Ciudad caliente y sucia
La atrofia burocrática y la desidia general hacen que Montevideo luzca tan desaseada como cada fin de año
Los viejos dirigentes políticos sostenían que la Intendencia de Montevideo era la tumba de los cracks. No había futuro político allí; nadie salía lo suficientemente sano como para aspirar luego a la Presidencia de la República, el premio mayor. A lo largo del siglo XX sólo hubo un par de excepciones: Andrés Martínez Trueba, quien fue intendente durante un año, entre 1947 y 1948, y luego presidente de la República; y Daniel Fernández Crespo, quien presidió el Concejo Departamental entre 1959 y 1962, antes de encabezar el Poder Ejecutivo colegiado.
Pero parece que esa regla no es tan cierta desde la irrupción del Frente Amplio. Tabaré Vázquez fue intendente de Montevideo entre 1990 y 1994, antes de ganar dos veces la Presidencia. Y ahora el socialista Daniel Martínez, quien es muy popular según las encuestas, intenta andar un trillo parecido.
Martínez asumió la intendencia desfinanciada de una ciudad que es mugrienta desde el fondo de los tiempos. Y no parece resuelto a introducir grandes cambios ni a provocar olas que comprometan su futuro. Su legado, en el mejor de los casos, serían una administración prolija y una ciudad más limpia.
Pero así y todo no será fácil.
La División Limpieza, en particular, es un clavo ardiente. El director Néstor Campal renunció en mayo de 2016 y regresó a un puesto más pacífico en el Ministerio de Industria. Su sustituto, Óscar Caputi, duró hasta marzo de este año, cuando fue suplantado por Cyro Croce. Éste se fue apenas unos días más tarde, después que la administración aceptó sacar de su puesto a un ingeniero joven recusado por el sindicato
Adeom, que lo acusó de "malos tratos" y "persecución sindical".
Al fin el cargo quedó en manos de la ingeniera Gabriela Monestier, una funcionaria de carrera con amplios conocimientos y larga trayectoria en la División Limpieza. No tiene perfil político y está en el lugar que nadie desea por lo que –paradójicamente– puede salir mejor parada. Cuenta con el respaldo del ingeniero Fernando Puntigliano, quien desde marzo es director del Departamento Ambiental, responsable de la limpieza y el saneamiento de Montevideo. Pero debe seguir reglas que están en las antípodas de la ejecutividad y la buena gestión.
Puntigliano, un hombre proclive al método y al orden, trabajó en Brasil y Alemania en investigaciones de ingeniería y en logística portuaria. Presidió la
Administración Nacional de Puertos (ANP) entre 2005 y 2009, y después fue gerente general del fracasado proyecto minero Aratirí, y de una empresa portuaria y logística especializada en parques eólicos.
Las encuestas señalaron que la población percibía cierta mejora en la limpieza de la ciudad. Es fácil cuando se incorporan camiones y contenedores nuevos. Pero es mucho más difícil ir unos pasos más allá, hacia un paisaje de contenedores vacíos y no vandalizados, y calles y veredas limpias y arregladas.
La Intendencia de Montevideo es responsable sólo en parte del desaseo general. Otras causas se vinculan más a la educación y al orden público, como el hábito de arrojar desperdicios a la calle, el vandalismo general contra el amueblamiento urbano, o las miles de personas que revuelven la
basura en busca de comida o materiales para reciclar.
Los espacios públicos limpios, típicos en la mayor parte de Europa, Asia, Oceanía y América del Norte (y en el interior uruguayo), son el resultado de muchos años de buena gestión municipal, educación, represión y control ciudadano. Nadie arroja un papel en la calle sin que alguien le llame la atención.
Los jerarcas municipales tienen un margen de acción ciertamente acotado ante el poder corporativo de Adeom.
El sindicato de empleados municipales siempre tuvo músculo, como ocurre típicamente en todas las reparticiones públicas uruguayas. Pero en el último cuarto de siglo, durante la era frenteamplista, adquirió gran vuelo. Ana Olivera creó una estructura de mando paralela a los cuadros burocráticos de la Intendencia con personas de su confianza política, incluidos dirigentes sindicales. Ahora sobreviven junto a los restos de otras líneas de mando de otros intendentes, pues nadie pierde su puesto.
Adeom Montevideo es un sindicato complejo y atomizado, cuyos dirigentes compiten entre sí y con las gerencias municipales por más espacios de poder. Por estos días los funcionarios de Limpieza parecen haber reducido sensiblemente su eficacia: una suerte de trabajo "a reglamento". Después del breve ciclo de Cyro Croce, difícilmente los jefes deseen ejercer autoridad en procura de mayor rendimiento. Es apenas un nuevo capítulo de una larga historia de abuso e impunidad.