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Por paradójico que parezca, el análisis cinematográfico no suele ser material para las salas de cine. Menos común es que una cinta que tenga este tópico disponga de una secuela. Por eso es una muy buena noticia que Cinemateca 18 esté presentando esta semana Guía ideológica para pervertidos, de 2012, continuación del filme de 2006 La guía del cine para pervertidos, no estrenado en Uruguay.

La película es dirigida nuevamente por la británica Sophie Fiennes, hermana de los actores Joseph y Ralph Fiennes, y está escrita y dirigida por el esloveno Slavoj Zizek, conocido por su estilo informal y su trascendencia mundial, lo que le ha valido el calificativo de “celebrity” dentro del pensamiento contemporáneo.

Quizás uno de los mayores aportes de este filme sea su excepcionalidad, ya que no todos los días se estrena una película documental protagonizada por un filósofo y psicoanalista que realiza un estudio de la ideología en el cine a través de una perspectiva marxista y lacaniana. Lo recién dicho puede sonar a chino básico pero lo interesante es que la cinta, lejos de ser enrevesada, se plantea de forma ágil y entendible, mezclando mayormente fragmentos de películas con sucesos históricos, bajo la continua teorización de Zizek. Lo divertido, además, es que el esloveno no habla desde atrás de un escritorio. Él mismo se inmiscuye en las películas, a través de una recreación de los decorados, que lo sitúa alternativamente en cintas como La naranja mecánica, La novicia rebelde o Tiburón,un procedimiento similar al del niño que entra a la película en El último gran héroe.

El punto de partida del filósofo es mostrar cómo la ideología está enraizada de tal manera que se convierte en nuestra relación espontánea con el mundo. A partir de allí se plantea ver el mensaje subyacente en distintas películas, a la vez que avanza en la profundización de sus ideas. Zizek analiza temas como la naturaleza del deseo, la formación del sentido y la soledad del individuo ante el absurdo de la existencia.

Con buen vocabulario en inglés pero un fuerte acento esloveno que puede resultar altisonante durante los 136 minutos de duración del largometraje, el filme se siente como una clase universitaria de Zizek en formato audiovisual, pero en consonancia con su fama de popstar lo hace de forma entretenida y moderna. No obstante, como suele pasar con los documentalistas devenidos en celebrities, como Michael Moore o Morgan Spurlock, su presencia en la pantalla puede resultar cansina, a la vez que se extraña un poco que alguna otra voz opine sobre el tema.

El espectador podrá estar de acuerdo o no con la línea de pensamiento del filósofo, que dice frases como “La única forma de ser ateo es pasar por el cristianismo”, pero no por ello su punto de vista es menos válido o interesante. No obstante, en ocasiones sus interpretaciones son cuestionables y su marco teórico por momentos parece forzar el punto de vista sobre su objeto de estudio.

Por otro lado, Zizek realiza algunos análisis que no requieren mayor elucidación por parte del espectador habitual de cine, como cuando habla de la perspectiva clasista de Titanic o de la dimensión simbólica de la figura del tiburón en el filme de Steven Spielberg. Pero el filósofo también hace muchos paralelismos interesantes (con el nazismo, el comunismo, o sucesos como la masacre de Oslo o los disturbios de Inglaterra en 2011).

Otro aspecto a destacar es su aproximación a grandes clásicos del cine como Breve encuentro, West Side Store, Nacido para matar o Más corazón que odio y su inclusión de películas más actuales como Batman: El caballero de la noche o Soy leyenda. También son remarcables los hallazgos de películas no tan conocidas como They Live (1988), de John Carpenter (una de las “obras maestras infravaloradas” de Hollywood, para Zizek), o El otro señor Hamilton (1966), de John Frankenheimer.

Se trata, en definitiva, de un filme que le resultará interesante especialmente a los cinéfilos, amantes de la psicología y las ciencias de la comunicación. También lo será para todo aquel que disfrute con análisis ideológicos de la industria cultural del tipo Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, y para quien piense, como Zizek, que el cine es el “máximo arte pervertido”, porque no le da al espectador lo que desea sino que le indica cómo desearlo.
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