañía de teatro independiente. Ella debe realizar un viaje relámpago a París –donde desde hace ocho años convive con su pareja en una relación que está atravesando una profunda crisis– para presentarse a un casting. Cuando se sube al tren lo primero que ve es a un misterioso hombre inglés (Gabriel Byrne), con quien iniciará un juego cada vez más denso y erótico.

Al filo de la mañana

En un futuro no muy lejano, invade la Tierra una raza de extraterrestres invencibles. Al comandante William Cage (Tom Cruise), un oficial que nunca ha entrado en combate, le encargan una misión casi suicida y resulta muerto. Entra entonces en un bucle temporal, en el que se ve obligado a luchar y morir una y otra vez. Pero las múltiples batallas que libra lo hacen cada vez más hábil y eficaz en su lucha contra los alienígenas. Es una adaptación del manga de Hiroshi Sakurazaka.

Viramundo

Es una película de carretera, que sigue a uno de los músicos más interesantes que ha dado esa fuente de músicos interesantes, que es Brasil. Pero Gilberto Gil no solo es una artista sino que es, también, un activista político, que fue ministro de Cultura del gobierno de Lula da Silva.

Ahora Gil viaja por Australia, Sudáfrica y el Amazonas, y la cámara lo sigue en su cruzada ambientalista y cultural.
El equipo del documental es suizo, al igual que su director, Pierre Yves Borgeaud, quien también es músico.
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